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Además de muy buen golfista, Ian Poulter es una empresa en sí misma. Un producto que se promociona mientras transita fairways en los Estados Unidos, Europa o Asia, da igual. Su métier es la moda, que quiere imponer en todo el globo a través de su marca de diseño de ropa, Ian James Poulter Design. Desde 2004, a todo el mundo le quedó clara la segunda vocación de este inglés con cierto aire a Rod Stewart. En los tres majors que jugó en aquella temporada, llamó la atención por sus estrafalarios pantalones. En el Masters utilizó unos de color rosa, en el Abierto Británico lució los de la bandera del Reino Unido (Union Jack) y en el PGA Championship eligió las estrellas y las rayas de la insignia norteamericana.
"Ningún jugador fue descortés o grosero conmigo por mi manera de vestir. Recibí algún que otro comentario en broma, pero nada que haya sido agresivo. Jamás me sentí avergonzado o arrepentido por mi vestuario", asegura. En realidad, prefiere olvidar aquella frase hiriente que soportó de parte de Severiano Ballesteros durante la transmisión para la BBC del British Open de 2005. En los pantalones de Ian aparecía estampada la figura de la Jarra Claret de plata y el español multicampeón no dudó en lanzar la ironía: "Esta será la vez que Poulter figure más cerca de obtener el legendario trofeo".
A Poulter le hubiese encantado coincidir en la época de Payne Stewart, aquel malogrado golfista con boina que jugaba con knickerbockers, esos pantalones con bombachas que caen por debajo de las rodillas, bien a la antigua. "Crecí viéndolo jugar a Payne a fines de los 90 y creo que él fue fantástico para este deporte", comenta este dandy nacido en Hitchin, sin pruritos para usar pantalones a cuadros en los más prestigiosos torneos. Reconoce que sus looks son osados, como la vez que eligió una chomba naranja de brillo furioso. Pero se permite una salvedad: "Si miramos cómo vestían Tom Watson o Doug Sanders en la década del 70, con sus tejidos de tartán escocés o colores estrambóticos, no difiere demasiado de lo mío".
Ahora que acaba de ganar el Abierto de Singapur, Poulter, de 33 años, se envalentona desde su sitio oficial anunciando su colección otoño-invierno, con venta de ropa online. Desde que concretó su sueño comercial, con el lanzamiento en 2007 de su empresa de indumentaria de golf, cerró el círculo con su propia infancia. Su madre, que trabajaba en Dorothy Perkins, una afamada marca de ropa interior femenina, lo inspiró decididamente para incursionar en el diseño. Su padre, en tanto, figuró en las antípodas para su profesión futura: era ingeniero aerospacial.
Ian no fue un joven prodigio, pero abrigó su sueño de profesional de golf desde los 15 años, cuando trabajaba en el Pro-shop de un club llamado Jack ‘O’ Legs, cerca de Hitchin, donde vendía barras de chocolate y gaseosas. Simultáneamente cursaba en Barclay School, conocido allí por sus agallas para escapar de clase y dedicarse a dibujar modelos de envases de pelotitas de golf. Sin embargo, su tozudo instinto lo fue guiando por los caminos del profesionalismo, desde el Challenge Tour hasta el Tour Europeo y el PGA Tour, los dos mejores circuitos del mundo. Lleva ocho victorias en certámenes del Viejo Continente y acarició la gloria en el British Open de 2008 y en el The Players de este año, con dos segundos puestos. Hoy es el 13º del mundo.
Además de su inagotable armario, son inconfundibles sus anteojos de sol y sus pelos rubios parados al estilo punk. "Si uno mira fotos viejas de él, su cabello era liso, nada de cosas puntiagudas. Era un chico normal, no el tipo de imagen de estrella de rock que intenta impulsar ahora", comenta Paul Casey, su compañero de equipo en la Copa Ryder. Otro de sus compatriotas, Justin Rose, lo califica desde una mirada distinta: "Ian es un luchador. Nunca se entregó ante nada ni ante nadie; salió adelante y lo consiguió".
Cualquiera podría saber qué está haciendo Poulter en este momento. Como fiel usuario de Twitter que es, dejó en claro por la web lo mal que le cayó la mano de Thierry Henry en el duelo de Francia ante Irlanda, por las eliminatorias europeas. Justo Tití, que fue su ídolo durante tantas temporadas en Arsenal, el club de sus amores. Es tal su fanatismo por los Gunners que en 2006 jugó un torneo en Abu Dhabi con la camiseta del Arsenal. Se expuso a una sanción, pero finalmente se reescribió el reglamento de etiqueta del golf debido a su caso. Así, se prohibió la utilización de casacas de fútbol durante cualquier competencia.
No es la única polémica en la que se vio involucrado. En enero del año pasado posó desnudo (sólo estaba cubierto por su bolsa de palos) para la tapa de la revista inglesa Golf World. En esa publicación se recuerda una de sus llamativas frases, dicha cuando era el Nº 22 del ranking: "Mi problema es que todavía no jugué en mi máximo potencial. Cuando lo haga, entonces seremos sólo Tiger Woods y yo". Más allá de que luego aseguró que sus palabras fueron sacadas de contexto, aún resuenan incómodas entre sus colegas. En otra oportunidad, durante el Abierto Británico de 2008, fue advertido por las severas autoridades de la R&A por practicar durante horas en el sagrado putting green de Royal Birkdale y dejar marcadas hondas huellas en un mismo sector.
Ya sea por su colorido, sus actitudes o su gusto por los autos antiguos, es evidente que Poulter nunca pasa inadvertido, dentro de un deporte más bien apegado a la discreción. "Lucir bien, sentirse bien y jugar bien. Ese ha sido siempre mi mantra", jura, mientras piensa qué nuevo diseño de ropa puede lanzar al mercado.
Más información: http://www.ianpoulter.com/
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