Ironman solidario: el desafío de Esteban Galuzzi

Empresario y triatleta amateur, a los 47 años decidió participar de la prueba que se desarrolló en Nordelta para recaudar fondos para la Fundación Power Chair Football Argentina; finalizó 980º en la general y logró juntar 300.000 pesos
Juan Pablo Calviño
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18 de mayo de 2016  • 16:22

Esteban Galuzzi jugó al tenis toda su vida. A los 40 años se realizó el primer chequeo médico completo y todo cambió. Para siempre. "Después de todas las preguntas y ver los resultados, el doctor me dijo que era uno de esos que a los 50 le agarra un bobazo y nunca nadie supo por qué. Apareció un problema congénito en las arterias, una placa más gruesa en la carótida. Fue un baldazo de agua", confiesa el padre de tres hijos adolescentes que, en aquel tiempo, comenzó a hacer spinning porque correr le daba fiaca. Calzarse las zapatillas para salir a correr le resultaba una tortura.

A los 43 sufrió una lesión en el hombro y se operó, pero no volvió a jugar como antes. Un año después, el amigo con el que salía a pedalear se anotó en el Medio IM de Saint Croix, en una pequeña isla en el Mar Caribe. "Para mí, los triatletas eran esos locos que hacían esas carreras imposibles", relata Galuzzi, que en noviembre de 2012 buscó un entrenador y con mucha dedicación logró completar su primer 70.3 en 6h44m. Nada mal para un debutante. "Me sobró, fui muy cauto en la corrida, pude hacerlo, y quedé con ganas de mejorar el tiempo", rememora. Y añade: "Sabía que estaba para más, pero fui muy cauto. Era un debut y no estaba para hacer locuras".

Para su segunda experiencia fue a correr el Half de Miami en noviembre de 2014. "Me la creí un poco, no lo hice con tanta disciplina. Nadé muy mal, anduve bien en la bici y me costó horrores correr. El foco estaba en otro lado. Pensaba bajar las 6 horas y me quedé en 6h10m", destila implacable el ingeniero industrial que terminó rebajando 34 minutos pero no quedó conforme.

Con la cadencia de correr, al año y medio apuntaba a Mallorca o Barcelona, pero cuando apareció la posibilidad de Buenos Aires, en Nordelta, el lugar donde siempre se entrena, no lo dudó y se inscribió .

En el primer IronMan oficial de la Argentina, Esteban quería romper la barrera de las seis horas y necesitaba una motivación extra para entrenarse con un foco claro. "Asistí a la cena benéfica de la Fundación Powerchair Football Argentina, la fundación que hace jugar al fútbol a los chicos que están en silla de ruedas, transformándolos de espectadores en protagonistas del deporte, con todo lo que ello significa. Aparte de pagar la entrada hay subastas para recaudar fondos, camisetas de Messi, de River y Boca autografiadas. Pensé cómo podía ayudar y ahí es donde enganché las dos puntas. Encontré una forma para poder colaborar y recaudar. Lo hablé con ellos y les gustó la idea de correr en Buenos Aires por una causa así", comenta Esteban que eligió Power Chair debido a que su hijo menor es amigo de un chico que está en silla de ruedas a causa de una enfermedad degenerativa.

Así nació "Desafialo a Esteban", invitando a las personas a donar dinero por cada minuto que lograra bajar de su tiempo anterior. A fin de año empezaron con la logística, el sitio web, el mecanismo para que la gente pueda depositar, el spot publicitario y los contactos con los medios. "El 20 de diciembre me fui de vacaciones a Uruguay y ese fue el momento de empezar a entrenar fuerte. Me pesaba saber que tenía que meter 15 horas a la semana para no hacer un papelón en la carrera. También me pesaba lograr que funcione la acción para recaudar plata. Mi verano fue entrenar, hacer campaña y dormir", dice Galuzzi, que no usaba las redes sociales pero tuvo que empezar a manejar Facebook y Twitter. "Sin el lazo que ofrecen las redes sociales iba a ser mucho más difícil y complejo dar a conocer mi misión. Por eso, debí aprender sobre un mundo nuevo, casi ajeno a mí", explica.

Así comenzó a grabar videos contando lo que hacía, para mantener latente la campaña. "Salía a entrenar con otros atletas, con la gente que me cuidaba las cosas en la playa cuando me tiraba a nadar. Se convirtió en un reality que giraba alrededor de las cosas que me sucedían hasta llegar a la línea de largada. Después empecé a grabar a otros con los chicos de Powerchair y uno muy especial con Valentino y la familia del amigo de mi hijo que tuvo más de seis mil vistas", describe Esteban.

Todo fue de menor a mayor. De las 260 personas que pusieron un promedio de $50 por minuto, de golpe aparecieron sponsor corporativos, salieron notas en diferentes medios que le dieron mayor difusión y masividad a la movida solidaria y hasta un spot que salió en la televisión. Como todo lo bueno y positivo, aparecieron algunos contratiempos. "Empezaron a surgir compromisos que me quitaban tiempo de entrenamiento", admite el gerente comercial para Sudamérica de Intel. "El viernes y sábado previo a la carrera estuve todo el día en la Expo. El domingo me desperté 5.30 salí y en el camino me di cuenta que había dejado las caramañolas en casa. Pegué la vuelta para buscarlas y llegué a Nordelta con los minutos contados. Me fui con la caja para dejar todo listo en el parque cerrado antes de que cierre, y al llegar me di cuenta que me faltaban las botellas, esta vez olvidadas en el auto. Sonó el teléfono veinte minutos antes de largar para hacer una nota que tenía pautada", relata Esteban, que no tuvo ni tiempo de contextualizar lo que estaba por suceder ni de poner la mente en blanco.

Su categoría largaba 8.10 y cayó en la cuenta de que estaba en la carrera apenas cuando estaba en la plataforma para tirarse al agua. "Los primeros mil metros de la natación, no sé si por la adrenalina o el estrés, los hice sin poder respirar bien. Recién en el retome pude cambiar el aire. Cuando salí del agua dije esto viene bárbaro", dice el triatleta que quería hacer menos de 50 minutos y salió del agua a los 41. "En el ciclismo, los primeros 30k los hice fuerte, con el pulso muy alto, y luego me fui acomodando al ritmo promedio para no hipotecar el resto. En un momento me empecé a dar cuenta que me estaba cansando, se me agarrotaba el cuádricep y lo tenía que masajear. Así surgió una batalla interna entre cuidarme y regular, contra darle hasta no dar más", añade.

A las 12 del mediodía, mientras el australiano Sam Appleton ya disfrutaba de la victoria, Esteban se bajó de la bici cansado. "Puse los pies en el piso y sentí que no había forma de salir a correr los 21k. Mientras salía, me distraje con la arenga de la gente. Me acordé de la mala experiencia de Miami, y al ver que iba a 5m10s por kilómetro, decidí levantar el pie del acelerador y pasé a 5m50s. Era el mejor negocio. Si lo mantenía iba por un tiempazo. Al ser dos vueltas, el circuito ayuda para distraerse. Me sorprendía la cantidad de personas que donaron y se acercaron a alentarme. Me motivaba muchísimo ver a mi familia, muchos amigos con sus hijos, la gente de Powerchair. De quedar solo a ver a gente del trabajo, de la facultad que hace muchos años no veía", comenta Esteban que la noche anterior había leído la lista de todos los que aportaron para acordarse y tenerlos presentes. "Mantuve el paso hasta que en el km 13 se me empezaron a ir los parciales. Pero en los últimos 8k puse todo para lograr la meta. Fue una carrera muy mental", recuerda el atleta de 47 años.

"Crucé la meta, hice dos pasos, paré el reloj y me quedé clavado. Se me caían las lágrimas y no tenía a nadie a quien abrazar. A todo deportista que termina un Ironman se le cruzan mil cosas por la cabeza, yo además tenía una obligación y una carga emotiva extra. En ese momento no miré el reloj. Terminé, bajé minutos, conseguimos recaudar la plata, tener a la familia y los amigos ahí, porque una cosa es contarlo y mostrarles el video de la carrera y otra muy distinta es que lo vean en persona", confiesa Galuzzi que cronometró 5h48m, y logró bajar 22 minutos que le valieron muchas cargadas y 300 mil pesos de recaudación.

Por el prójimo

En la Argentina es normal participar en una carrera a beneficio, pero son pocos los corredores que llevan un propósito filantrópico. Con el crecimiento de la actividad, en poco tiempo, se le dará continuidad a este tipo de propuestas, donde la meta también sea ayudar.

Próxima edición, confirmada

El próximo 12 de marzo se realizará la segunda edición del Ironman 70.3 de Buenos Aires. Con un cupo máximo de 2200 participantes, la prueba en la que se nada en aguas abiertas 1900 metros, se pedalean 90 kilómetros y se corren 21 km volverá a concretarse en Nordelta, en la localidad bonaerense de Tigre.

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