

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Debo admitirlo, sí, el partido no lo vi. Sólo hoy, esta mañana pude gozar del triunfo, porque anoche, anoche sólo sufrí.
Parado. Sentado. Acostado. De espaldas. Arrodillado. Fue un parto. Un sufrimiento de esos en los que cada minuto se extiende hasta el infinito y más allá. Puteando con cada molesta publicidad que calla el audio de los locutores y tapa todo un bloque de la tele. ¡Por favor! Y después del primer (y, por suerte, único) pepazo brasileño, fue un martirio que, gracias a Dios, sólo duró seis laaaaaargos, eternos, minutos.
Después, sí, llegó la gloria, esa alegría inmensa que para nosotros, los fanas de equipos chicos (no que Estudiantes lo sea, ¿eh? Aclaro), sólo se da en cuentagotas y que cuando llega -¡al fin!- sospecho yo que se disfruta mucho más que cuando uno es hincha de esos clubes que ya ni saben cuántos títulos tienen.
La fiesta fue completa, además, porque la viví en La Plata, tocando bocina, cantando, agitando banderas. Con mis hijos que aunque pequeños no olvidarán jamás lo que presenciaron. Porque vieron gente de rojo y blanco cantando y llorando en las calles, bajo la lluvia. Porque entienden lo que Verón significa, pero hubo que explicarles quién es el Narigón. O quién es (sí, en tiempo presente) Zubeldía. O dónde queda y qué ocurrirá en Dubai.
La fiesta fue mayor, también, porque aprendieron qué es la templanza de una manera inusual. Los dos creyeron que con el gol de Cruzeiro se terminaba todo. "Perdimos", fue lo único que sentenció el del medio. Pero le explicamos que no. Que todo era posible. ¡Si eso es lo que tiene de lindo el fútbol! ¡Que a veces te da revancha, que a veces David derrota a Goliat y que, en dos minutos, das vuelta la historia!
¡Si no, que le pregunten al Lobo! Se salvó del descenso con garra y corazón. Y aunque no me crean, sé que somos muchos los pinchas felices por su alegría, que es la de mis padres y tantos tíos y primos triperos. Y, aunque no tengo "datos duros", intuyo también que hay mucho tripa contento porque nosotros ganamos ayer. Quizá sea porque se ilusionan con que si nos ganan el próximo clásico dirán que nosotros ganamos América, sí, pero que ellos nos ganan en casa. Puede ser. Pero no importa. Eso también es el fútbol. Lo que importa es que, hoy, esta semana, la alegría es platense.
Y que nosotros… nosotros nos vamos a Abu Dhabi.
* El autor es hincha de Estudiantes de La Plata

