El tenis mutó en su cara más amateur para bañarse en oro

La medalla de plata para el dobles masculino
La medalla de plata para el dobles masculino Fuente: LA NACION - Crédito: Maxie Amena
Los tenistas argentinos capturaron rápidamente el espíritu con el que se viven los Juegos Panamericanos
Gastón Saiz
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16 de julio de 2015  • 18:59

TORONTO.- Hasta el séptimo día de competencias de los Juegos Panamericanos, el tenis fue el más fructífero de todos los deportes para la Argentina, con los oros de Facundo Bagnis en singles y de Guido Andreozzi y María Irigoyen en el dobles mixto, y el bronce de Paula Ormaechea y la tandilense en el dobles femenino, que no jugaron su partido ya que la dupla brasilera Araujo-Haddad no se presentó por lesión. Más allá de que las distintas modalidades del certamen fueron de escaso nivel, a juzgar por las posiciones de los jugadores en el ranking, el grupo argentino se despojó de los habituales ritos de los circuitos ATP y WTA y captó rápido la frecuencia panamericana: convivió en la Villa y se codeó con atletas que viven sus disciplinas con un sentido mucho más amateur, muchas veces desde el anonimato. Fueron, con todas las letras, un equipo, dejando de lado el individualismo que impera en el mundo de las raquetas.

Martín Vassallo Argüello, uno de los responsables del conjunto nacional junto con María José Gaidano, explicaba que los jugadores lograron cambiar rápido el chip, y que un 30% de su día a día estuvo más ligado a un concepto más de compañerismo, en saber cómo está el otro. Sobre todo, a raíz de una extenuante programación de partidos, ya que los cuatro integrantes suplieron las bajas de último momento de Guido Pella y Nadia Podoroska y se vieron perjudicados también por la lluvia del martes, que obligó a que ayer Andreozzi e Irigoyen tuvieran que disputar ¡cuatro! encuentros cada uno en una misma jornada. Asimismo, Bagnis jugó 14 sets durante cinco días seguidos. Hubo mucho de exigencia emocional, además de los avisos continuos por los achaques del cuerpo.

"Ya era peligroso, lógicamente estábamos atentos al tema físico, porque con un pinchazo no podés jugar al tenis. Lo íbamos manejando con masajes y bolsas de hielo. Guido (Andreozzi) tuvo una predisposición bárbara y quiso jugar todo, debido a que no pudimos contar con Pella. Si Andreozzi no podía multiplicarse, una de las modalidades iba a quedar acéfala y perdíamos una chance de medalla. Lo mismo sucedió con María", comenta Vassallo Arguello, que se repartió en distintas funciones: "Fui coach, lavandero, coordinador de horarios, cargaba las raquetas… Un poco de todo, lo único que no pude fue dirigir desde el banco, algo que está prohibido. En algún momento hice alguna indicación y la organización me advirtió, pero no había tantos controles en ese sentido".

El tenis, como durante tanto tiempo el fútbol, estuvo alejado del espíritu olímpico; siempre ha sido autosuficiente, más allá de que en los últimos diez años, los mejores han ofrecido su talento para esta clase de citas. Basta recordar a Roger Federer y Rafael Nadal como campeones olímpicos en Atenas 2004 y Pekín 2008 respectivamente. Vassallo Arguello sueña con que el tenis argentino abandone definitivamente esa tendencia a mirarse el ombligo: "Nuestro tenis tiene que empezar a sentir que forma parte del deporte nacional. Cada uno desde nuestro lugar, tenemos que entregar ese mensaje, más allá de las victorias o las derrotas".

tb/at

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