La renovación en la selección tiene en Juan Foyth a un zaguero inteligente y con buen pie

.Foyth, en acción para anticipar a Pulido en el triunfo sobre México
.Foyth, en acción para anticipar a Pulido en el triunfo sobre México Fuente: FotoBAIRES
Javier Saúl
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17 de noviembre de 2018  • 21:44

CORDOBA.– "Jugó como si tuviese 100 partidos en la selección ", dispara Ramiro Funes Mori en la zona mixta del estadio Mario Alberto Kempes. "Creo que estamos delante de un gran central, un jugador importante para el futuro de la Argentina", añade Lionel Scaloni , a solo un pequeño pasillo de distancia. Mientras, Juan Marcos Foyth sale del vestuario albiceleste con su mejor disfraz: la cara de adolescente es la máscara perfecta para un defensor con una personalidad arrolladora. Su debut en la selección resulta un escalón más en un plan de carrera armado con paciencia y seguridad.

No se amedrentó en las selecciones juveniles, mostró algo de su calidad en solo nueve partidos en Estudiantes y ya tuvo tiempo para recibir elogios en el Tottenham inglés, que no dudó en pagar 12 millones de euros para llevarse a la perla de la generación 98. Y donde cuenta con la protección de Mauricio Pochettino, quien en los últimos días destacó el llamativo combo de inteligencia, elegancia y madurez del central de 20 años. ¿Dónde está el secreto de Foyth? "Creo que uno tiene que estar siempre tranquilo para cuando le toque alguna posibilidad. Y jugar en la selección es algo que soñaba desde que empecé a jugar al fútbol, por lo que lo disfruto mucho", cuenta, en diálogo con LA NACION, tras el triunfo 2-0 ante México, en el que fue reconocido por los organizadores como la figura del encuentro. Con la familia como eje y la biblioteca de Estudiantes en su escritorio, el pequeño gigante pisa firme.

"¿En quién pienso cuando se dan estos partidos? En mi familia, en mis amigos, en mi entorno. Sinceramente, es difícil caer, pensar en frío lo que me está pasando. Estuve ansioso en la previa, pero después uno entra y solo tiene que jugar al fútbol y hacer lo mejor posible. Pienso en todo lo vivido y solo siento alegría. La tranquilidad viene de todos los que me apoyan y de Estudiantes, que me enseñó los valores para llegar acá", revela.

Con su metro ochenta y siete, su pasado poco tiene que ver con la última línea. Y explica mucho de su manejo de pelota: en inferiores jugaba de enganche y el espejo devolvía la imagen del brasileño Kaká. "Era un jugador distinto y jugaba como conductor porque tenía una técnica increíble y una pegada excelente", señaló Diego Bottegal, su director técnico en las juveniles del Pincha, cuando se conoció la convocatoria para la selección. El estirón lo sacó del mediocampo y con el tiempo tuvo que aceptar que su lugar en el mundo iba a estar en la zaga central. Aunque gracias a esa experiencia como volante dice sentirse cómodo ante los pedidos de Scaloni y su cuerpo técnico: "Antes del partido me pidieron que juegue rápido, vertical, que tenga predisposición para jugar siempre, aunque sabiendo elegir cuándo salir jugando y cuándo no, y que seamos nosotros los que llevemos el partido adelante".

Atrás quedaron los seis puntos en la cara por un roce con Walter Kannemann que lo tuvieron en duda para el amistoso del viernes, y un diálogo con el cuerpo médico que dejó en claro que no había corte que lo pudiese dejar afuera del once inicial ante México: "Hablé con el médico y lo primero que le pregunté era si podía jugar. No era nada muscular, era solo un corte. Siempre quise jugar y si se volvía a abrir… se volvían a hacer los puntos". El apósito en el pómulo derecho quedará como recuerdo en las fotos del estreno.

Con la cabeza en alto, acepta los elogios, pero mantiene los pies sobre la tierra y valora que le queda mucho por pulir. Sabe que el camino es largo y escucha los consejos que llegan de compañeros y entrenadores. Puertas adentro, en la selección valoran su capacidad, pero también destacan que "hay que ayudarlo, hablar mucho con él" y que todavía "tiene mucho que aprender". "Su técnico lo está llevando de una manera extraordinaria", destacó Scaloni sobre los minutos que le va otorgando Pochettino en Tottenham. Aunque algo está claro: su escuela parece estar en las canchas. Se adapta sin inconvenientes a los desafíos y crece con el pasar de los minutos. El rodaje de esta transición forzada de la selección resulta la oportunidad perfecta. Sabe que es parte de un recambio y que tiene que aprovechar cada una de las oportunidades.

En tiempos de apariciones en cuentagotas, su desempeño en la noche cordobesa resultó una brisa de aire fresco para quienes no lo tenían en su radar y la confirmación de un diamante en bruto para aquellos que ya habían tomado nota de su talento en la Sub 20 de Claudio Úbeda o en el puñado de encuentros en Estudiantes. El chico de tranco firme, juego aéreo y manejo del balón que busca hacerse un lugar en una selección que transita el cambio de época. El tiempista de mirada angelical.

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