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"Vení vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar. Que de la mano, de Thomas Brady, todos la vuelta vamos a dar". El cantito que tantas veces sonó en la Bombonera para ovacionar a Carlos Bianchi o en el Monumental para festejar con Ramón Díaz, llegó al fútbol americano. Es que Tom Brady, mariscal de campo de New England Patriots, fue la figura del Super Bowl número 49 y le dio el cuarto título a su equipo con la victoria 28-24 ante Seattle Seahawks. Y así lo festejaronn los hinchas argentinos de los Patriotas que se reunieron en Sugar, un bar con estilo norteamericano ubicado en Palermo, para ver el partido más importante de la temporada.

Rafael Garrido tiene 42 años y es instructor en un gimnasio. Fernando Pereira tiene 33 y es abogado. A ambos los unió la misma pasión: son hinchas de Huracán y de New England Patriots. "Se nos juntaron los dos sentimientos. Nos contactamos a través de una comunidad de Facebook de los Patriotas en la que siempre comentábamos y se nos ocurrió armar el grupo de los Patriotas en Argentina. Lo comenzamos recién este año, somos siete y la idea es ir de a poco siendo muchos más", dice Rafael, que tiene puesta la camiseta blanca y azul de su equipo, y empezó a ver fútbol americano en el Super Bowl 29 de 1995. "Empecé mirando béisbol y me enganché principalmente porque tenía muchas reglas y me gustaba aprender. Y ver fútbol americano me pareció avanzar un poco más y hoy por hoy es lo más emocionante que hay para mí", comenta mientras toma una cerveza, infaltable en cada partido.
Hernán Klichè es otro de los integrantes del grupo de los Patriotas. Tiene 26 años, es estudiante de Relaciones del Trabajo y se hizo fanático del fútbol americano a través de los videojuegos: "Hace seis o siete años, tenía la PlayStation 2 y jugaba mucho a juegos de deportes. Hasta que probé el Madden NFL -el juego de fúbol americano más popular- y me enloquecí. Me gustó muchísimo, comencé a ver los partidos, me hice hincha de los Patriotas y se volvió algo pasional. Durante los partidos, que normalmente los miro por internet, me caliento mucho, golpeo la mesa, pateo el tacho de basura. Lo vivo como si estuviese ahí. Es más, el año pasado perdimos la final de conferencia con Denver Broncos, estaba muy caliente y muy indignado y no quise ver el Super Bowl".
Es que la NFL mueve multitudes en todo el mundo, y de a poco está llegando a la Argentina. La final arrancaba a las 20.30, pero una hora antes las puertas del bar ya estaban cerradas. La gente colmó el lugar para ver el encuentro. Hay muchos más argentinos que estadounidenses. Algunas mesas tienen carteles verdes y azules en apoyo a Seattle Seahawks, hay varias camisetas de New England Patriots, y en el VIP, con bandera de por medio, están varios integrantes de la FAA (Football Americano Argentina) –la asociación nacional que se creó en 2004 y hoy tiene una liga de seis equipos-.

Uno de los jugadores de la FAA es Allan Kotliar, marsical de campo de la Selección Argentina e integrante del plantel de Tiburones de la liga local. Tiene 27 años, nació en Colorado, vivió cinco años en Boston y se vino a Argentina con su familia. Hoy es licenciado en administración de empresas y además de jugador, es entrenador de juveniles y árbitro. "Es un deporte raro para la mayoría. Hay algo anti-yankee muy fuerte, pero con el básquet cambió y puede pasar lo mismo con el fútbol americano. Para mí es muy particular porque juego con gente que conozco mucho; lo vivimos de una manera muy especial y nos juntamos durante la temporada a ver los partidos. Nuestro objetivo es inculcarlo a mucha más gente. Tal vez por la televisión parece aburrido por las interrupciones, pero hay que verlo en vivo y entender el juego. Es muy divertido", dice Allan, que lleva la camiseta número 5 de la Selección Argentina que integra.
Ponga huevo los Patriotas, ponga huevo y corazón. Que esta hinchada, se merece, se merece el Super Bow
Empieza el partido, y entre cerveza, pizza, alitas de pollo y los comentarios de la televisión norteamericana –el bar tiene transmisión directa de la NBC-, se escucha un grito bien nacional: "Ponga huevo los Patriotas, ponga huevo y corazón. Que esta hinchada, se merece, se merece el Super Bowl", y explotan las gargantas del grupo más concentrado de hinchas, que mira a una de las tres pantallas gigantes que tiene el bar. Desde el otro lado, responden con un "¡Sea-Hawks! ¡Sea-Hawks!", que se asemeja más a las típicas arengas estadounidenses.
"Es un deporte muy táctico. Me gusta mucho ver como se mueven los jugadores y la importancia de los técnicos. No depende tanto del contacto físico como parece", dice Matías Martin, 24 años, que trabaja como liquidador de prestaciones médicas y es hincha fanático de Los Angeles Lakers en NBA y de Seattle Seahawks en NFL. "Es muy difícil seguirlo desde acá. Hay que mirar partidos por internet, desde ahí podes estar al tanto. Y además no hay mucha gente a la que le guste, los vas conociendo por amigos que también son fanáticos. Yo empecé con la NBA y de a poco me terminé enganchando con el fútbol americano. Ahora me reúno los domingos a tomar una cerveza y ver los partidos", comenta.

Cada pase largo correcto, cada corrida y cada touchdown se celebran con mucho entusiasmo: gritos, aplausos, choque de manos y abrazos. "El Super Bowl es un evento glorioso. Es muy grande, no importa que equipo juegue. Vale la pena mirarlo, y no sólo el entretiempo que es lo que más le gusta a la gente, sino también el partido", comenta Mateo Labriola, que con 17 años juega en Aztecas, uno de los tres equipos de la liga juvenil argentina de fútbol americano. Lleva puesta la remera de Steelers de Pittsburgh, su equipo favorito, y está junto a su papá, Ricardo, que vivió 30 años en Estados Unidos y adquirió el fanatismo: "Es un deporte muy lindo. Allá lo practiqué mucho, es imposible no jugar, les gusta a todos. Y acá en Argentina de a poco va tomando color. Recién hace 10 años que hay un poco de actividad pero cada vez hay más interés".
Los Seahawks sacan una ventaja de 24-14 al terminar el tercer cuarto y parecen estar cerca del título. Los gritos en el bar son cada vez más aislados, hay un clima de tensión que se agranda a cada minuto. Pero los Patriots, con dos grandes pases de Tom Brady, el primero para Danny Amendola, y el segundo para Julian Edelman, se ponen 28-24 en el marcador. A segundos del final, en una de las últimas ofensivas de los Seahwaks, el defensivo Malcolm Butler intercepta un pase en zona de anotación y el bar estalla en un solo grito: "Go Patriots! Go Patriots!". Los segundos pasan, pero el partido ya está terminado. Se ven tumultos, golpes, empujones entre los jugadores de ambos equipos, pero a los hinchas argentinos de New England Patriots no les importa, deliran con el "dale campeón, dale campeón", y filman con sus celulares una noche para el recuerdo.
"Nunca vi un final así, con jugadas increíbles. Además es mi primer Super Bowl que veo con gente de otro equipo alrededor y me molestó un poco. En un momento creí que lo perdíamos, pero gracias a Dios ganamos nosotros y muchos, que antes gritaban, se fueron con la cabeza gacha. Ahora, a festejar", dice Rafael, que se abraza con los integrantes del grupo de Patriotas en Argentina, y piden otra cerveza para celebrar, con acento argentino, el triunfo de su equipo norteamericano.


