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TROON, Escocia.- Como en un microclima (en realidad dos, el del tiempo y el del torneo), Royal Troon no toma nota de las penurias del primer ministro David Cameron y su despedida del gobierno. En el enorme comedor del centro de prensa un televisor HD está todo el tiempo sintonizado con la BBC, cuyos móviles van del Palacio de Buckingham al Parlamento, mientras Theresa May –la sucesora- ingresa en la sede de la monarquía y el Reino Unido vive horas desesperadas, parafraseando una gran película con Humphrey Bogart y Frederich March.

Pero ni en Londres, donde los autos y buses circulan frente al noble palacio, ni en Escocia, se mueve la tierra. Es más comprensible que así sea en este país o en Irlanda que en Inglaterra. Y mucho más que ocurra entre los británicos acreditados al torneo de golf más ilustre, el British Open que comenzará este jueves. De los 30 cronistas que se alimentan allí pasadas las 15, sólo uno parece interesarse por lo que pasa. Y es argentino. El resto –podemos exonerar a otros extranjeros- actúa como si la canilla de la cocina estuviera goteando. Que la arregle el plomero. O la reina Isabel II.
Es difícil imaginar ese paisaje en cualquier sala de prensa de cualquier deporte en la Argentina. La señora May se inclina ante la soberana y por un momento deja de ser inmensamente alta. Ya se consumó el traspaso. Cameron deja el 10 de Downing Street junto con su esposa y sus tres hijos con un discurso en la calle. Seguramente las noticias que ofrecen conocer a “Mr May, the first husband”, el marido de Theresa May, devenido “primer marido”, tenga algún punto más de rating.
No será aquí, donde los personajes de la nobleza del golf jugarán por el premio mayor. Nadie siente culpa y no se está aquí para señalar. Sólo para marcar un contraste.


