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HAMILTON.- A casi dos horas de Auckland, la ciudad de Hamilton se prepara para el partido que el sábado jugarán por el Rugby Championship los All Blacks ante los Pumas. Hogar nada menos que de los Chiefs, uno de los equipos más fuertes en el Super Rugby (fue campeón en 2012 y 2013). Dividida en dos por el río Waikato, es una ciudad que combina a la perfección la producción agrícola (es la sede de la exposición más grande del país) con la educación y la tecnología, ya que allí también se ubica la fábrica de producción de avionetas más grande de la isla, varias de ellas utilizadas, entre otras cosas, para el campo.
Pero más allá de esas características, esta ciudad supo ser en el pasado el centro de una de las protestas más grandes contra apartheid sudafricano. Durante la controvertida gira de los Springboks por Nueva Zelanda en 1981, en el estadio donde jugarán los Pumas el próximo sábado se levantó una revuelta que obligó nada menos que la suspensión del encuentro. Las imágenes recorrieron el mundo y fue tal el impacto que hasta valió el reconocimiento de Nelson Mandela, uno de los principales activistas contra el régimen de segregación racial que sacudió a su país, quien en aquel entonces estaba preso en Robben Island y años más tarde sería elegido presidente.
En el año 1981 los Springboks recibieron el visto bueno de Nueva Zelanda para realizar una extensa gira de rugby por el país. Esto sucedía cuando el deporte sudafricano estaba en plena proscripción por el apartheid. “The rebel Tour”, se lo bautizó a aquellos partidos que iba a jugar el seleccionado sudafricano contra varios combinados de Nueva Zelanda y tres partidos cara a cara ante los All Blacks. En aquel entonces eran muy pocos los países que aceptaban competir ante Sudáfrica. El COI, por ejemplo, lo expulsó de los Juegos Olímpicos.
Pese a todo esto, el gobierno neozelandés dio el visto bueno para que se llevara adelante una gira en su país. Pero la presión interna en Nueva Zelanda empezó a ser cada vez mayor. Se fueron conformando distintos grupos que, comunicados entre sí, llamaron a boicotear esa gira sudafricana. Australia, por ejemplo, les negó utilizar sus aeropuertos como escala para llegar a Nueva Zelanda. Los vuelos debieron hacerse a través de Los Angeles y Hawaii. Así terminaron en los Estados Unidos jugando otros amistosos.

“No hay política en el deporte”, declaraba en aquellos años el Primer Ministro de Nueva Zelanda, Rober Muldoon. Esto apuntaba directamente a un suceso que se había desatado tiempo atrás. En 1969 se creó en Nueva Zelanda el HART (por sus siglas en inglés 'Halt All Racist Tours', es decir “detener a todos los tour racistas”) justamente para protestar contra las giras de los sudafricanos en el país. Ellos habían logrado suspender una gira en 1973 del seleccionado africano, cuando por temor a las protestas el gobierno le bajó el pulgar. Esto derivó en una fuerte queja del público fanático del deporte pidiendo que la política no interfiriera en los asuntos deportivos. Incluso en aquel entonces, la opinión pública estaba dividida. Así el gobierno decidió dar el visto bueno.
“Yo era el organizador nacional para HART durante la gira y también uno de los portavoces para el movimiento anti-tour. Mi papel era ayudar a coordinar las protestas alrededor de Nueva Zelanda contra la gira 1981 de los Springboks”, le recuerda a LA NACION John Minto, el activista político que tuvo un papel fundamental en esta historia. Fue quien más se movilizó y batalló en las protestas. El líder de la movilización terminó teniendo una extensa carrera en la política, que hoy todavía continúa: se presentará en octubre de este año como candidato a alcalde en la localidad de Christchurch, donde competirá contra Lianne Dalziel, la mujer que ocupa actualmente ese lugar.
La gira de Sudáfrica estaba armada entre los meses de julio y septiembre de 1981. Eran 16 partidos en distintas ciudades, 13 ante combinados provinciales de Nueva Zelanda y tres contra los All Blacks. El primer encuentro se dio en Grisborne y el segundo estaba pautado para jugarse en Hamilton, ante el equipo Waikato, en el Rugby Park, lo que es hoy el Waikato Stadium, donde los Pumas tendrán su encuentro el sábado que viene.
Pero nada de esto pudo suceder.

Recuerda John Minto, quien coordinó esta protesta: “La acción más efectiva que tomamos fue parar el juego entre Springboks vs. Waikato en Hamilton. Organizamos una protesta que terminó con 300 personas de pie en el centro del campo de juego, negándose a moverse hasta que anunciaron que el partido fue cancelado. Las imágenes de televisión dieron la vuelta al mundo”.
Todo comenzó días antes del sábado 25 de julio, fecha en la que estaba estipulado el encuentro. “Recorrimos el estadio para encontrar los puntos más vulnerables y poder hacer más efectivo”, recuerda. El día del partido, todo sucedió tal cual lo planearon. “Marchamos desde Garden Place en el centro de Hamilton al estadio. Cientos de personas nos ayudaron a tirar las rejas de alrededor de la cancha. Fuimos metiéndonos al campo de juego. Cerca de 300 personas terminamos allí formando un cordón humano. No nos íbamos a ir hasta que el juego no estuviera cancelado”, relata.
“El mundo entero nos está mirando”, cantaban esas 300 personas para “reforzar la confianza” y reclamar una mayor protección por las críticas de “un mundo furioso por tener a los Springboks en Nueva Zelanda”.
Es que la lucha no era sólo contra Sudáfrica y el apartheid, sino ante una policía creada especialmente para combatirlos y cientos de hinchas que querían ver el partido. En un país donde el rugby es la pasión principal, varios hinchas comenzaron a arrojar objetos al campo de juego desde las tribunas. Fue así, por ejemplo, como el propio Minto, terminó con un corte en la frente producto de una lata de cerveza cerrada, que lo acompaña hoy en día. “Tengo tres o cuatro puntos en la cabeza”, dice entre risas.
“Nunca imaginamos que la protesta podía tener el impacto que tuvo”, dice. Ese partido iba a ser transmitido en vivo por la televisión de Sudáfrica, que lo único que pudieron ver fue cómo un cordón humano se metía al campo de juego con banderas y mensajes contra su régimen. El efecto fue tal en el país sudafricano, que varios activistas contra el apartheid lo tomaron como bandera. El propio Nelson Mandela, quien en aquel 1981 cumplía su larga estancia de 18 años de cárcel en Robben Island, reconoció la importancia de este suceso.

“Nelson Mandela me contó que cuando los presos de Robben Island escucharon que el partido había sido cancelado, tomaron los barrotes de sus celdas y los golpearon haciendo ruido. Fue su forma de festejar”, recuerda Minto, quien además destacó una frase del ex presidente sudafricano que se llevará a la tumba: “Me dijo que era como que volvía a salir el sol”.
“El impacto fue enorme. Sabíamos que habíamos hecho una diferencia real a pesar de la violencia y el vandalismo que nos encontramos de la gente pro-tour y policías”, concluye Minto.
La gira igualmente continuó. Sudáfrica jugó 14 de los 16 encuentros programados. Además del de Hamilton, el otro suspendido fue en Timaru: la policía lo canceló de antemano por cuestiones de seguridad. Para los Springboks fueron dos derrotas en tres partidos con los All Blacks. El 12 de septiembre de 1981, triunfo de los hombres de negro, fue el último partido que jugaron ambas selecciones durante más de una década. Recién cuando al gobierno sudafricano decidió terminar con el apartheid volvieron a verse las caras. Fue el 15 de agosto de 1992, en la gira que Nueva Zelanda realizó por ese país.
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