La protesta a la hora del himno pisa un terreno hostil

Terminante, la NBA recordó a los equipos que no tolerará que los jugadores se arrodillen durante la ceremonia inicial
Rafael Mathus Ruiz
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16 de octubre de 2017  

WASHINGTON.- Estados Unidos está encerrado en una imprevista guerra cultural desatada por la Casa Blanca, y la próxima batalla ocurrirá en las canchas de la NBA .

Allí, como en otros templos del deporte, el instante más esperado ahora que empieza una nueva temporada, y con ella, una nueva ilusión, ya no será sólo el inicio de un partido. Todo el mundo, dentro y fuera de los estadios, espera con calcado interés y fanatismo otro momento: el himno, la solemne ceremonia convertida en motivo de pelea, y que divide a los atletas -y al país- entre quienes se arrodillan en protesta al escucharlo, y quienes permanecen de pie.

En Estados Unidos, el deporte no escapa a la grieta. De un lado de la guerra cultural están el presidente, Donald Trump, que la atizó; los republicanos; el NASCAR; los deportistas que permanecen de pie, y todo aquel que defienda a rajatabla la bandera, el himno, "y a los hombres y mujeres que murieron por defenderlos", como dijo la vocera presidencial, Sarah Sanders.

Del otro lado están Colin Kaepernick , el mariscal de campo que inició la protesta hace un año, cuando se arrodilló por primera vez para protestar por la brutalidad policial y el racismo; Barack Obama , que lo respaldó; Eminem, que salió con un rap furioso contra Trump ; los demócratas; los dueños de equipos de fútbol que se arrodillan con sus jugadores y quienes defienden a rajatabla el derecho a la libertad de expresión, uno de los pilares del país.

El 49% de los estadounidenses cree que la protesta está mal, mientras que el 43% cree que está bien, según una encuesta de CNN. Nueve de cada diez republicanos dice que está mal; siete de cada diez demócratas, que está bien. Seis de cada diez blancos dice que está mal; ocho de cada diez afroamericanos, que está bien. La mitad del país dice que las ligas deben forzar a los deportistas a estar de pie; la otra mitad, que no.

La guerra llega ahora a la NBA, donde figuras como LeBron James o Gregg Popovich ya se pusieron en la vereda de enfrente a Trump. Para ellos, y para el resto de la liga, a diferencia de la NFL, arrodillarse puede ser caro. LA NBA tiene una regla, explícita, que exige a los jugadores estar de pie durante el himno (que define a Estados Unidos como "la tierra de los libres, y el hogar de los valientes").

La regla dice que los jugadores y los entrenadores "deben permanecer razonablemente quietos, mantenerse erguidos, en una línea recta y ordenada, y actuar de manera respetuosa" cuando se canta el himno. La NBA envió un memo a los 30 equipos a fines del mes anterior para recordárselas, y avisarles que no habría excepciones.

"Ha sido nuestra regla durante todo el tiempo que he estado en la liga, y mi expectativa es que nuestros jugadores sigan poniéndose de pie para el himno", justificó el comisionado de la NBA, Adam Silver.

La NBA ya pasó por esto. De hecho, podría llegar a decirse que la protesta contra el himno comenzó en una cancha de básquet. En 1996, veinte años antes de que Kaepernick se arrodillara, un jugador de los Denver Nuggets, Mahmoud Abdul-Rauf, eligió permanecer sentado o en el vestuario durante el himno. Abdul-Rauf es musulmán, y, para él, ponerse de pie para el himno chocaba con sus creencias religiosas. La NBA lo suspendió, algo que le costó US$ 31.707 por partido. Abdul-Rauf amenazó con dejar el juego. Su religión era más importante que todo, justificó. Al final, tras una negociación, la liga y Abdul-Rauf llegaron a un acuerdo: él escucharía el himno de pie, pero podía cerrar los ojos y mirar al piso.

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