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Correr puede ser una forma de escaparse y también una manera de acercarse al lugar donde uno busca estar. Correr fue para Marcela Pensa las dos cosas y muchas más. Fue un bálsamo y un espacio de elevación. Fue la única constante en una vida agitada, sacudida por la violencia y el dolor. Fue el alivio, el remedio para esos males.
Hoy, con los momentos tortuosos en el espejo retrovisor, correr sigue significado una enorme liberación. A fines de 2006, Marcela cruzó la Cordillera corriendo en equipo el verdadero Cruce de los Andes (en la posta de 12 por 42 kilómetros asumió la etapa más difícil, a 4700 metros de altura) y fue elegida por un diario para conformar el selecto grupo de "Mujeres del año". En este aparente momento alegre de su vida, ella tuvo que maquillar, antes de la producción de fotos que incluía la convocatoria, los moretones por los golpes que su pareja le asestaba cada día. "Tenía golpes en la cabeza, y yo les decía a todos que me había caído. Como hacía mucho deporte, pensaban que los golpes se debían a eso. Yo seguía compitiendo, yendo a carreras, pero mi casa era un infierno", recuerda, ya con la tranquilidad de haber podido revertir su realidad.
Poco antes de aquellas imágenes que la muestran sonriendo, a Marcela casi la tiran de un balcón. Una discusión volvió a desatar la furia de su pareja, que intentó lanzarla desde el séptimo piso en el que vivían ambos. De alguna manera que no puede precisar, ella escapó y se refugió junto a quien le dio contención y cariño permanentemente: Stella Maris del Papa, la primera mujer en correr un maratón en suelo argentino. Un vínculo que surgió, inevitablemente, corriendo.
Inmersa en una relación enferma, dominada por la personalidad manipuladora de su pareja, aún después de ese intento de homicidio (el golpeador le confesó a Stella Maris que su idea era tirar a Marcela y luego suicidarse), Marcela continuó, a pesar de todo, un año más con esa persona. Conviviendo con el miedo a ser asesinada cada día, el running fue su oasis: "Correr es sanador. Ahí siempre pude sacar todo lo que siento y conectarme con lo mejor de la vida. Incluso cuando estaba muy mal, corriendo sentía paz. En momentos de crisis era mi espacio, el lugar donde nadie podía interferir conmigo".

Después de aquel episodio, el velo que le impedía ver su problema se esfumó. Comenzó a ir a terapia con una psicóloga especializada en violencia de género y dejó de ocultar sus problemas. Aunque esto le trajo otras consecuencias dolorosas (el grupo que tenía en común con su pareja, entrenador de atletismo, tomó partido por él y la hizo a un lado), con el tiempo pudo hacerse fuerte y tomar el coraje necesario para alejarse para siempre de ese vínculo dañino, violento. El miedo le impidió radicar una denuncia policial pero, al menos, ella quedó a salvo.
La vida llevó a Marcela a Catamarca, donde entrena a un numeroso grupo de trail running y donde también se involucró en la organización de carreras. Las montañas siempre la tentaron, y hoy son el escenario de sus mejores momentos. Después de 30 años en este deporte, de pasar por todas las distancias y exigencias, ahora corre más tranquila, simplemente para disfrutar y buscar sensaciones que no encuentra en ningún otro lugar: "Corriendo me conecto con todos mis sentidos. A veces alcanzo niveles altos de meditación. Dos veces me vi a mí misma desde afuera. Me dio miedo y fue muy lindo a la vez. Después supe que era un estado de meditación total. Es como levitar, irte de tu cuerpo. Cuando corro me digo ‘qué feliz que estoy’. El cansancio, los dolores, los paso por alto".
Estos dolores, aquellos otros, todos quedan atrás. Corre y los deja en el camino, ese mismo camino que sigue recorriendo en busca de más libertad y autoconocimiento. Aquella mujer con voluntad mutilada quedó, más que a kilómetros de distancia, a años luz.
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Corredora, entrenadora y organizadora de carreras. La vida de Marcela se mueve en zapatillas y, al mismo tiempo, ella hace girar este universo al que cada vez pertenecen más personas. Las montañas, esas cicatrices gigantes, arrugas producidas por colisiones miles de kilómetros bajo tierra, que emergen renovadas, ajenas a ese choque, son las que la cobijan. Ella también salió a la superficie luego de un estruendo. Allí, en esos paisajes, con cordones montañosos intercalados por valles fértiles, EcoCatamarca, la organización de la que forma parte, llevará a cabo una nueva edición de Puna Race: una carrera de trail multidistancia (8k, 15k, 25k y 50k) que se correrá el 29 de octubre. Y buena parte de sus alumnos del Team Leones del Ambato, el grupo que creció hasta tener hoy alrededor de doscientos integrantes, estarán en la carrera.
Por Juan Martínez


