Toribio Gutiérrez: bienvenido al triatlón

Fue uno de los mejores maratonistas argentinos; con 2h15m1s, tiene la quinta mejor marca del país; en octubre próximo disputará el mítico campeonato del mundo en la isla de Hawai
En la Maratón de Mar del Plata de 1989
En la Maratón de Mar del Plata de 1989 Fuente: LA NACION
Fue uno de los mejores maratonistas argentinos; con 2h15m1s, tiene la quinta mejor marca del país; en octubre próximo disputará el mítico campeonato del mundo en la isla de Hawai
Marcelo La Gattina
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31 de julio de 2015  • 23:37

Toribio, en uno de los tramos del triatlón de Chascomús 2014
Toribio, en uno de los tramos del triatlón de Chascomús 2014 Crédito: Soyfiniser.com

Es temprano y hace frío en el campo de deportes de Lomas de Zamora. En la pista se ve superabrigada a una persona tomando los tiempos a sus atletas. Con tanto abrigo, apenas puede apretar los botones de su cronómetro. Hay un gran número de corredores para el horario madrugador y la baja temperatura.

Pero todos los que están allí saben muy bien de quién se trata. Es Toribio Gutiérrez, uno de los mejores maratonistas que dio el país, quinta mejor marca histórica, con 2h15m1s, ganador al menos una vez de las pruebas de 42k que se realizan en la Argentina, entre muchos otros triunfos.

Pero su jornada no termina luego de la vuelta a la calma junto al grupo. En realidad, apenas comienza. Luego tendrá que ir a nadar o pedalear, según qué toque en la planificación.

Tras dejar la actividad a los 42 años, volvió a uno de los deportes que lo atrapó de adolescente: el triatlón. "En 1984 se hizo en Vicente López la primera competencia en el país. Me enteré por un amigo, me preparé dos semanas y largué. Fueron 1,2 kilómetros de natación, 40 de ciclismo y 8 de atletismo, y gané. Quedé enamorado del deporte. Poco después se hacía un selectivo de 30 kilómetros en el club GEBA y fui", recuerda. Ese selectivo marcó un quiebre en la vida del entrerriano. Terminó cuarto y allí conoció al entrenador Manolo Rivera. "Lo quiero corredor. Nada de triatlón", casi que lo prepoteó el notable hacedor de grandes atletas argentinos. "A partir de ahí no paré de correr", cuenta. Don Manolo, otra vez, volvía a tener razón. Viejo zorro del atletismo argentino, lo catapultó al deporte de alto rendimiento.

Pistas. Un anhelo para Toribio es que las pistas sintéticas se multipliquen en el país. Recientemente, en Concordia, su ciudad natal, inauguraron la primera de la Mesopotamia. Hay otra en construcción.

Llegaron los récords, las representaciones internacionales y la gloria hasta que las rodillas le dijeron basta luego del mundial de veteranos en 2011. "Tuve que superar cuatro operaciones de meniscos y mis rodillas ya no podían soportar el desgaste de correr. No me di por vencido. Siempre estuve motivado y encontré en el triatlón las ganas de mantenerme en forma y competitivo. Me gusta ganar, siempre. Veo alguien caminando delante mío y lo quiero pasar. Siempre fue así", se describe.

Volvió poniendo la exigencia bien alta. En 2012 se anotó en el medio Ironman de Penha, Brasil (1,9k-90k21k) y en mayo pasado debutó en la distancia máxima, en el Ironman de Florianópolis. "Lo que más me cuesta es la natación. De chico aprendí a nadar en el río a los chapuzones. Nunca tuve una pileta ni un profesor que me enseñe en Concordia, pero me las arreglé. En ciclismo y atletismo no tuve problemas para acomodarme", reconoce.

Quién es más fuerte

El triatlón distancia Ironman surge en un bar de Hawai en 1978, luego de unas cuantas cervezas, como un desafío entre marines. Ellos querían saber qué prueba de la isla era más dura, si los 3,8k de natación, la de 180k de ciclismo o los 42k del maratón. Allí Jonh Collins, un oficial de la marina, propuso realizar las tres pruebas juntas y aquel que resultara ganador sería considerado un Hombre de Hierro.

Cuna de campeones. Antonio Silio, Luis Migueles, Toribio Gutiérrez, Federico Bruno, algunas estrellas de ayer y de hoy que surgieron de Entre Ríos. "El sueño de salir de la provincia, querer ser alguien, es lo que me despertó esas ganas de superarme. Conseguir apoyo es muy difícil, sobre todo en el interior del país. Antes y ahora", cuenta Toribio.

En América del Sur, la única prueba clasificatoria para el mundial que se realiza en Hawai todos los años en octubre, es en Florianópolis. Allí, Toribio disputó por segunda vez el reto y logró la clasificación luego de completar el recorrido en 11h3m50s. "Es más duro correr una maratón que un Ironman", sentencia el Toro. "Si querés buscar una marca en 42K, vas a tener que ir a tu máximo esfuerzo desde el comienzo. En una prueba tan larga como el Ironman, podés ir regulando las intensidades", explica. "Cuando comencé a correr estas pruebas creía que toda la experiencia que tenía en largas distancias me iba a ayudar en la competencia. Pero me di cuenta de que aún tengo mucho para aprender. Iré con esa idea al Mundial. Disfrutar y aprovechar la oportunidad al máximo para intentar repetir en el futuro y volver competitivo", dice.

Sus atletas y fans lo escuchan con atención. El Toro siempre deja un concepto, una historia, algo para aprender. "Tengo una gran responsabilidad al estar frente a un grupo. Intento devolver algo de lo que me dio el deporte y mejorar la calidad de vida de las personas. La mayoría de los que se entrenan conmigo no buscan una marca, sino sentirse mejor", precisa.

Como una parábola, la charla vuelve al comienzo, al momento preciso en que conoció a Manolo Rivera y lo llevó a refugiarse deportivamente en el atletismo. "No me arrepentí nunca de la decisión que tomé. El atletismo me salvó la vida, me hizo conocer el país… el mundo, comprarme mi casa. Algunos me dicen que si hubiera sido triatleta también hubiera ganado y sido un campeón. Pero correr me hace sentir libre, nunca renunciaría al sueño de correr. Me hace sentir feliz", revela.

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