Uruguay-Japón: el equipo de Tabárez no pudo contra el juvenil equipo asiático en un partidazo

Copa America Fase de grupos
  • 2
Uruguay

Uruguay

  • Luis Suárez /
  • José Giménez
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Japón

Japón

  • Koji Miyoshi
  • Koji Miyoshi
Alejandro Casar González
(0)
20 de junio de 2019  • 22:00

Uruguay y Japón regalaron el mejor partido en lo que va de la Copa América. Sin especulaciones y con el ataque como premisa principal, el 2-2 le queda corto al desarrollo del partido, que se dio más en las dos áreas que en la mitad de la cancha. La cancha pesada de la Arena do Gremio hizo su trabajo y contribuyó al desgaste en el físico de los jugadores. Que los uruguayos, abonados a una idea de juego desde hace años, no hayan podido contra un combinado de juveniles japoneses reforzados con algunos consagrados habla de la paridad del torneo. Una Copa en la que, por caso, Venezuela ya le había igualado a Brasil.

Japón abrió el marcador

Los Pistoleros uruguayos contra la velocidad japonesa. Cavani-Suárez vs. Okazaki-Nakashima. En el nombre por nombre, Uruguay ganaba fácil. En la cancha, todo se le hizo cuesta arriba cuando Miyoshi encaró a Laxalt -se había lesionado en la jugada anterior- y aprovechó el error de Muslera, que le regaló el primer palo. Iban apenas 24 minutos de un partido que hasta ahí era una montaña rusa.

Pero si algo tiene Uruguay es el ADN marcado a fuego. Por más que las circunstancias se modifiquen, la Celeste no cambia. Mantiene la garra. Adelanta sus líneas. Busca con voracidad el arco rival. Quiere goles. Sus delanteros huelen sangre cada vez que tienen la pelota. Como el propio Cavani, que fabricó un contacto con Ueda y se desmoronó en la cancha. Pidió el penal al instante. Nada. Pero el árbitro colombiano Andrés Rojas recibió el llamado del VAR. Revisó la jugada y apuntó al área nipona. Penal. Suárez hizo el resto.

Suárez empató de penal

El partido no bajó nunca las revoluciones. La mitad de la cancha uruguaya, acostumbrada a la tenencia, debió mutar hacia el vértigo. Y desdoblarse para encontrar en el GPS a Okazaki, al propio Nakashima, o al goleador Miyoshi. No era el partido que Uruguay había soñado. Nunca lo fue.

Mucho menos cuando Suárez buscó en el radar a su compinche de ataque. Encontró a Cavani y le puso una pelota de gol. El delantero de PSG encaró sin marca. Midió el remate. Intentó ajustarlo. Apareció Kawashima y le ahogó el grito de gol. Lo lamentaría en su propio arco: un par de minutos más tarde, Muslera volvería a equivocarse. Dejó un rebote corto al cortar un centro y Miyoshi volvió a convertir. El arquero récord (llegó a 15 partidos por Copa América con su seleccionado, más que ningún otro guardavallas sudamericano) no tuvo una buena noche.

Miyoshi impactó de nuevo

Pero a Uruguay hay que noquearlo para ganarle. Japón apenas le había asestado una mano. Potente, sí, pero no lo había hecho caer. Ya con De Arrascaeta, Uruguay inclinó la cancha hacia el arco japonés. Suárez recibió, la paró de zurda y remató de derecha. Otra vez Kawashima. El arquero, sin embargo, no pudo hacer nada ante el cabezazo de José María Giménez, que anticipó y cambió la trayectoria de la pelota tras un córner: 2-2.

Japón, desgastado, ya había renunciado a atacar. De Arrascaeta intentó. Otra vez Kawashima. Cáceres fue hasta el fondo y tiró un centro. Cabeceó Suárez. Travesaño. Las jugadas se sucedían y los futbolistas intentaban tomar aire como podían. La mente estaba fresca, pero el físico ya no aguantaba. La cancha pesada había hecho mella en el cuerpo de todos los futbolistas. Sobre todo, en los japoneses, que veían cómo la marea celeste se recostaba cada vez más sobre el arco del seguro Kawashima.

Giménez, de cabeza: 2-2

Pudo encontrar el gol Giménez. Hubiera sido el segundo de su cosecha. No llegó. Uruguay y Japón empataron 2-2 en el mejor partido de esta Copa América. Los celestes dieron una muestra de carácter y se recuperaron dos veces. Los asiáticos dejaron la sensación de ser mucho más que una Sub-23 mejorada.

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