Premios Olimpia 2018: Agustín Canapino, el piloto que le devolvió el oro al automovilismo

Crédito: Patricio Pidal / AFV
Alberto Cantore
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17 de diciembre de 2018  • 23:59

Piloto de jerarquía y multicampeón, la velocidad es parte del ADN de Agustín Canapino. Lo demuestra desde hace 13 años, cuando se sentó por primera vez en una butaca de un auto de carreras. La corona que logró en el Turismo Carretera el domingo 9 de diciembre pasado y con la que suma 13 títulos en cinco categorías diferentes del automovilismo nacional, inclinó la elección para ser distinguido con el Olimpia de Oro, la estatuilla que premia al mejor deportista del calendario. Los festejos por este último logro son imágenes frescas en la mente del arrecifeño, de 28 años, que horas después de la consagración en San Nicolás viajó a los Estados Unidos para asistir a las pruebas de lo que será su próximo desafío: las 24 Horas de Daytona, entre el 26 y 27 de enero de 2019. Canapino es el segundo piloto en recibir el premio, después de Juan Manuel Fangio en 1954.

No tenía en mente ser piloto profesional Agustín Canapino, lo suyo pasaba por los libros y proyectar una carrera universitaria. Si hasta sabía qué iba a estudiar: Ingeniería Electrónica. Los autos de carrera, increíblemente, estaban prohibidos. Su papá Alberto, consagrado chasista, el mismo que por su actividad lo paseaba por los boxes de decenas de autódromos del país, era quien desalentaba al mayor de sus hijos de calzarse el buzo antiflama, el casco, la balaclava, los guantes, las botitas… y también de acelerar. Pero con 15 años y mientras cursaba la escuela secundaria en Arrecifes, el joven que aprendió a manejar a los 8 en San Antonio de Areco guiado por… Alberto, pateó el tablero y empezó a dejar su sello, el que lo acompaña desde su bautismo en las carreras de autos: la primera prueba que disputó en la Copa Megane fue con… una victoria. La mejor demostración para que Alberto, que interiormente no le avizoraba pasta de corredor y prefería que fuera preparador como él, se convenciera de que ese niño de cabello dorado, con rostro angelical, era un demonio en las pistas. Los títulos, una idea vaga para quien nunca corrió en karting o autos de fórmula, se multiplican y reflejan que Agustín es un producto genuino de la ciudad que recibe al visitante con un arco en el que se lee "Cuna de Campeones".

Nueve días atrás, Agustín se consagró tricampeón de Turismo Carretera. Una definición alocada, dirán los incautos, aunque la consagración –la segunda consecutiva– tuvo la marca del piloto y el registro de Alberto, el cerebro que trazó la táctica después de ensayar junto con los mecánicos y el ingeniero Guillermo Cruzzeti una jugada estratégica. Colocó neumáticos para lluvia y modificó la puesta a punto del auto: los valores de la altura, los espirales, la carga aerodinámica… Todo en apenas 300 segundos. El diluvio que se desató sobre el autódromo de San Nicolás durante poco más de ocho minutos resultó la cuota de azar necesaria para retener el N°1, ese que en 2017 pintó después de un épico Gran Premio Coronación en el autódromo Roberto Mouras de La Plata. Un desenlace salido de un guión de película: largó undécimo, finalizó cuarto y se alzó con el trofeo por una diferencia de solo 0,25 puntos sobre Facundo Ardusso.

Los títulos de Canapino tienen una particularidad o señalan un record. En 2010, con 20 años, 9 meses y 10 días, fue por primera vez campeón de TC, convirtiéndose en el piloto más joven en alcanzar ese logro. Lo hizo a lo grande, con una victoria en un escenario emblemático: el autódromo Oscar y Juan Gálvez de Buenos Aires. El éxito, único resultado que le servía para calzarse la corona, fue una demostración de fortaleza de espíritu y de mentalidad ganadora: en el primer día de clasificación recibió un toque de Diego Aventín y al día siguiente la lluvia enredó el panorama. Se sobrepuso a todo y festejó.

En ese año de ensueño también celebró el título del torneo Clausura de Top Race V6. A esa altura ya tenía en su vitrina otras dos copas de campeón, de menor calibre en el automovilismo pero que mostraban su apetito de gloria: en 2007 y en su tercera incursión, fue monarca de la Copa Megane; al año siguiente tomó una decisión que trastocó su vida: se alejó de los amigos y de Arrecifes para mudarse a un departamento de un ambiente en Castelar, cerca del taller que dirigía Alberto en Morón, a donde iba todos los días para aprender los secretos de un auto. En ese 2008, en su primera y única temporada en el TC Pista, la categoría telonera del TC, se hizo del título.

En Top Race V6 suma siete coronas, nadie tiene más que Agustín: cinco de ellas de manera consecutiva, entre 2010 y 2014. Pintar el N°1 en el Super TC2000, donde es piloto oficial de Chevrolet –contrato vigente hasta 2020–, se imponía como una cuenta pendiente. Ese pagaré lo levantó con el título de 2016, con un Cruze.

Los simuladores fueron un juego en el pasado, un pasatiempo que le hizo descubrir sus condiciones de manejo. Ahora son de máxima ayuda: son más cercanos a la realidad y porque con esa tecnología no solo se entrena para correr en el automovilismo argentino, fue el arma que utilizó para seducir a Ricardo Juncos, el argentino propietario del Juncos Racing, para que le ofreciera una de las cuatro butacas para la tradicional carrera de Daytona, por la International Motor Sports Association. También lo que determinó que la escudería Williams lo contratara como piloto oficial en los campeonatos virtuales de iRacing.

El título de Turismo Carretera le dibujó una sonrisa a Agustín Canapino en 2018, esa que se transformó en mueca de impotencia en el Super TC2000 y el Top Race V6, certámenes en los que fue subcampeón de Ardusso y de Franco Vivian, respectivamente. La corona que obtuvo en la categoría más popular del automovilismo nacional resultó la llave para que un piloto volviera a adueñarse de la estatuilla dorada, esa que solo ganó Juan Manuel Fangio en 1954, la primera vez que el Círculo de Periodistas Deportivos se entregó la distinción al mejor deportista de la temporada.

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