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La vida suele sorprendernos. Para bien y para mal. A veces son grandes y emocionantes situaciones y vivencias; otras, son pequeñas cosas las que nos sacan una sonrisa o nos dejan un mensaje.
Faltaba poco para Navidad, eran cerca de las 18.30 e iba rumbo a la radio. En Zapala era una tarde extraña; una combinación de calor y nada de viento. Entonces en el camino decidí pasar por un kiosco para comprar alguna bebida fresca y justo cuando estaba saliendo con mi botellita de agua veo a un loco, porque otra definición no se me ocurrió en ese instante, pasar corriendo por la calle a una velocidad a la que ningún zapalino podía ir.
Me llamó la atención ver a alguien corriendo en esa parte de la ciudad. Aquí, la mayoría lo hace por la ciclovía, por la Rotonda o en la Pista de Atletismo. Un instante después recordé que Javier Carriqueo me había escrito una horas antes. "Tal vez en estos días pase unas horas por Zapala para encontrarme con un familiar”, decía el mensaje de WhastApp.
Al darme cuenta de ese detalle, al ver que a las dos cuadras ese mismo y raudo corredor había doblado a la izquierda, y teniendo en cuenta que no había chances de seguirlo y alcanzarlo, no lo dudé: era Javier, el dos veces olímpico que se estaba entrenando en las calle de mi ciudad. Lo esperé a la vuelta (en la esquina de Uriburu y Chanteton) y pude confirmar mi sospecha. No se trataba de alguien de Zapala. Primero porque ningún zapalino corre por esas calles, a no ser que pierdan el colectivo o tengan una urgencia. Además, asumí que para ir al ritmo que iba tenía que ser alguien con muchas condiciones. Y por último se confirmó el viaje de Javier a mi ciudad. La misma en la que él, a comienzos de los 90, hizo su debut corriendo en pista de 400 metros.
Luego de saludarlo y sacarle algunas fotos, pude confirmar muchas cosas que siempre pensé. Carriqueo se entrena siempre. Javier demuestra que a su talento jamás lo deja solo y que la mejor forma de acompañarlo es cumpliendo al pie de la letra con lo pautado. Para el dos veces olímpico esa es la mejor receta para potenciar todo lo que Dios le dio y así seguir formando parte del exclusivo grupo de atletas que siempre están en la pelea.
De tratarse de un alumno de primaria seguramente que Carriqueo sería ese chico correcto que cumple con todas las tareas, que saca buenas notas y que en su cartuchera todos los lápices están ordenados con cierta lógica.
“Estaba esperando a un familiar y como tenía una hora de espera, decidí entrenar por las calles. Tenía que hacer un trabajo de 40 minutos y aproveché a correr por las calles de Zapala”, contó Javier. Quién además visitó el programa de radio que hago todas las tardes, donde contó que en el turno de la mañana “había hecho 20 pasadas de 500 metros con lastre a un minuto y 58 segundos cada una”.
Ese es Javier. Carriqueo, el atleta que corre casi todos los días con la misma convicción de siempre: buscar el mejor rendimiento y la excelencia sin otro condimento que el trabajo. Este es Javier, el mismo de siempre.
Por Sergio Arregui


