Panamericanos: la historia íntima de los tiradores dorados argentinos que le ganaron al futuro

Fernanda Russo y Julián Gutiérrez, rostros de la felicidad
Fernanda Russo y Julián Gutiérrez, rostros de la felicidad Crédito: Lima2019
Gastón Saiz
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3 de agosto de 2019  • 23:59

LIMA.- Ella nació en La Rioja; él en Catamarca. Ninguno de los dos llega siquiera a los 20 años. Juntos calibraron su mira para el undécimo oro argentino en los Juegos Panamericanos de Lima 2019; un eco de gloria para el tiro nacional con la puntería de Fernanda Russo y Julián Gutiérrez, que se aliaron para imponerse en la prueba mixta de rifle de aire 10 metros.

Se llevaron la dorada con un total de 499,2 puntos y superaron a Estados Unidos (498,5), pero en el medio pasaron cosas, esos sofocones que nunca están ajenos a una competencia. Antes de su último tiro de la clasificación, Fernanda pegó un manotazo sin querer, se le cayeron los balines y lo único que podía hacer era buscar otros. Se olvidó de que tenía una lata cerca, aunque no atinó a moverse de su posición. Finalmente consiguió el balín, limpió su cabeza y disparó su último tiro para sellar el pase a la definición.

Fernanda Russo ya había logrado una medalla de bronce y ahora llegó el oro
Fernanda Russo ya había logrado una medalla de bronce y ahora llegó el oro Crédito: Lima2019

Ya a la hora de la verdad, en la final, dominó el suspenso en un mano a mano vibrante contra los rifles estadounidenses. Tiro a tiro para un desenlace vibrante, más allá de que la pareja argentina se permitió disfrutar de la prueba en medio de esa tensión competitiva, una pulseada en donde cada décima ganada equivalía a un mundo. En medio de ese estrés que supieron controlar con la mente en blanco, salió a flote esa conexión increíble de dos chicos con un futuro enorme.

"No hay una receta mágica de cómo tiene que ser un doble. Con Julián somos muy diferentes en personalidad pero iguales en otras, como la manera en que encaramos los entrenamientos, nuestro estilo de tiradores y el nivel de exigencia. Los dos nos entrenamos para ganar y sabíamos que podíamos", jura Fernanda (19 años), que gracias al bronce obtenido días antes en la prueba femenina de la especialidad ya se había asegurado la plaza para Tokio 2020. No es el mismo caso de Julián, que todavía deberá luchar en próximos torneos para acceder a los Juegos.

Russo ya es una cara conocida para el deporte argentino, después de la conquista de la medalla de plata en Toronto 2015 y, sobre todo, por su muy buena participación en los Juegos Olímpicos de Río 2016, con apenas 16 años en aquel momento. Si se analiza su experiencia prematura en el alto rendimiento y toda la carrera que tiene por delante, bien podría convertirse en un futuro en la "Abuela" del tiro, parafraseando a Sabrina Ameghino, que utiliza ese apelativo en el canotaje con sus 38 años. "Bueno, no sé si abuela, pero proyecto una vida en este ámbito. ¿Te digo la verdad? Quiero morirme saliendo de un polígono. No me imagino un día fuera de este deporte porque veo blancos para tirarles hasta cuando voy caminando por la calle. Es más, hasta sueño con este deporte. La otra vez soñé con que me daban una carabina para competir y yo decía '¡Pero yo no sé tirar con esto!'".

El abrazo de los campeones panamericanos
El abrazo de los campeones panamericanos Crédito: Lima2019

Si Fernanda es pura desenvoltura y elocuencia cada vez que enfatiza una frase, Julián es un agua de estanque, pero revela las mismas obsesiones que su compañera al momento de entrenarse. Tiene 10 días de vacaciones, aunque incluso en esos días en que debería estar descansando extraña las prácticas desde las 5 de la tarde hasta la 1 de la mañana en su casa en la capital catamarqueña. Allí montó un polígono en una larga sala de 12 metros de largo por 4 de ancho. "Una tarde de verano estaba aburrido en mi casa; tenía 12 años y le pedí a mi viejo que me enseñara a tirar, porque él compitió. Casi que me dijo 'Andá a dormir' porque era la hora de la siesta, pero al final me inició".

Más allá de las influencias de su padre Marcelo en el tiro, todo arrancó como una travesura, porque Julián y su hermano mayor, Andrés, empezaron a calibrar su puntería con un riflecito de quebrar, esos de iniciación deportiva. "El primer blanco que usamos fue una caja de vino y le dimos fácil", comenta Gutiérrez, a quien le encontraron condiciones y fue captado por el proyecto YOGS, con vistas a los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018.

Pura felicidad: Julián Gutiérrez abraza a Fernanda Russo
Pura felicidad: Julián Gutiérrez abraza a Fernanda Russo Crédito: Lima2019

La travesura no se detuvo en aquel intento para Gutiérrez. "No conforme con eso, Andrés siguió correteando y me propuso: '¿Por qué no agarramos una madera con una hoja y le disparamos?' Así, fuimos achicando el blanco y eso me llevó al tiro", agrega, con una tímida sonrisa quien en competencia se convierte en un serial killer.

A diferencia de Fernanda, Julián estableció su base en Catamarca, lo que trae sus pros y sus contras. La premisa para él es no despertar a los vecinos, por eso es que se entrena solo desde las cinco de la tarde apuntándole a un blanco electrónico que le facilitaron en el equipo para replicar las situaciones de un polígono. "Me entreno cuando la gente está despierta, no me gusta hinchar a los vecinos a esas horas en que duermen la siesta", admite "El Negro", recordando ese hogar de paredes tapizadas con colchones para amortiguar la resonancia. Allí vive con sus padres y sus tres hermanos y alimenta sus sueños, más allá de que, lógicamente, es supervisado a distancia por los entrenadores en forma mensual. Uno de sus técnicos es Ariel Martínez; otro de ellos es el sabio checo Lubos Opelka, campeón mundial de fusil a 300 metros que se sumó al trabajo en nombre de la Federación Argentina de Tiro.

"Cuando pone esa cara de asesino serial, agarrate que las mete todas", dijo el entrenador Ariel Martínez sobre Julián Gutiérrez
"Cuando pone esa cara de asesino serial, agarrate que las mete todas", dijo el entrenador Ariel Martínez sobre Julián Gutiérrez Crédito: Prensa Lima 2019

"Teníamos atragantada esta cuestión de que Estados Unidos nos ganara todo el tiempo; sabíamos que la única prueba en que le podíamos pisar la cabeza era en el equipo mixto", se descarga Martínez, que describe a sus dos pupilos: "La combinación es fundamental y a Fernanda le gusta cerrar la prueba. Ella se pone la camiseta Nº 10, pide la pelota como el Diego [por Maradona] y te cierra. Por su lado, Julián es rápido para tirar y muy preciso. Y cuando lo ves con esa cara de asesino serial, agarrate porque te las va a meter todas".

Fernanda Russo ya le apunta a Tokio 2020
Fernanda Russo ya le apunta a Tokio 2020 Crédito: Prensa Lima 2019

Russo es una de esas joyas del deporte argentino que tiene muy poca exposición para el gran público. Arrancó cuando tenía 10 años en la Escuela de Tiro de La Rioja por influencia de su padre, un tirador deportivo aficionado que quería que su hija practicara algún deporte. "Cuando mi papá me lo propuso, yo le pregunté: '¿Qué es el tiro?' Ahí mismo me presentó a Ricardo Brígido, que fue quien terminó convirtiéndose en mi entrenador hasta los Juegos de Río 2016 y me acompañó en mi mudanza a Buenos Aires un año después".

Fernanda recuerda exactamente el día en que empezó su vínculo con el tiro -11 de agosto de 2010- y cuando sus lágrimas de adolescente conmovieron a los medios durante su actuación en Río 2016, cuando concluyó 20º en la misma prueba de ayer. "Aquel día fui trending topic, no lo podía creer. Aquellos Juegos me sirvieron para un gran crecimiento como deportista, como mujer, como persona, como argentina, como todo".

El abrazo final entre la riojana y el catamarqueño, después de transformarse en inalcanzables en la Base Aérea Las Palmas, resumió ese feedback de uno y otro con solo mirarse, más allá de las diferencias. Julián, el mismo que jura que "tira como un loco" y gasta 250 balines por día en las prácticas (cada caja tiene 500 y cuesta unos 1200 pesos) hasta admite entrar en contradicción, un dilema casi filosófico respecto de lo que mejor hace: "Yo no sé si me gusta este deporte en realidad, pero me cuesta despegarme del tiro. Como que ya es mi estilo de vida; no me puedo desprender, ¿entendés?".

Russo derrocha emociones y siempre parece jugar una carrera contra sí misma, ese desafío de superarse todo el tiempo: "Quiero ser la mejor en todo lo que hago. Porque soy así. Antes quedaba destruida de las competencias en ese intento de brindar todo de mí. En su momento me hacía pelota, pero ahora estoy más madura y termino más entera. Es imposible soñar en grande y no trabajar al respecto para conseguirlo; tenés que ser muy tibio para no luchar por lo que querés. Durante Río 2016 no sabía dónde estaba parada; ahora soy mucho más consciente de mi potencial y de mi realidad y entiendo el contexto".

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