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BAMBERG.– La frialdad del historial revela que la Argentina supera por 5-2 a Alemania en los duelos por la Copa Davis. El último cruce fue en febrero de 2003, en el Monumentalito, el escenario levantado especialmente al lado de la cancha de River, con un triunfo por 5-0. De aquella serie, se repetirán tres nombres en Bamberg: David Nalbandian y Juan Ignacio Chela en el equipo argentino, y el capitán Patrik Kühnen por el lado germano. Sin embargo, para muchos, el duelo más recordado fue el que se produjo hace casi 21 años, en el Buenos Aires Lawn Tennis Club; aquella serie entró en el selecto grupo de los grandes choques, un poco porque la Argentina consiguió un gran triunfo ante Alemania, el entonces bicampeón de la Davis y que acarreaba un invicto de diez encuentros; otro tanto porque se logró revertir el partido tras quedar 1-2, y también, porque se trató de la serie en la que Martín Jaite y Luli Mancini se convirtieron en héroes coperos.
El primer guiño llegó con la ausencia de Boris Becker. Entrenado entonces por Ion Tiriac, Becker luchaba palmo a palmo con Ivan Lendl por el número 1 del mundo, y decidió no "bajar" a Buenos Aires. De todos modos, Alemania llegaba con un muy buen equipo, capitaneado por Niki Pilic, y con Jens Woehrmann, Carl Uwe Steeb –hoy vicepresidente de la Federación Alemana de Tenis– y Eric Jelen, además de un pibe que recién empezaba, llamado Michael Stich y que un año después se consagraría campeón de Wimbledon; por el lado local, además de Jaite y Mancini, el capitán Alejandro Gattiker contaba con Javier Frana y Gustavo Luza para el dobles.
El 30 de marzo, Mancini debió batallar un largo rato para derrotar a Woehrmann en cuatro sets; Jaite perdió con Steeb, también en cuatro parciales. La balanza se inclinó del lado visitante con el cómodo triunfo de Jelen y Stich en el dobles, por 6-2, 7-6 (7-5) y 6-2. El domingo, en un partido cambiante, Jaite se reivindicó y le ganó a Stich por 4-6, 6-4, 6-1, 1-6 y 6-3.
Casi 21 años después, el hoy capitán argentino recuerda: "Quedamos 1-2, pero nos pusimos contentos porque para el cuarto punto Woehrmann no se sentía bien y no podía jugar, y los alemanes pusieron a Stich, al que nadie tenía sobre polvo de ladrillo… Y cuando empezó a jugar, me sorprendió muchísimo, enseguida nos dimos cuenta de que se perfilaba como un tipo que iba a rendir mucho. Cuando todo terminó, la gente entró en la cancha. En medio del festejo, me encontré con el papá de Jelen, el doblista. Me abrazó y me dijo que no podía creer tanta fiesta, cómo se vivía la Copa Davis en nuestro país. Fue la victoria que más recuerdo, un antes y un después de mi carrera. Me marcó muchísimo. Yo ya tenía 25 años, pero fue vital para mí ganar un partido importante en Buenos Aires en una Copa Davis. Porque yo jugaba muy bien de visitante, pero de local me tensionaba mucho; la verdad, me cagaba. Ahí me saqué un peso grande de encima. Recuerdo que me levantaron en andas. Entonces sentí: el tenis me dio todo, a partir de aquí, todo lo que viene es yapa". Pocos meses después, en julio, Jaite llegaría a ser top 10 por única vez en su carrera.
Con el 2-2, Mancini tomó ventaja de dos sets sobre Steeb; por falta de luz, el duelo siguió el lunes por la mañana, y Luli se impuso por 7-6 (8-6), 6-3 y 6-4, para delirio de todos los que acudieron a esa jornada al Buenos Aires. Hace un tiempo, el Colorado Gattiker rememoró: "Tengo un recuerdo muy especial de esa serie. No puedo olvidarme de la cara de los alemanes. Tenían el match ganado, pero Martín y Luli lo dieron vuelta de una manera increíble. Ellos se fueron en llamas, pero yo puedo decir que fue mi mejor experiencia como capitán, fue el partido más emotivo que viví".
Del otro lado de la silla, Pilic tampoco se olvidó: "Siempre fue difícil jugar en la Argentina porque la gente alienta muchísimo. Los argentinos saben rendir sobre polvo de ladrillo y como locales se agrandan mucho". Alemania, por entonces una gran potencia en el planeta tenis, dejaba su invicto en la Catedral; se cobraría desquite al año siguiente, con una paliza en Berlín (5-0). Pero, en el libro de las epopeyas coperas, aquella serie del 90 quedó como un capítulo especial. Dos décadas después, todavía es un recuerdo dulce; definitivamente imborrable.



