Tocar fondo: la barra brava como garante y justiciera
Las responsabilidades alcanzan a todos en una noche de terror
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Los hinchas de Independiente, hartos, desprotegidos y aterrorizados, activaron a la bestia. Es más, la incitaron tratándola de cobarde, sugiriendo con cantitos que la barra brava estaba asustada. Le inyectaron sangre a su mirada asesina. Ante el espanto organizativo y la desidia policial, la barra brava era la aliada indispensable. Retrato de la podredumbre. Vaya descomposición de la razón si el submundo más violento debe salir al rescate. ¿Rescate? Los siguientes pasos en la noche de terror resultaron previsibles: pánico, horror y un tufillo a muerte por Avellaneda.
El partido se suspendió por la conducta criminal de los hinchas de Universidad de Chile, y se canceló cuando sus pares de Independiente salieron de cacería para hacer justicia. La diferencia entre un momento y otro será, muy probablemente, la eliminación de los Rojos –de los chilenos también, claro- de la Copa Sudamericana. Entre todos alentaron al monstruo: la dirigencia servil, la policía que le liberó la zona y los hinchas comunes que incentivaron su participación. Y el monstruo actuó como un monstruo, con abuso e insania. No hay mayor gesto de naturalización de los barrabravas que pedirles auxilio. Y no hay peor síntoma del acabose que necesitarlos.
Todo se hizo mal. Todo. Por eso se vivieron horas trágicas, se vieron escenas espeluznantes y se escucharon ridiculeces, como el llamado por los altavoces, en el entretiempo, para que los hinchas chilenos se retirasen y solo así poder continuar el partido. Sin rastros de sensatez, sin síntomas de una conducción capacitada para la emergencia, la solución fue la ley del más fuerte, un retroceso al medioevo. El chileno que salta al vacío –y ahora se debate con la muerte-, toma esa decisión extrema cuando se ve acorralado por una jauría dispuesta a lincharlo. Esa manada estaba alimentada por todos.
Fue un contexto de desaciertos encadenados. Desde la indolencia policial, retenida por indicaciones políticas. La falta de estrategia y prevención. El accionar feroz, animal, de la barra chilena que durante horas tuvo comodidad para amedrentar, lastimar y humillar. La lentitud de la justicia que llega hasta estas horas de letargo. Las declaraciones cruzadas, infames, mezquinas y ventajeras de todos los actores del despropósito: desde el Ministerio del interior hasta la Conmebol, pasando por la Federación de fútbol de Chile (ANFP) y el Ministerio de seguridad de la provincia. Y el pestilente tufillo electoral, la grieta política, a menos de tres semanas de las elecciones en el distrito bonaerense. Los barrabravas son una lacra, pero otros tantos también son execrables.
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