Lanús encontró un gol y alcanzó por unas horas la cúspide, mientras que Racing es la imagen del desconcierto

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Racing Club

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Nicolás Zuberman
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8 de diciembre de 2019  • 00:30

El que se llevaba los tres puntos despertaba este domingo como líder del campeonato, a la espera de lo que suceda hoy con Argentinos, Boca y River. Eso estaba en juego entre Lanús y Racing, nada menos. Hace poco más de un mes, el Granate, en esta misma cancha, bajó al líder Boca y parecía asomar la cabeza para meterse en la discusión del campeonato. Pero no aguantó el ritmo: cayó en la semifinal de la Copa Argentina e hilvanó cuatro partidos sin triunfos, con el clásico ante Banfield como local incluido. Eso no le quitaba méritos a la campaña de Luis Zubeldía, que en poco más de un año cambió la lucha por los promedios por la del campeonato. Y anoche, cuando parecía que todo se encaminaba al 0 a 0, la aparición sorpresiva de Leonel Di Plácido cambió la temperatura de la noche en el Sur. Fue la diferencia que catapultó a la cima a Lanús, que mostró más ganas de llevarse el juego. Ante el último campeón, como lo había hecho contra Boca, mostró ese hambre que tienen los equipos protagonistas.

El partido fue muy pobre. Acaso una muestra más del nivel de la Superliga. Buena parte de los primeros 45 minutos transcurrieron entre las protestas de los dos equipos sobre el árbitro Darío Herrera, que ya había dado una muestra de que no iba a ser su noche antes de que la pelota empezara a rodar: el arranque se demoró unos minutos porque el intercomunicador con el juez de línea Iván Núñez no funcionaba.

En el último partido de la Superliga que dirigió Eduardo Coudet pudo repetir sólo cinco de los 11 hombres que consiguieron el título de la temporada 2018/19, hace ya ocho meses, en la cancha de Tigre: Gabriel Arias, Alejandro Donatti, Eugenio Mena, Matías Zaracho y Darío Cvitanich. Aún le queda la despedida, un partido que vale un título ante el Matador, en Mar del Plata. Pero las últimas versiones de este equipo de Coudet, más allá de la posición en la tabla, termina de transparentar esa sensación que lo llevó a buscar otro rumbo. La idea de que este grupo entró en una meseta de la que es muy difícil salir.

Racing llegó a la Fortaleza con 12 encuentros invicto, es cierto, pero apenas había ganado uno de los cinco partidos anteriores. Al enrarecido semestre que le siguió a la vuelta olímpica, con la dura derrota ante River por 6 a 1, las tres roturas de ligamentos cruzados (Julián López, Augusto Solari y Diego González) y las desmentidas sobre la salida del Chacho se les sumó la denuncia por violencia de género contra Jonatan Cristaldo. Luego de que su expareja Morella De Las Heras lo denunciara y la justicia le dictara una perimetral, el club decidió darle cinco días de licencia. El último jueves volvió a entrenarse y el técnico decidió que ingresara en los minutos finales.

La falta de una reacción institucional para casos como el de Cristaldo, además de la presión de Futbolistas Argentinos Agremiados, llevó a que la decisión recaiga sobre Coudet, que prefirió no hablar públicamente del tema pero optó por concentrarlo pese a que sólo sumó dos entrenamientos en la semana. Jugó los últimos 20 minutos del partido, luego de que reemplazara a Nicolás Reniero, pero con la cabeza en otro asunto.

Al flojo partido lo acompañó un lindo marco en las tribunas, con 10.000 visitantes: por momentos se volvió más entretenido el nostálgico duelo de hinchadas que lo que pasó dentro del campo.

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