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La ronda al final de cada partido es un rito. Tomados de los hombros con los brazos, los jugadores de Hindú escuchan atentamente al capitán, Santiago Fernández. La ceremonia es íntima pero a cielo abierto, entonces quienes se arriman pueden rescatar algunas frases. Nada estridente. Conceptos medidos, volcados con satisfacción, por la victoria, pero sin euforia.
El Expreso de Don Torcuato se llevó puesto al granítico Newman con autoridad, casi doblándolo en puntos en Benavídez: 34-18 en la antepenúltima fecha de la etapa de clasificación del Top 12. Sin embargo, Santiago Fernández y compañía no se desbordan, mantienen la calma. Saben que lo importante aún no pasó, que está por venir. “Me parece que tenemos que seguir laburando… Todavía tenemos muchas cosas por mejorar. Es bueno enfrentarse con un equipo como Newman, aunque hoy no contó con todos sus jugadores, y no tenemos que pensar tanto en el resultado conseguido. Fue un buen partido para nosotros y nada más”, comenta “Momio”, uno de los mejores jugadores de la URBA, poco antes de intentar juntar nuevamente a la tropa para ir hacia el vestuario.
Hindú pasó por Benavidez como una ráfaga. Con todas sus virtudes potenciadas y algunos de sus defectos minimizados, a partir de los errores poco habituales cometidos por Newman este sábado. Se plantó firme con una formación distinta a la de la primera etapa del año, cuando alternaba triunfos y derrotas. Un conjunto jerarquizado individualmente y, como consecuencia de ello, dotado de mayor cantidad de variantes.
Mostró un alto nivel a pesar de que no dispuso de su medio-scrum titular, Lucas Fernández Miranda (lesionado en el brazo derecho), ni tampoco del potente inside Joaquín De la Vega Mendía (fractura en la mandíbula). Pero volvieron Momio Fernández y Federico Graglia... Y en el banco estuvo Juan Ignacio Martínez Sosa y en la intermedia se alistó Martín Cancelliere.
El Top 12 permite a los clubes contar con los hombres rentados cuando finalizan sus compromisos en las franquicias americanas y en equipos europeos. Así, dieron la vuelta al pago Lautaro Bávaro (cumplió 180 partidos en la primera del Elefante), Joaquín Díaz Bonilla, Joaquín De la Vega Mendía, Nicolás D’Amorim... Refuerzos de lujo para el tramo final del torneo y los eventuales playoffs. Aunque a esta altura, en el caso de Hindú, la palabra “eventuales” debería ser reemplazada por “seguros”. Y un conjunto que no era fácil de arrear, ahora reforzado y dotado de rodaje, sumando confianza, triunfo tras triunfo, desemboca en esta aceitada máquina de jugar al rugby que se lució en la casa del Cardenal.
El dominio en todas las facetas del juego fue apabullante en el primer tiempo. El Elefante le puso ruedas al scrum e hizo estragos, mandando al bloque bordó hacia atrás y sacando provecho de las infracciones a las que éste apeló para no retroceder tanto. También abrumó con la supremacía en el line; el local obtuvo la primera pelota en la hilera recién a los 35 minutos (jugándola adelante, con Miguel Prince). Y para asistir al primer robo hubo que aguardar un tiempo más.
Entonces, con la pelota a disposición de los tres cuartos, Hindú completó la faena: desequilibró con Graglia, con D’Amorim –varias veces incorporado a la línea–, con el inoxidable Agulla, y con Tito Díaz Bonilla, que al certero juego de manos agregó el quirúrgico uso del pie para explotar los huecos en el campo ajeno y llevar el juego de las 25 yardas a las otras 25.
Newman emparejó el desarrollo en el segundo período. Empujado por su amor propio intentó dar vuelta el resultado hasta el último instante, pero quedó frenado por sus errores. A mediados de la etapa, Fermín Perkins (ingresó por Prince) anotó el try que buscó todo el equipo. La suerte estaba echada.
Y no se levantó. Ni el punto de bonus defensivo logró el Cardenal. No obstante, esta derrota es un árbol en medio del bosque. Newman aún no aseguró su pase a las semifinales; necesita un solo punto de los diez que quedan en juego para acceder a la lucha definitiva por el campeonato e ilusionarse con el sueño del alma que siempre muere sin florecer.
Hindú... Hindú de nuevo está de vuelta. Igual que la calandria que azota el vendaval.


