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"Querés saber por qué acá corremos tan rápido y fuerte? Es sencillo. Andá al estadio Nacional de Kingston a ver los Jamaica Champs. Ahí encontrarás la verdadera respuesta". Las palabras de Usain Bolt eran decisivas. Había que asistir a los torneos de la escuela secundaria de atletismo de su país donde, en 2001, apareció el hombre más rápido del mundo liderando a la William Knibb High School, un humilde colegio de su Trelawny natal, cuando obtuvo su primera medalla de plata en la prueba de 200 metros.
Si en esa pequeña isla caribeña para entender sobre su música, el reggae, se hace imprescindible visitar el museo en el que se convirtió la casa de Bob Marley, para comprender cómo se gestó este fenómeno de tantos velocistas basta con caminar por las gradas del estadio Nacional, en plenas finales de atletismo de los Boys & Girls Champs que se desarrollan durante el mes de marzo con pruebas de pista y campo.
Afuera, el cartel con la leyenda "Sold Out" (entradas agotadas) aparece como una señal contundente: 35.000 personas que superan un partido de eliminatorias de fútbol entre la selección local y México, el oponente al que siempre quieren derrotar. Claro, el atletismo es una marca registrada en un país con poco más de 3 millones de habitantes y profundas diferencias sociales. De un lado, el sector minoritario de la sociedad, los ricos y blancos, más adeptos al criquet y al fútbol. Del otro, la comunidad negra más afín al atletismo. Dos extremos que se oponen ideológicamente a partir de una estratificación social aún vigente. La supuesta "superioridad de la civilización blanca" y la "inferioridad de los negros" se tornan casi palpables. En definitiva, una sociedad que fue esclavista y a la que todavía le cuesta reconocer el lema nacional "de muchos, un solo pueblo". En rigor, un mito desmentido por el propio hecho de la discriminación extraoficial contra los negros, más allá de la tardía independencia de 1962. Sin dudas, algo que se percibe en la Kingston actual. Allí, la sugerencia permanente es la de no caminar en soledad, por más que sea de día y el sol raje el asfalto mientras los conductores, siempre del lado derecho por la herencia y dominación británica, circulan a toda velocidad por sus calles. Mucho menos de noche.
El ruido de las vuvuzelas, indefectiblemente, remiten al Mundial de Sudáfrica 2010. En el país africano, esas trompetas alargadas ganaron gran notoriedad. Seis años después, en Jamaica, su sonido, por momentos ensordecedor, obliga a taparse los oídos. Las tribunas y plateas están colmadas y cada colegio elige un sector. Como si fueran hinchadas, aunque lejos de las oscuras barrabravas argentinas, se apropian de un espacio durante las casi 11 horas que dura cada una de las cuatro jornadas. Este torneo anual se desarrolla desde 1910 en el caso de los hombres y, apertura mediante, en 1957 incluyó a las mujeres. De un lado aparece el verde furioso de Calabar High School. Más allá, las banderas azules y blancas de Kingston College. Ambas escuelas, las más ganadoras y rivales de la capital jamaiquina, obtuvieron las generales masculinas 26 y 31 veces respectivamente en más de 100 años de historia de este campeonato.
Por caso, de Calabar provino la primera medalla de oro de la historia de Jamaica en Juegos Olímpicos. Fue Arthur Stanley Wint en los 400 metros de Londres 1948. Por supuesto, otros tantos colores (lila, negro, amarillo), varios estridentes, matizan al estadio con la famosa ola que va y viene para hacer ondear las banderas. “Esto es Jamaica de verdad. El atletismo es parte de nuestra cultura”, dice Kelly, una chica de 21 años que llevó a su hermanito, un nene de 8 años que sueña con algún día emular a los ídolos actuales.
Mientras el sol se pierde detrás de Long Mountain, un cordón montañoso que parte al medio a Kingston y donde se construyó un moderno proyecto inmobiliario, el día de competencias continúa con las torres de iluminación completamente encendidas.
Los Jamaica Champs simbolizan la zona de despegue y consolidación de las promesas que en el futuro seguirán los pasos de Usain Bolt, de Asafa Powell, Yohan Blake, Michael Frater, Shelly-Ann Fraser-Pryce o Veronica Campbell-Brown. Los atletas consolidados actúan como un inspirador espejo a imitar. En Jamaica, el atletismo puede explicarse como en Kenia o Etiopía: actúa como trampolín para salir adelante económica y socialmente.
Salvo Calabar, ninguna escuela tiene pista de tartán (material sintético poroso). Los chicos corren en pistas que son mayormente de tierra. Los resultados hablan por sí solos: en total, Jamaica cosecha 78 medallas olímpicas en atletismo (23 de oro, 33 de plata y 22 de bronce).
En los últimos años, la fortaleza de Jamaica en atletismo debió ser fortalecida. La tentación de los dólares como pasaje a una mejor vida empezaron a aparecer en el horizonte de muchos padres cuyos hijos estaban en pleno proceso evolutivo. Para blindar la tentación foránea, Jamaica estableció un programa estatal a partir de interesantes becas entre el Ministerio de Educación y las universidades locales. “Los ejemplos de Linford Christie y Donovan Bailey, quienes terminaron compitiendo para Gran Bretaña y Canadá, obligaron al Estado jamaiquino a repensar su política educativa y deportiva”, explica Colin Jackson, medallista olímpico en Seúl 1988. “El resultado fue casi inmediato. Aquí, por ejemplo, en la Universidad de las Indias Occidentales (UWI en sus siglas en inglés), en Kingston, donde se recibió sigue entrenándose Usain. El proceso se revirtió y Jamaica volvió a su lugar”, agrega el galés.
En la pista de tartán azul las finales se suceden y Christopher Taylor, de Calabar, acapara todos los flashes al ganar con récords incluidos los 400, 200 y la posta 4x100 metros. Este chico de 16 años (nació el 1 de octubre de 1999), que además se llevó el primer puesto en la posta 4x400, es el apuntado para seguir los pasos de Bolt. “Tiene el talento natural. No debe marearse, depende de él”, explican en la televisión local mientras muestran cada uno de sus triunfos.
El hombre más rápido del mundo tenía razón. Aquí, en vivo y en directo, se entiende el cómo, el cuándo y el por qué. Y Taylor, como Bolt en 2001, tampoco falló.


