Shai Manzuri, el deportista israelí que eligió ser argentino y cuando llegó "no hablaba una goma" de español

Shalom Shai Manzuri, durante el partido de ayer en dobles
Shalom Shai Manzuri, durante el partido de ayer en dobles Crédito: Maxie Amena
Nació en Israel, se crió en Estados Unidos y se recibió de médico en Buenos Aires; junto a Daniel Maggi, integran la dupla masculina argentina de racquetball
Germán Leza
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24 de julio de 2015  • 14:14

TORONTO.- Shalom Shai Manzuri nació en Haifa, Israel. A los dos meses de vida partió a Estados Unidos. Se crió en el condado de Orange, cerca de Los Angeles. Su padre es israelí y su madre cordobesa. Como entre ellos hablaban en hebreo, Shai nunca había escuchado el acento argentino. No se nota. Entre sus principales latiguillos se puede citar: "¿Viste?", "obvio", "es un quilombo", "cero", "es un bardo", "muy gracioso". Es que este argentino-israelí-estadounidense hizo un curso intensivo de cinco años que lo marcó de por vida.

A los 18 años decidió mudarse a la pensión del Cenard , en Buenos Aires, para seguir sus dos pasiones: el racquetball y la medicina. "Yo te identifico todos los acentos de la Argentina. Viví con riojanos, cordobeses, tucumanos, boxeadores, karatekas…Fue un shock cultural para mí, que venía una familia de clase media de Estados Unidos", le cuenta Shai a canchallena.com.

-¿Y hablabas español?

-No hablaba una goma.- responde Shai con acento porteño, y cuenta que en el primer año de medicina se compraba los libros en español y en inglés.

-¿Pero tu mamá no te hablaba en español?

-Mi vieja habla mal inglés, mal hebreo, mal español…Tiene un quilombo en la cabeza- se ríe Manzuri.

-¿Y a tus hijos les hablás en español?

-A mis hijos les hablo en hebreo y mi esposa, que es colombiana, les habla en español.

Shai Manzuri participó en cuatro Juegos Panamericanos : Winnipeg 99, Santo Domingo 2003, Guadalajara 2011 y en estos de Toronto. Junto a Daniel Maggi ganaron lo que era la única medalla de la Argentina en racquetball en un Juego (bronce, en Santo Domingo). Ayer, en dobles, quedaron eliminados ante la dupla canadiense Gagnou-Landeryou. Mañana, tendrán una revancha cuando empiece la competencia por equipos (con modalidad similar a Copa Davis: dos singles y un dobles).

Crédito: Maxie Amena

Shai se recibió de médico en la Universidad Maimónides y en Nueva York terminó de hacer la residencia. Se especializó en terapia intensiva pediátrica. "Mi vida es muy a full- describe- en el trabajo y en el deporte". Ayer, después de perder los cuartos de final junto a Daniel Maggi ante una dupla canadiense, Shai no se podía recomponer emocionalmente y lloraba sentado en el piso, con las manos en su cabeza. "Son muchas emociones, yo entreno muy duro para esto. Después de una guardia de 30 horas en el hospital me voy a entrenarme al gimnasio", relata, mientras que otra vez se le nublan los ojos y se le anuda la garganta. "El otro día fui a ver a las chicas del beach vóley. Ganaron y me emocioné mucho", cuenta para explicar por qué vive tan intensamente competir en estos Juegos Panamericanos para la Argentina.

En su whats app aparecen amigos argentinos de todos los círculos por los que transitó en Buenos Aires. Despues de vivir tres años en la pensión del Cenard, Shai se mudó a un departamento y explica por qué tiene una unión tan fuerte con la Argentina: "Cuando te hacés adulto es entre los 18 y los 24 años, y yo me formé en la Argentina. Seguí un montón el Mundial, la Copa América, lo sufrí mucho". Pero así como esos primeros meses en el Cenard no fueron sencillos, el regreso a Estados Unidos tampoco. "El vínculo que las personas tienen en la Argentina es muy fuerte. Cuando volví me costó un montón. Además, muy aburrido, no veía gente", explica. Y recuerda una anécdota que jamás olvidará: "Una noche salimos con un amigo boxeador de la pensión, y en el boliche terminó agarrándose a trompadas. Tuvimos que salir corriendo. Imaginate. De eso, a Estados Unidos. Muy aburrido", rememora. Ahora es turno de ver a sus compañeras María José Vargas y Veronique Guillemete, canadiense y casada con Daniel Maggi. El hermano de Shai, Gil Manzuri, lo acompaña y alienta con un mezcla de palabras en inglés y en español: ¡Nice! ¡Esoo! ¡Come on!. Al lado su hermano también hincha por la dupla que representa a la Argentina: "¡Dale Vero! ¡Vamos!, en español, y protesta, y gesticula con los brazos, como lo suelen hacer los jugadores argentinos. Sería impreciso y limitado decir que Shai es más argentino que israelí o estadounidense. Su ADN tiene la composición de un ciudadano del mundo, que más que con un color se identifica con una manera de hacer deporte, de vivir, y de sentir esta extraña llama que a veces se enciende durante un Juego Panamericano.

gl/at

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