Mundial Femenino: de China a Francia, la aventura y el desafío de Vanina Correa

Correa sostuvo la primera valla invicta de la Argentina en un Mundial
Correa sostuvo la primera valla invicta de la Argentina en un Mundial Fuente: Reuters
Alberto Cantore
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12 de junio de 2019  • 23:59

En el estadio Parque de los Príncipes, en París, la Argentina y Japón completaron el lunes la primera jornada del Grupo D del campeonato Mundial Femenino de fútbol. Un empate sin goles, la única igualdad sin festejos que se registra en los 14 juegos que se llevan disputados en la Copa del Mundo francesa. Entre tanta alegría de las jugadoras argentinas, ya que el 0-0 resultó ante un rival de jerarquía, porque las niponas fueron subcampeonas en Canadá 2015 y campeonas en Alemania 2011, hay un festejo individual, silencioso. Vanina Correa, la arquera, logró sostener por primera vez la valla invicta para la selección, que desanda por tercera vez la cita mundialista, después de las experiencias de Estados Unidos 2003 y China 2007. Y fue el camino en suelo asiático el que le dejó una marca que la persiguió durante 12 años: Alemania la castigó con un 11-0, la peor derrota de la Argentina, en el estadio Hongkou, de Shanghai, y ella fue la guardavalla.

"Cuando sonó el silbato no sabía que había pasado. '¿Qué cobró? ¿Falta?' El llanto fue como una descarga por todo lo que vivimos antes: por los anteriores mundiales en los que nos había ido muy mal, por todo lo que dejamos para poder estar acá. Se me vinieron muchas cosas a la cabeza, pero las lágrimas también eran de alegría", le comentó Vanina al sitio oficial de la Asociación del Fútbol Argentino.

Morocha, delgada y de 1,83 metro de altura, la expresión de Correa impone respeto. Martín Tocalli, coordinador de arqueros de la selección y quien la entrena junto a Mauro Dobler, le comentó a La Nacion, en abril pasado, que es una de esas N° 1 que parece que no dice nada, pero ahí está, sobria, con buena ubicación, siempre lista para despegar del suelo y volar para tapar pelotas de media altura, su punto más alto.

Con 35 años, es la segunda futbolista de mayor edad del plantel que designó el director técnico Carlos Borrello, detrás de la mediocampista Mariela Coronel (37), y el Mundial de Francia, además de ser su el tercer mojón en su carrera, la descubre de pie, ilusionada, disfrutando de un espacio que un tiempo atrás parecía perdido. Porque como todas, sufrió el desprecio y el abandono que hasta hace un par de años acompañó a la selección femenina de fútbol. "No recuerdo haber estado así en los mundiales anteriores. Antes sabíamos que íbamos para recibir una cachetada, ahora la sensación que tenemos es diferente", relata la arquero de Rosario Central, a la que la experiencia le permite mantener la exigencia pero vivir el momento con menos tensión.

Empleada en la Municipalidad de Villa Gobernador Gálvez y madre de mellizos Romeo y Luna, la Copa del Mundo es un premio al sacrificio y el esfuerzo, a la tenacidad por volver a la actividad de la que estuvo alejada durante seis años. Fue un llamado de Borrello el que le modificó el status de exarquera a potencial guardavalla de la selección en Francia. Y, como lo hizo siempre, al igual que cuando cansada de los destratos optó por parar y ser madre, luego de un tratamiento de fertilidad, aceptó el desafío. "Del debut me quedo con el resultado histórico por ser el primer punto que se obtiene en un Mundial, por el rival, y no porque fue la primera vez que no nos convirtieron", señala quien se reparte entre el trabajo, los hijos, la casa, la selección, Rosario Central y los entrenamientos particulares y especializados que realiza con Eldo Milatich.

Quitarse el mérito de no recibir goles resalta su sencillez y personalidad, aunque Japón venía de convertir en los últimos diez partidos que jugó en los Mundiales. La última selección que no la había dejado festejar era Inglaterra, que se medirá con la Argentina mañana en el Stade Océane, de Le Havre. Ante las inglesas hay un antecedente: la caída 6-1 en China 2007; otro objetivo para el sueño celeste y blanco.

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