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LIMA.- Delfina Pignatiello está decidida a hacer historia en la natación argentina y proyecta una atrapante trayectoria internacional: ganó la prueba de los 800m libre de los Juegos Panamericanos (8m29s42) y sumó su segundo oro en las dos distancias que participó en forma individual en Lima 2019. Una contundente eficacia y una ilusión gigante para el deporte de nuestro país, si se atiende que la sanisidrense tiene apenas 19 años. Empujada por su triunfo, la delegación nacional alcanza las 20 doradas en Lima 2019 y quedó a tan solo una de las 21 que se adjudicó en Guadalajara 2011.
Tuve la suerte de haber debutado con una distancia que no es la mía, los 400. Fue como romper la ola de una carrera en la que tenía que nadar un poco más fuerte
Si después de triunfar en los 400m libre confesó que se había sentido campeona desde que arrancó la carrera, ahora Delfina redobló la apuesta de lo que venía a buscar: el triunfo en tres distancias para consolidar su rumbo y seguir dando pasos hacia el sueño olímpico, como a ella le gusta decir. Está viviendo un verdadero idilio en sus primeros Panamericanos. Se alimenta del aliento del equipo, disfruta de cada momento en la Villa Panamericana y goza del fragor de la competencia representando a la bandera, que es lo que más le gusta y motiva.

"No sé, obvio no fue mi mejor marca, pero en estos torneos no venimos a buscar tiempo sino las medallas. Y una segunda a nivel Panamericano, recontra contenta. Como dije: la marca no era más importante y la competencia es larga y se está haciendo extenso, pero disfruto de estar acá con el resto de los competidores. Estoy intentando disfruta todo, la convivencia, la competencia. Todo suma. ¿La triple medalla puede llegar? Sí, ¿por qué no?".

Vista de esta forma, con tan sobrio rendimiento, parece una máquina, una chica programada para el éxito. Sin embargo, cuando se abstrae de la máxima exigencia, su sensibilidad le permite emocionarse con cada recibimiento de los seres queridos después de un gran logro. Las juntadas con sus amistades del colegio y del club, las cartas, las flores y las charlas con sus familiares sobre los torneos son esos combustibles que la alientan a seguir.

Se suponía que la principal contendiente en los 800m era la chilena Kristel Kobrich, pero quedó rápidamente atrás. Ya después de los primeros 100 metros, la argentina marchaba en punta y jamás la abandonó. Un ritmo impresionante en donde confirmó que las distancias largas le sientan bien. La norteamericana Mariah Denigan quedó segunda (8m34s18) y la brasileña Viviane Braichelberger tercera (8m36s04). Ni bien terminó, su ritual: sacó la lengua, levantó el puño y tiró besos a la tribuna. Y ya después en el podio, toda la emoción: cantó suavemente el Himno, sintiéndolo hasta sus entrañas y suspirando. Como diciendo: "No puedo creer lo que estoy viviendo".
¿Cuál es su fórmula para adaptar su mente a la natación? Un jueves cualquiera, cuando sabe que le quedan pocos entrenamientos en la semana y empieza a sentir dolores en el cuerpo con más intensidad, además de tenerse que levantar a las 5 AM, su cerebro es el que le reclama: "Dale, un poquito más. Vamos, falta poco". Con ese ejercicio interno de autoexigencia fue moldeando su perfil de campeona, la misma faceta que está demostrando en Lima. En realidad, siempre fue exigente en todos los ámbitos de su vida. Más allá de que a veces ese mandato la altera, el saldo le da indefectiblemente positivo.

Durante su etapa de la secundaria, antes de ir al colegio se entrenaba desde las 5.30 hasta 7.30, y por la tarde de 16 a 19 o 20, dependiendo de si tenía que entrenarse en el gimnasio. Pero nunca le gustó hablar de "sacrificio" para calificar sus rutinas, ya que cree que esa palabra alude a una actividad que no se quiere hacer. En cambio, prefiere referirse a "esfuerzo" para describir un deporte que ama practicar y seguir un camino que ella misma eligió.
Ahora le quedan los 1500 metros para continuar superándose. Pero Delfina Pignatiello ya es la gran estrella argentina en los Juegos Panamericanos.


