Argentina Open. Cómo sobrellevar los efectos de la inflación y la crisis

Estadio lleno en el turno noche del Argentina Open
Estadio lleno en el turno noche del Argentina Open Crédito: Argentina Open / Sergio Llamera
José Luis Domínguez
Olivia Díaz Ugalde
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17 de febrero de 2019  • 13:59

El Argentina Open, más allá de su vigencia, es un torneo que está sujeto al contexto del país. La inflación y la crisis económica no afecta al ciento por ciento al certamen que atraviesa su 19ª temporada. Un torneo que comenzó hace una semana con entrada libre y gratuita, con asistencia moderada, y terminará con un estadio repleto, contra todos los pronósticos.

En cuanto a la asistencia, sin contar el día de la final, se acercaron al Buenos Aires Lawn Tenis Club unas 30.800 personas. Es un número bajo si se tiene en cuenta que el año pasado, que además contó con la fortuna de caer en fecha de carnaval y esos feriados favorecieron las ventas, dijeron presente 44.922 fanáticos del tenis. Las dos peores ediciones en ventas de entradas ocurrieron en 2002, apenas después de la crisis de diciembre de 2001, con una asistencia global de 35.569 espectadores, y en 2017 cuando dijeron presentes 34.171.

Las pasarelas que unen los diversos sectores del predio no sufrieron las mareas de personas de otros años. Los visitantes pudieron recorrer las instalaciones sin mayores congestiones y el court central recién se llenó en la noche del viernes (4553 personas; 7321 en todo el día) y un promedio parecido sucedió el sábado para la semifinal que tuvo a Diego Schwartzman como protagonista: 4670. Con precios que oscilaron, para las generales del fin de semana entre 800 y 900 pesos por la jornada completa y entre 1000 y 1500 pesos por una platea, el ambiente del tenis argentino sintió el incremento respecto del año pasado. Las entradas se vendieron por: 720 las generales y las plateas a 1090, un incremento del 40% aproximadamente.

En cuanto al consumo, las marcas de indumentaria y productos tenísticos en la zona de stands sienten la baja de la afluencia de público en las ventas. Los puestos de comida se mantienen optimistas, ya que sus precios no sufrieron un incremento significativo respecto del año pasado. "Estamos bastante equiparados en comparación a 2018. En el área publica no se notó mucho la baja de asistencia", explica Silvina, la encargada del patio de comidas. Y añade: "Los precios los aumentamos lo mínimo e indispensable. Son precios tranquilos para ser un evento de esta categoría, porque nosotros queremos que la gente consuma, que el que venga algo pueda consumir."

Entre las marcas de tenis, tanto Babolat como Wilson sienten que hubo una baja significativa en las ventas, ya que los productos que ofrecen son importados y sus precios crecieron por la fuerte suba del dólar durante el año pasado. "La idea de la marca es recuperar la inversión tanto del espacio, como el armado del stand con las ventas de productos. Hace nueve años que estamos en el torneo, este año viene más difícil que otras ediciones por la inflación y porque somos importadores, entonces los precios se fueron muy por arriba. En este contexto nos está yendo dentro de lo esperado, pero igual nos está costando", describe Tomás Cataldo, responsable de marketing de Babolat.

Por el mismo camino está Wilson, con la salvedad que al ser main sponsor tiene costos de inversión menores. "En general el balance fue bajo. Se notó mucho en las ventas la poca presencia que hubo este año. El año pasado, tocó carnaval lunes y martes, y eso potenció mucho la concurrencia y las ventas. Pero ahora la gente duda más; pregunta, pero no compra tanto. Al ser productos importados, los precios son altos; los tuvimos que aumentar más de un 50 por ciento respecto del año pasado. Una persona ahora evalúa más el cambio de raqueta o de indumentaria", argumenta Viviana, responsable del área de marketing de Wilson.

"Se venden muchos accesorios cuando vienen las escuelitas o clubes de tenis con chicos; cosas de menor valor, como cubregrips, medias, llaveros", resalta Cataldo. A lo que remata con un ejemplo Viviana: "El año pasado con la compra de una raqueta regalábamos un raquetero. Este año, un tubo de pelotas. Ese cambio te marca cómo estamos, cómo está el país".

El cuadro, en el nivel habitual

En lo deportivo, este Argentina Open encaja dentro de un nivel aceptable en comparación con otras temporadas. A lo largo de sus 19 realizaciones, el torneo supo tener muchos nombres destacados para lo que es la categoría 250, la menor dentro del circuito ATP, por debajo de los cuatro Grand Slams, los Masters 1000 y los torneos de la serie 500. Los jugadores Top 30 tienen casi repleto su programa anual con las competencias de las categorías mayores, por lo cual no les queda mucho margen para acudir a los torneos de este rango, y por eso es para destacar que casi siempre haya varios jugadores de primer nivel en Buenos Aires.

Crédito: Argentina Open / Sergio Llamera

Este año, el cuadro del ATP de Buenos Aires tuvo a un Top 10 ( Dominic Thiem , 8°) y otros tres Top 20: Fabio Fognini (15°), Marco Cecchinato (18°) y Diego Schwartzman (19°). Eso sí: en la comparación con otros años, esta versión 2019 del Argentina Open queda claramente por debajo de lo sucedido en 2016, cuando vinieron, entre otros, Rafael Nadal, John Isner, Jo-Wilfried Tsonga, Ferrer, Alexandr Dolgopolov y Thiem, el campeón de aquella temporada.

Luego, hay que tener en cuenta que Buenos Aires no es el único certamen de la semana; por el contrario, tiene una dura competencia: en estos días también se juega el ATP 500 de Rotterdam, que reparte 2 millones de euros en premios (el triple de lo que ofrece el Argentina Open), con figuras como Nishikori, Tsitsipas, Wawrinka y Raonic, y otro ATP 250, en Nueva York. Buenos Aires le gana por amplio margen al torneo estadounidense, que sólo contó con dos Top 30: Isner (9°) y Frances Tiafoe (29°).

El ATP porteño es uno de los 36 torneos que tiene la serie 250 del tour, y si bien todos reparten la misma cantidad de puntos, hay importantes diferencias en cuanto a los montos en premios, las garantías que se les pueden ofrecer a las grandes figuras para que acudan, y su ubicación dentro del calendario: los torneos de la primera semana del año, en la gira de Oceanía, suelen contar con grandes nombres, que buscan ritmo de juego antes del Abierto de Australia; como contrapartida, los torneos inmediatamente anteriores y posteriores a los Grand Slams suelen ser los más perjudicados en cuanto a convocatoria de jugadores. En ese contexto, Buenos Aires ocupa una posición intermedia.

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