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JOHANNESBURGO, Sudáfrica.– Falló todo. El line, el scrum, la defensa, la lucha individual, el juego colectivo, pero eso no fue lo más grave. Faltó algo que muy pocas veces pierde este equipo: el corazón. No es que sólo fueron superados en el juego: los Pumas no tuvieron respuesta anímica para frenar el aluvión sudafricano. La estrepitosa goleada ante los Springboks en el debut del Rugby Championship por 73-13, la más grande de la historia entre ambos equipos, dejó en evidencia la brutal diferencia que hay con el segundo mejor equipo de mundo cuando está enchufado.
La paridad duró 30 minutos; hasta ese momento, los equipos se dedicaron a estudiarse y sumaron gracias a la puntería de Felipe Contepomi y Morné Steyn. Iban 21 minutos y Sudáfrica estaba arriba por sólo tres puntos. Pero la resistencia cedió. Y el encuentro se convirtió en un monólogo sudafricano, que se floreó ante unas 45.000 personas que vivieron una fiesta especial (ver Pág. 6). Nueve tries sufrió el equipo argentino, que tuvo una tarde flojísima. Fue una paliza; los de verde hicieron lo que quisieron y cuando quisieron.
De entrada hubo tres señales que presagiaban una tarde difícil: la Argentina perdió los tres primeros lines que tiró, entregó dos free kicks en el scrum y perdió a uno de sus líderes, Patricio Albacete –desgarro en el isquiotibial del muslo derecho–, a los 12 minutos. El desconcierto era general. Los dirigidos por Santiago Phelan no lograban hacer pie en el juego. Así llegó el primer try de los locales, que tras una serie de ataques provocaron la infracción de Eusebio Guiñazú (recibió la tarjeta amarilla por intervenir un ataque de manera deliberada). Como si fuera poco, un minuto después se produjo otra mala noticia para Phelan y compañía: los Pumas perdían a Juan Martín Hernández, también lesionado.
A partir de ese momento, nada fue igual. La segunda conquista de los Springboks, incluida una excelente combinación entre Steyn, Willie le Roux –metió un sombrerito perfecto– y el autor del try Engelbrecht, fue el golpe de gracia. Ya no había dos equipos en el campo de juego. Sólo uno jugaba, el otro vagaba sin encontrar la brújula.
Sirve como ejemplo que, tras el último penal de Steyn, cerca del final de los primeros 40 minutos, Sudáfrica no buscó más los postes con el pie. Fue tal la superioridad que siempre se propuso anotar tries a través del maul, cuestión que logró en tres oportunidades. Se trata de un golpe a la identidad Puma, que solía tener en esa formación una enorme herramienta de ataque.
Tras la charla en el entretiempo, Sudáfrica no sacó el pie del acelerador. Sólo tardó cinco minutos para que Strauss se zambullera en el in-goal argentino después de realizar de manera simple y perfecta la fórmula que más rédito le dio en la tarde: forzar un penal, ir al line y jugar un maul hasta la meta. Así también anotaron Alberts y Bismark du Plessis.
Una vez más la indisciplina dejaba a los Pumas con un jugador menos: Leo Senatore fue sancionado por tackle peligroso. A esa altura el encuentro estaba definido, sólo restaba saber cuál sería la diferencia. Los tries del capitán De Villiers, Du Preez, Habana y Vermeulen, todos convertidos por Steyn, le dieron forma a la marca más abultada en un partido entre argentinos y sudafricanos. El antecedente, también en un homenaje a Nelson Mandela –vaya paradoja– sucedió en 2008; ese día los Pumas cayeron por 63-9.
La conquista de Felipe Contepomi, autor de todos los puntos argentinos –un try, dos penales y una conversión–, en la última jugada del encuentro, decoró el número final.
Lejos de lo proyectado, los Pumas fueron una sombra de lo que pueden llegar a plasmar en una cancha. Hay cierta continuidad en el desarrollo si se tiene en cuenta el último partido de este equipo ante un seleccionado del Tier 1 (los mejores 10 equipos del mundo). En noviembre, en el cierre de la temporada, los argentinos tuvieron una pésima noche ante Irlanda. Pero no sólo en lo que se refiere al resultado.
Como aquel día en Dublín, los argentinos no generaron juego porque fallaron en las bases. Se trata de algo inherente al jugador argentino, que se lleva en el ADN Puma: sin obtención en las formaciones fijas no hay forma de desarrollar el plan de ataque. Ayer, en el Soccer City, en Soweto, los Pumas no sólo perdieron muchas pelotas en el line y el scrum, sino que además las pocas que tuvieron no fueron limpias. Es atractivo y loable pensar en ampliar las destrezas individuales y colectivas del grupo que seleccionó Phelan, pero primero hay que asegurar lo indispensable; sin line, scrum y tackle no hay forma de crecer. En ese sentido, Sudáfrica puede servir de espejo. Primero se hacen fuertes en lo básico.
Quedan cinco días para cambiar. Hay que dar una vuelta de página y volver al manual Puma: obtención y defensa, sin esas cuestiones no habrá plan de juego que resista. Pasó el debut, un día que quedará en la memoria como una de las peores actuaciones del seleccionado argentino, pero que debe servir de aprendizaje.




