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TOKIO.- El dato surge durante el captain’s run del día previo al partido casi como salido de un relato de Walsh. "Hay un argentino en el seleccionado de Tonga". No fue muy difícil contactarlo y el encuentro se pactó para luego del cotejo. ¿Qué hacés acá? es lo primero que surge preguntarle. Alejandro Pastor está en el Mundial de Japón 2019 como preparador físico de Tonga, un destino inusual para un hombre de rugby argentino. Tan inusual que, pese a la importancia de su puesto, ni siquiera pisó Tonga.
"A fines de 2017, después de haber terminado unos cursos en Nueva Zelanda, Matt Blair, un preparador físico de una universidad de Nueva Zelanda que estaba trabajando para Tonga, me invita a una gira a fin de año a Irlanda para ver si pueden servirles algunas cosas de cara al Mundial", responde. "Fui dos semanas, pegamos buena onda, tuvimos buena relación, y principios de este año me manda un mail pidiéndome el currículum. En marzo me llama Toutai Kefu [el entrenador, ex jugador de los Wallabies] para sumarme para el Mundial. Y acá estoy."
Pastor cuenta que hace 21 años se dedica a la preparación física. Empezó en La Plata Rugby, pasó por Lomas, volvió a La Plata, trabajó con los jugadores del Pladar en sus inicios, pasó por el CASI. "En 2014 me fui a trabajar a la Confederación Brasileña de Rugby y en 2016 me volví por cuestiones familiares y a partir de ahí empecé a hacer cursos".

La segunda pregunta que salta automáticamente es cómo es la vida en Tonga. "Lamentablemente nunca tuve la suerte de ir a Tonga. Estuve trabajando con ellos en Nueva Zelanda, donde hicimos la preparación para el Mundial, y después acá en Japón. Por lo que cuentan es muy pintoresco, los flacos son de primera", afirma Alejandro.
En cambio, sí puede ofrecer una imagen más acabada de cómo son los tonganos. "Son gente de primera, muy familieros, con costumbres parecidas a las nuestras. Tenés que estar con cuidado con el tema de la comida, porque les gusta comer y se pasan de calorías", describe. "En el día a día, los flacos son divinos. Los tonganos son muy de vivir en comunidad. El grupo nuestro es como una familia que le dicen el kumete: el seno familiar, la mesa chica, el círculo de confianza. Los líderes del equipo son los que tienen interrogantes o preguntas para evacuar y las charlan con nosotros. Son híper simples, te integran al toque, tienen costumbres parecidas a las nuestras en algunas cuestiones. Se enganchan. Por ahí estás tomando mate y te preguntan qué es y te hacen la típica joda: ‘¿Pero esto es legal?’."
Cuando se compara al rugby con el fútbol, generalmente se lo hace en desmedro del segundo. Pastor nunca jugó al rugby, y acaso eso le permita tener una visión más abierta: "En alguna medida, los tonganos me hacen acordar mucho al jugador de fútbol argentino. Tuve la suerte de trabajar dos años en Estudiantes. Por el origen de la mayoría, que se han roto el alma para llegar a donde llegaron, te hace acordar un poco a eso. A la procedencia. Y terminan jugando al rugby casi por necesidad."

Respecto de lo profesional, Pastor describe una experiencia sumamente enriquecedora. "Los entrenadores son fuera de serie. Tienen una simpleza… te preguntan cosas que te quedás pasmado. Sinceramente, lo veía diferente. Creo que es porque ellos se criaron en un sistema de rugby profesional", relata. "Es muy fácil trabajar porque estás hablando 24/7 con Toutai Kefu y los asistentes Grant Doorey, Dan Cron y Richard Watt, más Pita Alatini. Estás en reuniones permanentes, una a la mañana y otra a la tarde. Después del entrenamiento hacen un feedback. Mucho grupo de whatsapp. Hay mucho orden, con mucha participación. Te ayuda para sacar un montón de conclusiones. Te tiran ideas, a partir de eso cómo las llevás a cabo y vas adaptando los distintos entrenamientos, más ahora en pleno Mundial."
Como sucede con Fiji o Samoa, el rugby en Tonga es casi religión. Sin embargo, por la situación económica más precaria no tienen las mismas posibilidades de desarrollo que sus vecinos de Australia o Nueva Zelanda, donde terminan emigrando y muchas veces nacionalizándose para jugar en sus seleccionados, lo que hace muy difícil el crecimiento para los ‘Ikale Tahi (águilas marinas), como se autodenominan.

"La mayoría de los jugadores son tonganos nacidos y criados en Tonga que se forman en academias de rugby bastante importantes de Australia y Nueva Zelanda. La mayoría llega a jugar nivel de Super Rugby, pero no para All Blacks o Wallabies, entonces empieza un mecanismo de descarte y pasan a jugar para Tonga" explica Pastor. "Normalmente esperan hasta último momento. Algunos quedan bloqueados porque juegan un Test Match para otro seleccionado, no juegan nunca más pero tampoco pueden jugar para Tonga. Después tenés tonganos como los Folau, Charles Piutau, el hermano del centro [Siale, el capitán], Augustine Pulu, Richie Mo’unga, Ngani Laumape… todos tipos que tienen ascendencia tongana pero hicieron toda su formación en Nueva Zelanda y terminaron jugando para All Blacks. El caso inverso es el de Ben Tameifuna, que estuvo en algunas concentraciones para All Blacks, pero no llegó a jugar y terminó representando a Tonga."
Ante los Pumas, pese a la derrota Tonga dejó una buena imagen y hasta se mostró más entero en el segundo tiempo, en el que impuso su rigor físico. El trabajo de Pastor en la semana quedó bien manifestado dentro de la cancha. "Que no nos hayan hecho ningún punto en contra en el segundo tiempo es algo que me deja tranquilo. Estoy feliz con esta experiencia, feliz de cómo fue el partido", continúa Pastor. "Obviamente querés ganar, aunque tengo mil amigos en el equipo de los Pumas. Es una experiencia tremenda, encontrarme con amigos como Joaquín Tuculet, Agustín Creevy, Tomás Cubelli y Nahuel Tetaz Chaparro, que los conocemos desde que tienen 15, 16 años."
No sólo los Pumas dejan bien representada a la Argentina en el Mundial de Japón.


