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No hay videos ni registro de imágenes que certifiquen todo lo que se dice sobre el Trinche Carlovich. Hay gente que lo compara con Diego Maradona y con Lionel Messi. Es la misma gente que dice que le vio hacer cosas únicas. Hasta protagonistas reconocidos del fútbol lo certifican con frases más que elogiosas: "La pelota lo llevaba a Carlovich. Una pelota inteligente, que disfrutaba de hacer las cosas artísticas y arrastraba atrás a un futbolista", cuenta César Luis Menotti en Informe Robinson. "Se convirtió en el símbolo de un fútbol romántico que ya prácticamente no existe", agrega Jorge Valdano.
Lo que sorprende es que pese a no haber registros de su juego, lo del Trinche es un legado que traspasa las generaciones. Un estilo de habilidad y gambeta que genera intriga y admiración incluso en jóvenes que en 1974 ni siquiera habían nacido. Santiago Pintos, enganche habilidoso de la Facultad de Exactas (24 años) es capaz de quedarse cuatro horas mirando videos en YouTube sobre el Trinche, haciendo preguntas y yendo a los archivos para entender más sobre los comportamientos y decisiones de un crack, el "típico jugador de potrero", como lo definió Quique Wolff, por interiorizarse más por un jugador que era noticia por ser diferente. También hay equipos de fútbol amateur con el nombre Trinche Carlovich, con chicos jóvenes. Como sucede en el fútbol 8 de la Primera División del Torneo TIFA. Quizá sea la expansión de la leyenda de un juego que solo fue visto en vivo. Al no haber imágenes, el traspaso de anécdotas va generando más intrigas y admiración pero ya no solo en hinchas de 50, 60 o 70 años, también en chicos que se ilusionaron con tener esa magia para definir un partido con una gambeta o una volea (una de las especialidades del Trinche, según cuentan quienes tuvieron el privilegio de verlo con la camiseta de Central Córdoba de Rosario).
Lo que tiene de única esta historia es que es irrepetible. En la era actual, donde con un celular se filma hasta un picado entre alumnos de primaria en un recreo, todo queda registrado, nada deja margen para los mitos ni las leyendas, para dejar volar la imaginación. Y en eso el Trinche será insuperable.
Poseedor de una zurda mágica, no le gustaba entrenar y le faltó constancia para tener un futuro con recorrido profesional. Pero él dice que no se arrepiente. A los 69 años, ya no puede patear una pelota, pero aun así (incluso hoy) el Trinche sigue despertando una sorpresiva admiración, envuelto en esa aura romántica que genera alguien que tuvo todo para triunfar, pero que eligió disfrutar del fútbol a su manera.

