México 86. Campeón por 156 segundos: "Si hubiese nacido en otro país, jugaba cuatro mundiales"

Ricardo Bochini recuerda su participación en la Copa del Mundo; aunque en el momento dijo que no se sentía campeón, hoy disfruta de aquel momento
Fernando Vergara
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27 de junio de 2016  • 07:29

"Cuando vi que entraba Bochini, me pareció que tocaba el cielo con las manos, por eso lo primero que hice fue tirar una pared con él. En ese momento sentí que estaba tirando una pared con Dios". Diego Armando Maradona, junio de 1986.

Fueron apenas seis minutos. En realidad, si se contabiliza el tiempo neto, sólo compartieron dos minutos y 36 segundos con la pelota en juego. La estadística indica que en un Mundial de fútbol, Diego Armando Maradona y Ricardo Enrique Bochini dispusieron de escasos 156 segundos juntos en una cancha. El ídolo y su ídolo. Dos de los futbolistas más talentosos de la historia nacional. Fue en la semifinal contra Bélgica, con el partido 2-0 y con Diego dándole la bienvenida al Bocha: "Pase Maestro, lo estábamos esperando". Bochini tocó cuatro pelotas y tres de ellas las recibió de Maradona; conectaron velozmente: en una tiraron una pared y en otra, Diego envió un centro atrás que pudo haber terminado en gol si no era interceptado por el belga Stephan Demol.

El 25 de junio de 1986, en el estadio Azteca, 114.500 espectadores tuvieron la posibilidad de ver por única vez a Bochini disputando un puñado de minutos en una Copa del Mundo. A diferencia de su impresionante trayectoria en el fútbol argentino con 638 partidos en Independiente (ganó cuatro Libertadores y dos Intercontinentales), el paso con la celeste y blanca fue efímero. De hecho, sólo pudo jugar 11 partidos. Aún era joven en época del Mundial de Alemania 1974; Menotti prefirió a Daniel Valencia, el Beto Alonso y Julio Villa en Argentina 1978; más adelante, lo opacó la aparición de Maradona en España 1982.

Fuente: LA NACION - Crédito: Gerardo Horovitz

"Voy por el mundo sombrero en mano, y en los estadios suplico: -Una linda jugadita, por el amor de Dios", dejó grabado alguna vez el inolvidable Eduardo Galeano. Algo de eso intentó Bochini, siempre. Un pelotazo en la cara de Héctor Enrique, cerca del desenlace de la semifinal ante Bélgica, lo privó de intentar alguna jugadita más con Diego. Se miraban, se buscaban, pero en el deporte de las pequeñas sociedades, la posibilidad de verlos juntos en acción quedó guardada en la memoria con sabor a poco. En charla con LA NACION, Bochini rememoró su andar en México 1986.

-¿Cómo recordás el ingreso contra Bélgica 30 años después?

-Primero, lo recibí con alegría cuando me confirmaron entre los 16 convocados para ese partido. Porque en esa época, en un plantel de 22, el resto quedaba afuera. El encuentro estaba 2-0 y yo quería entrar, tocar la pelota, ver si podía hacer alguna jugada. Finalmente, se pasó volando, no toqué muchas, pero me emocioné. Deseaba jugar, demostrar, que la gente me viera. Estaba muy bien en todo sentido, físicamente me había preparado mucho.

-Lo de buscarse con Maradona fue automático.

-Intentamos una pared, en la que Diego me la devolvió y yo me paso de largo, la pelota me quedó atrás. Y tuvimos otra jugada bastante buena, en la que Maradona me tiró un centro atrás que si pasaba yo quedaba frente al arquero para definir.

-¿Qué te generaba ser el ídolo de Maradona?

-Siempre fue un gran orgullo que me tenga como referente, como el futbolista que él quería imitar. Como Diego es seis años más chico que yo, posiblemente en ese momento él pensaría «quiero hacer las cosas que hace Bochini». Mi juego era parecido al de Maradona. Y por supuesto que él lo consiguió y triunfó en Europa, en la selección, en todos lados. Yo lo hice principalmente en Argentina y en Sudamérica. Fue todo recíproco: él me miraba cuando era más chico y después yo lo observaba a él cuando fue creciendo.

-¿Te quedaste con ganas de tener más minutos en el Mundial?

-Sí, claro. Y también con ganas de haber tenido más oportunidades en otras Copas del Mundo. Creo que tenía las condiciones para hacerlo. Si el período de estos torneos fuera de dos años y no de cuatro, no tengo dudas que hubiese disputado tres o cuatro mundiales. Pero se dio así y quedé afuera, a veces por lesión y otras por decisiones técnicas. En 1978 pude quedar entre los 22, tranquilamente. Con Menotti estuve desde 1974 en el seleccionado. Previo al torneo en nuestro país yo estaba jugando muy bien: metí goles a Estudiantes en semifinales, después convertí contra Talleres en la la histórica final, con tres futbolistas menos.

-¿Qué te faltó para ser titular?

-No me faltó nada. Fui titular en la selección pero no con regularidad. En 1976 fui de arranque en la gira por Unión Soviética, Polonia y Hungría; si el Mundial hubiese sido ese año yo estaba entre los 11. Después, Con Bilardo, en la gira de 1984, también era titular. Jugué ese famoso partido con Alemania, que ganamos 3-1 y casi meto un gol de mitad de cancha. Y las eliminatorias de esa época eran diferentes: con este formato, hubiera tenido una gran cantidad de partidos como protagonista. Las condiciones las tenía: si hubiese nacido en otro país, jugaba cuatro mundiales (sonríe). En esos años la Argentina vivía un gran momento, creo que el mejor de su fútbol y tenía mucha competencia. En la actualidad, creo que también podría ser titular en la selección.

Cuando Bochini resalta "famoso partido" hace referencia al 12 de septiembre de 1984. Esa noche, en Düsseldorf, el equipo de Bilardo le ganó 3-1 al de Franz Beckenbauer -que debutaba en su selección como entrenador- y Bochini casi mete un gol maravilloso desde mitad de cancha. Harald Schumacher lo impidió. Con Maradona ausente por lesión, el "casi gol" del Bocha quedó para la historia. "Me hubiese gustado hacerlo…", confiesa.

El día que casi le hace un gol a Alemania desde la mitad de la cancha

-Tras el partido con Uruguay, ¿por qué le dijiste a Valdano que el equipo sería campeón?

-Porque veía todos los partidos, a todos los equipos. Y le dije que nadie tenía más que nosotros, que contábamos con mejores jugadores. Y sumado a eso, el nivel que había agarrado Maradona con el transcurrir de los días, fenomenal. Algunos compañeros no se tenían confianza, pero yo sabía que teníamos todo para ser campeones. Lógicamente que no era sencillo, se nos cruzaron buenos seleccionados. Pero cualquiera de los 22 de nuestro plantel podía ser titular. Y fuera de los once, Bilardo podía apelar a Tapia, Borghi, Trobbiani, a mi; muchos jugadores de buena técnica.

-Cuando volvieron de México dijiste que no te sentías campeón del mundo. ¿Fue así?

-En realidad, dije que los otros jugadores habían tenido mayores méritos y que lo habían disfrutado más adentro de la cancha. Yo gozaba mucho cuando ganaba con Independiente, lo hice en cuatro Libertadores como titular: ahí jugaba, hacía goles y generaba otros, era más protagonista. Una cosa es si participaste de todos los partidos y otra es si jugaste 10 o 15 minutos. Eso pasa siempre. El jugador que tiene verdadera pasión por el fútbol quiere jugar y estar adentro. Pero acompañé, era un jugador reconocido en Argentina. Me la aguanté sin problemas en el banco, nunca dije nada. Yo hablé cuando terminó el torneo. Siempre me entrené a la par del grupo, apoyé a mis compañeros. Disfruté ser campeón del mundo porque el país lo festejó como nunca y además porque estuve en el proceso previo. Fue una alegría grande.

Carlos Ferraro, enviado de LA NACION a México 1986, cuenta una anécdota: "Después de la final, Ernesto Muñiz (jefe de deportes del diario) estaba delante de todos en la puerta del vestuario de Argentina y la marea humana se lo llevó por delante cuando se abrió la puerta. Se quedó sin aire y cayó desmayado. Lo atendió Carlos Pachamé y después el doctor Madero, que le indicó que se quedara un rato en reposo, en una salita. Lo acompañamos y adentro estaba Bochini. «Yo no soy campeón, yo no jugué nunca», respondió cuando le preguntamos por qué no estaba festejando".

Con el paso del tiempo, Bochini suaviza el recuerdo. Posiblemente, hasta se permita disfrutarlo de otro modo, con la tranquilidad que le brinda el transcurrir de los años. "Yo lo festejaba a mi manera, soy muy tranquilo, no soy de exteriorizar, lo guardo para adentro. Pero siempre quise ser campeón, con Independiente, con la selección. Hay jugadores que celebran a su manera y yo lo vivo por dentro. Estaba muy contento, cuando volvimos al país la gente estaba feliz. Eramos campeones del mundo, sabía que eso perduraría por siempre, la medalla es un recuerdo para toda la vida.

-30 años después, ¿le das más valor a lo que consiguieron?

-Le doy la misma importancia. En la calle, en todos lados, ese grupo de jugadores sigue teniendo un gran reconocimiento de la gente porque la Argentina lamentablemente no pudo ganar otro Mundial. Quizás por eso el campeonato que logramos cobra cada vez mayor dimensión.

El ingreso por Burruchaga

Su única participación en el Mundial

fv/jt

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