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Es larga la lista de lamentables episodios protagonizados por barras bravas para narrar en estos tiempos que atraviesa el fútbol argentino. Y cuando se piensa que la que acaba de ser escrita es la peor crónica, la más dura, y que nada podrá superarla, aparece una nueva. La de hoy es la historia del mayor apriete que haya vivido un plantel en la historia del fútbol argentino, por lo menos en impacto y en cantidad de agresores. Esta vez no hubo amenazas de palabra o advertencias verbales. Todo fue directo y salvaje: un grupo de unos 30 violentos ingresó en el vestuario, golpeó a algunos jugadores, les robó a varios, rayó los autos a la salida y provocó el desmembramiento del cuerpo técnico. Todo esto sucedió ayer al mediodía tras la práctica de Huracán, en el estadio Tomás A. Duco, y si las cosas no pasaron a mayores fue porque el técnico del equipo, Juan Manuel Llop, a quienes buscaban los barras, estaba en un vestuario contiguo.
"Tuvimos mucho miedo. Vi por una ventanita que al vestuario de los jugadores entraba muchísima gente encapuchada y nos encerramos. Pasamos muchísimas cosas alrededor del fútbol, pero que se te metan en tu trabajo, en tu vestuario, es una locura. Si estábamos ahí no sé qué hubiera pasado". Así Jorge Gabrich, el ayudante de campo de Llop, le describió a la nacion esos minutos escalofriantes. Con los rostros tapados y con palos, una treintena de barras ingresó en el vestuario mientras los jugadores se estaban duchando. Otro número similar los esperaba en el estacionamiento. "A algunos de los chicos les pegaron cabezazos; a Busse le robaron plata y el celular. Rayaron los autos de Walter (Busse), (Mauro) Milano, otros jugadores y hasta el del preparador físico, Hugo Reinaudo", precisó Llop, cuyo futuro es incierto, tanto que anoche evaluaba si continuaba en el equipo o no.
Alrededor de un centenar de barras llegó al club en dos micros directo desde San Juan, donde la noche anterior el equipo había quedado eliminado de la Copa Argentina por penales, contra Godoy Cruz. Allí estaba el grupo que no viajó a la provincia cuyana, más alguno de los más experimentados, como Daniel Islas. Igualmente, lo sucedido no tiene nada que ver con los resultados, según amplió Llop en radio La Red: "No le doy plata a la barra. Me pidieron y les dije que no, desde ahí empezaron los problemas. La culpa no es del chancho".
Gabrich amplió su relato en el mismo sentido que lo hizo el entrenador. "Entraron con un mensaje intimidatorio. Perdimos, pero acá hay un tema de trasfondo que no es deportivo. Tomamos el equipo en septiembre, cuando estaba 20° en el promedio y 20° en la tabla de posiciones. Hoy está octavo y tiene cinco o seis abajo en el descenso. Nosotros sacamos el equipo adelante."
Las sugestivas frases del entrenador y de su ayudante encuadran con la realidad que vive el club capitalino. Todo se trataría de un tema económico por el reparto del dinero en ese grupo que habitualmente ocupa un sector privilegiado en la tribuna. Con el equipo sin chances en el torneo, eliminado de la Copa Argentina y sin aporte del técnico, los ingresos de la barra se reducen cuantitativamente. Por todo eso se habría producido la invasión del vestuario por parte de una barra que no presenta divisiones, y que si bien tiene a la actual conducción del club, encabezada por Alejandro Nadur, intentando combatirla, mantiene presencia constante en la vida interna del club de Parque Patricios. El detalle es que en anteriores gobiernos, la barra se hizo muy fuerte y hoy, según fuentes que caminan los pasillos del estadio, este mal está enquistado en la vida interna de la institución y "es imposible de sacar".
Por eso el enojo con Llop es sostenido desde hace varios meses más allá de los circunstanciales resultados. "Todos saben quiénes son. Y hay gente que alimenta a esa gente. Les deben dar beneficios, de alguna forma se manejan. Alguien les da. Pasa en todos los clubes", afirmó vehemente Gabrich. Consultado para que dé algún nombre específico, bajó sus decibeles y prefirió la cautela: "En el caso de Huracán no tengo certezas. Es un tema complicado".
El presidente Nadur se mostró muy desanimado por lo sucedido. "No sé los motivos. Quiero imaginar que sucedió por los últimos resultados que no fueron los esperados. Pero es una barbaridad. No lo entiendo así hubiésemos perdido 15 a 0. Me sorprende. Estamos haciendo un esfuerzo muy grande para levantar esta institución que la tomamos prácticamente en situación cercana a la quiebra. Así no me van a quitar las fuerzas, pero tengo mucha angustia".
Igualmente, fuentes policiales informaron que hasta anoche no se había realizado ninguna denuncia por este episodio. Es más: el club tiene vigilancia interna y durante el hecho nadie llamó al 911 ni tampoco a la comisaría 28a., ubicada a sólo cinco cuadras del lugar de los hechos. Meses atrás, cuando Huracán estaba en los puestos de descenso, varios intentos de agresión se disiparon porque desde organismos de seguridad se reforzó la guardia en los entrenamientos. Ayer no hubo nadie que vigilara. "El club no tiene ni seguridad privada ni policial. Con esto que pasó, ¿cómo hago para pedirle a Busse que juegue el próximo partido?", se preguntaba Llop. En realidad, no se sabe qué sucederá con el armado del plantel en los próximos días. "Hay varios jugadores que quieren irse del club", afirmó Gabrich.
Otro de los que hablaron fue el arquero Gastón Monzón, que le dijo a Mundo Ascenso: "La verdad que me fui 10 minutos antes con algunos compañeros. La mayoría de los que jugamos contra Godoy Cruz no estaba, salvo Daniel Islas. Hace muchos años que estoy en el club, pasé muchas cosas, estoy curtido en el tema, pero llegaron las cosas a un límite que hay que hablarlas. Entran como 100 tipos como dicen que pasó y no hay seguridad que aguante. Estando en el club es la primera vez que me pasa, obvio que uno tiene miedo, todo tiene un límite y ésa es la realidad".
El futuro de este cuerpo técnico no es claro. Si bien Llop tenía alguna intención de continuar en el cargo, es cierto que sus ayudantes no tendrían la misma voluntad. Por eso, lo más probable es que los barras consigan su objetivo y logren que el entrenador, al que nunca quisieron porque no aceptó darles dinero, deje su cargo. Todo esto se terminará de definir en el transcurso de hoy, en sucesivas reuniones y charlas telefónicas que se llevarán a cabo con la dirigencia de la entidad de Parque Patricios.
Igualmente, el jueves 18 de abril quedará guardado en los archivos como el apriete masivo más impactante en la negra historia de la violencia del fútbol argentino. Pero con la triste sensación de que algún día habrá algo todavía peor.
Lo único claro en el futuro de Huracán es que, a partir de hoy, se reforzará la seguridad alrededor del plantel. Por tal motivo, el entrenamiento será con custodia policial destinada por el Ministerio de Seguridad. Y según distintas fuentes, tal medida no tiene fecha de conclusión, por lo que se prolongará hasta tanto se normalice la situación institucional de la entidad de Parque Patricios.
Por otra parte, el próximo partido de Huracán por el torneo de la primera B Nacional será pasado mañana, ante Atlético Tucumán, en la provincia norteña, a las 14.15. Existe la posibilidad de que se decida que ese cotejo se juegue sin hinchas visitantes para evitar el traslado de la barra brava de Huracán.
Mientras se definía el futuro de Juan Manuel Llop, ya empezaron a circular nombres para este momento caliente del club. Y se apunta a dos hombres del club: Fernando Quiroz y Antonio Mohamed, aunque el Turco estará en el fútbol mexicano hasta mitad de año.
Malos augurios
A Llop y a su cuerpo técnico la barra ya les había tajeado las gomas de sus autos dentro de las instalaciones del estadio Ducó. Además, en febrero les colgaron una bandera que decía: "Andate Llop. Y tu socio Simonian. Ratas".
A los tiros en San Juan
La barra de Huracán se cruzó con la de Dep. Morón el 6 de marzo y se produjo un intercambio de disparos, con un saldo de dos heridos. Fue en un control fitosanitario ubicado en el Encón, límite entre Mendoza y San Juan.
El apriete final
La barra pasó todos los límites imaginables: ingresó en el vestuario con palos, agredió a los jugadores, robó parte de sus pertenencias y a la salida rompió algunos de los vehículos del plantel que estaban en el estacionamiento.


