Efecto Juegos Olímpicos: lo que Río nos dejó

Por primera vez la Argentina tuvo seis maratonistas en una cita olímpica; modelos a imitar para que este paso no quede trunco; la inversión necesaria que siempre puede ser mejor
Damián Cáceres
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17 de septiembre de 2016  • 17:09

Estos Juegos Olímpicos marcan un antes y un después". Las palabras pertenecen a Mariano Mastromarino , en la tranquilidad del regreso y el orgullo de sentirse olímpico tras varios intentos. Esta frase permite dar un paso adelante, más allá del desempeño y valorar el esfuerzo de quienes, durante años, cumplieron un sueño. ¿Cómo aprovechar el impacto de los Juegos Olímpicos? ¿Qué huella dejó la cita deportiva más universal en la Argentina? Estas son algunas de las preguntas que buscan respuesta. O, mejor dicho, que merecen respuestas. Más allá de los 213 deportistas argentinos, con especial hincapié en los corredores: ¿sirvió que seis maratonistas obtuvieran la clasificación? ¿El resultado fue el esperado? ¿Pudo mejorarse la performance? Cada una de las preguntas tiene una respuesta que merece un desarrollo.

A priori, aparece como auspicioso que por primera vez se haya completado el cupo masculino y femenino en los 42,195 km. También es cierto que la dispar actuación de Mariano Mastromarino, Luis Molina , Federico Bruno , Rosa Godoy , Viviana Chávez y María Peralta despertó un sinfín de opiniones y dejó abierto el debate acerca del futuro del atletismo argentino. Más precisamente acerca del futuro de los corredores de medio fondo y fondo. Porque Belén Casetta debe ser incluida. El resto de los atletas (Germán Lauro, Germán Chiaraviglio, Rocío Comba, Braian Toledo, Jennifer Dalhgren y Juan Manuel Cano) también son parte de esta historia, es verdad, aunque puede ser analizada en otra oportunidad. Hoy, aquí y ahora, se hará un recorte arbitrario pero necesario. Diferentes características tienen los saltadores y lanzadores y otras muy distintas los corredores. Ambos, es cierto, pertenecen a un mismo universo pero actúan como unidades diferentes de un mismo engranaje.

Diferencias

Entre Londres y Río hubo un aumento en la cantidad de atletas: de 9 se pasó a 13. De por sí, el crecimiento queda identificado y se justifica porque entre unos Juegos y los siguientes aparecen cuatro maratonistas más, que de no haber conseguido la marca mínima hubieran dejado igualada a una delegación nacional de atletismo de la anterior. Esto ya no es un síntoma. Es un efecto dado por la mayor cantidad de maratonistas con posibilidades de obtener el tiempo exigido por la Confederación Argentina de Atletismo (CADA).

De 9 a 13: la presencia argentina entre Londres 2012 y Río 2016 se vio fortalecida por los maratonistas que, pasaron de dos representantes a seis. Y Belén Casetta, que con 21 años estuvo en los 3000 metros con obstáculos

"Es muy bueno que hayamos tenido el cupo completo. Es importante y necesario para quienes hemos corrido porque esto deja una marca que ojalá pueda repetirse en lo sucesivo para ensanchar la base del atletismo. Pero que el árbol no tape el bosque. Nuestros atletas clasificaron merecidamente, pero seguimos lejos de un nivel mundial", dispara Oscar Cortínez, maratonista olímpico en Sydney 2000. "El hecho de poner marcas más accesibles en maratón por parte del Comité Olímpico Internacional (COI) obedece a un principio de universalidad. Y los chicos hicieron su parte. Bien ganada tuvieron su clasificación. Ahora, la clave es tomar esto como un puntapié inicial para mejorar los estándares de calidad para que lo atletas sólo se dediquen a lo suyo: correr. Ahí está una de las claves que los dirigentes deben entender. Además de eso, claro, se debe pensar en el atletismo de base. No hay corredores o hay pocos porque cada vez menos chicos corren. Esto es matemática pura. A menos chicos, menos atletas de elite o con condiciones de hacerlo", continúa.

Aporte: la Secretaría de Deporte de la Nación incrementó el apoyo en el atletismo; en este ciclo olímpico invirtió en becas 4.948.200 de pesos

El análisis del atleta ocho veces campeón argentino de maratón aparece como un dardo certero contra el sistema imperante. Es decir, contra la CADA. "Lo que le pasó a los chicos con la ropa no es algo nuevo. Sucede hace años, pero eso no habilita a conformarse y callarse. Somos nosotros quienes debemos visibilizar esta problemática para exigir el trato correspondiente”, enuncia Javier Carriqueo, quien no pudo clasificarse en maratón para Río para así sumar su tercera presencia consecutiva en unos Juegos Olímpicos. "Las cosas han mejorado desde la creación del Enard en 2009. También creo que esta CADA es mucho mejor que la de hace 20 años. Pero cuidado, esto como lo de la ropa no se lo debe esconder debajo de la alfombra. Sería negar lo que pasa. Al contrario. Creo que las mismas exigencias que existen para los atletas deberían derramarse en los dirigentes”, detalla Carriqueo. Y continúa: "Es momento de dar un salto cualitativo con dirigentes profesionales que sólo se dediquen a lo suyo: a cuidar a los deportistas y conseguir sponsors. Siempre me pregunto por qué en la Argentina el atletismo no aparece como vendible. No quiero mencionar a ningún deporte en particular, pero por qué algunos aparecen en la televisión y otros no. Simplemente porque saben hacerlos atractivos. Y eso se inicia en la dirigencia".

¿Modelos a copiar?

El éxito de Colombia en los Juegos Olímpicos no es nuevo. El de Gran Bretaña tampoco. Ambos países, con diferentes realidades sociales, culturales y políticas, a su medida, lograron mejorar. Con la lógica de no estancarse lograron seguir, cada una de acuerdo a sus posibilidades, como protagonistas.

En Londres 2012, el país cafetero había demostrado un importante crecimiento y en Río no hizo más que ratificar el rumbo emprendido. En Brasil logró su mejor posición en el medallero, con tres medallas de oro, dos de plata y tres de bronce. Su resurgir comenzó a gestarse luego de Atlanta 1996 con un cambio radical en su política deportiva tras los malos resultados en la ciudad estadounidense. Cinco Juegos después, el presente colombiano es otro. Miró hacia adelante y trazó objetivos a corto, mediano y largo plazo. En definitiva, tras una mala performance actuó sin desesperarse con un plan que incluyó a todas las partes: dirigentes, deportistas, entrenadores, sponsors y el propio Estado. Las autoridades entendieron que sus deportistas podían rendir más y, por eso, decidieron mejorar la inversión y la planificación.

La clave fue un impuesto de 4% a la telefonía celular impulsado desde el año 2002 por el gobierno de Álvaro Uribe. De ese 4%, el 3% se deriva al deporte y el 1% es para el arte. Mediante ese sistema y con el crecimiento de la red de telefonía, se pasó de recaudar 9.600.000 de dólares en 2003 a 43 millones en 2010, previo a Londres 2012. Todo esto fue acompañado por otras estrategias, como mejorar las infraestructuras, expandir el deporte a todo el país y definir las disciplinas con más opciones de medalla: pesas, boxeo, judo, lucha, atletismo y ciclismo.

En Londres, Colombia tuvo el primer indicio de que la planificación daba resultado al ganar ocho medallas, una de ellas de oro. Luego, lo ratificó en distintos torneos regionales, mientras que en los Panamericanos de 2015 superó en medallas a Argentina, Venezuela y a México. En cuanto a sus atletas, puso en práctica el programa Deportista Apoyado que da incentivos a los medallistas para que se dediquen sólo al deporte. Los estímulos mensuales oscilan entre 360 a 1500 dólares. Y en su búsqueda por mejorar el nivel de sus deportistas con posibilidades reales de medallas contrataron a entrenadores extranjeros para que los perfeccionen aún más.

Balance deportivo: la actuación de los maratonistas quedó signada por su ubicación. Mastromarino fue el más consistente al arribar a la meta 53ro en 2:18.44 (Eliud Kipchoge se impuso en 2:08.44). Luego llegaron Luis Molina (89no) y Federico Bruno (137mo). Entre las mujeres, la mejor fue la cordobesa Rosa Godoy (110ma), con 2:52.31; y luego Viviana Chávez (125ta), con 3:03.23. No pudo completar la carrera María Peralta, quien a la altura del km 19 debió abandonar.

La resurrección deportiva de Gran Bretaña también tiene a Atlanta 1996 como punto de partida, tras una frustrante actuación. El país europeo había tocado fondo con la peor producción desde Helsinki 1952. Consiguió 15 medallas y una sola de oro (en remo) que lo ubicaron en el puesto 36 del medallero. Desde ese momento buscó volver a su lugar preponderante y, para eso, intentó mejorar el rendimiento mediante la UK Sports, una fundación que recibe dos tercios de sus ingresos de parte de la Lotería Nacional y que administra los fondos para los deportistas. Hasta Atlanta, el gobierno británico gastaba por año 6.535.000 millones de dólares para financiar los distintos deportes olímpicos. Luego, en Sidney 2000, con el fondo puesto en funcionamiento, logró superar poco más de once veces ese monto que se tradujo en resultados inmediatos: 28 medallas y un 10° lugar en el medallero. Doce años después de Sidney, cuando Gran Bretaña fue anfitriona de los Juegos de Londres, según detalló la BBC, la cifra trepó a 345.000.000 de dólares y el local obtuvo 65 medallas, con el tercer puesto en la tabla general. En promedio, el 25% del dinero de la venta de tickets de la Lotería británica se gastan en beneficencia y un 20% se inyecta directamente en el deporte. Con lo que queda en UK Sport se benefician los consejos deportivos de cada región de Gran Bretaña (Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte) que son los que financian los distintos deportes comunitarios.

El rating que habla

La lucha por el rating no conoce frentes ajenos. Cualquier trinchera es buena para sumar televidentes que pueden traducirse en anunciantes. Y la exposición de los Juegos en la televisión argentina no fue la excepción. Un canal de aire (la TV Pública) y cuatro de cable (TyC Sports, DirecTV, Fox Sports y ESPN) tuvieron como nunca antes grillas cargadas, con enviados especiales a raudales. La batalla por el rating olímpico se tradujo en, por ejemplo, la merma que sufrió Netflix. El tráfico de la señal de películas y entretenimiento online se redujo un 10%, mientras que en Brasil tocó el 25%. Por caso, en la ceremonia de inauguración, la TV Pública lideró la batalla del rating con 5,5. Mientras que en el caso de la lucha en el cable, TyC Sports consiguió 3,24; Fox Sports, 0,89; ESPN, con sus dos señales, sumó 1,61. En cambio, los números de DirecTV no cuentan con medición, aunque es notable la penetración del canal en Sudamérica. En el global de los Juegos, el rating de TyC Sports fue de 1,82, Fox Sports 0,80; ESPN 1,63. Y en el horario puntual de 12 a 24, es decir durante las horas de competencia, TyC Sports lideró con 2,41; Espn 2,16 y Fox Sports 0,79. Toda la transmisión de la TV Pública logró un promedio de 4,2 puntos, en las 153 emisiones que tuvo, a lo largo de los 18 días. Su pico más alto lo conoció el domingo 14 de agosto con el partido de tenis de Juan Manuel Del Potro contra Andy Murray, que alcanzó un rating de 12,9 puntos.

Más allá de los números y del rating, lo destacado, que ya se había producido en Londres 2012, fue la importancia y el interés de los televidentes por la cita olímpica. Una muestra de que cuando el evento tiene nivel y figuras, cualquier deporte puede ser interesante de ver.

Apoyo

La creación del Enard en 2009 y su puesta en funcionamiento en 2010 logró una sensible mejoría para los deportistas. Por caso, el programa de becas del Enard, en el período 2015 donde la Argentina tuvo presencia en los Juegos Panamericanos de Toronto, muestra en un informe de acceso público que atletas como Federico Bruno, medalla de oro en los Juegos Odesur 2014 en 1500 metros, contaba con un apoyo de $4300 mensuales. Un escalón más abajo y previo a su medalla de bronce en Toronto, aparecen Mariano Mastromarino, al igual que su coterránea María Peralta y la cordobesa Rosa Godoy, con 3000 pesos. Más arriba en el escalafón está el diploma olímpico Germán Lauro ($12.500). A esto, claro, hay que sumarle las becas de Secretaría de Deporte de la Nación que en el período posterior a Londres y previo a Río 2016, en lo que es atletismo, pasó de $749.400 anuales (2013) a 2.046.000 en 2013 con 29 atletas becados (12 olímpicos que reciben $8000 cada uno). "En todo el ciclo olímpico en lo que son las becas, la Secretaría invirtió $4.948.200", explicaron desde la Secretaría de Deporte de la Nación.

La inversión está y, con la profesionalización de la dirigencia, es lógico que en Tokio mejore los fondos inyectados para que los atletas se dediquen a un solo trabajo: entrenar, descansar, alimentarse y competir. El futuro es hoy. Aquí y ahora. No hay tiempo que perder. Como dijo el profesor Borja García, de la Universidad de Loughborough, a la BBC: "No es tanto el monto de dinero, sino la forma en la que se enfoca, se invierte y se audita".

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