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Si el español Iñigo Cervantes, 75 º del circuito, creyera en brujerías, mal de ojos o maleficios, podría aseverar que alguien durante su carrera quiso hacerle mucho daño. A los 16 años padeció una hernia de disco que lo mantuvo inactivo durante siete meses. A los 20, siendo 220º , una osteopatía de pubis lo alejó de los courts por ocho meses. Y en 2013, en el momento más productivo de su campaña como tenista, se vio obligado a ingresar cuatro veces en quirófanos por lesiones en un codo, un tendón de Aquiles y ambas caderas. "Me operé las caderas con uno de los mejores médicos del mundo, el canadiense Marc Philippon. Él tiene una clínica en Estados Unidos, pero pasó por España por un congreso y me hice las dos cirugías el mismo día, algo inusual. Entonces, como no tenía apoyo, estuve en una silla de ruedas por siete semanas", rememora Cervantes, que en el Argentina Open perdió en la 1ª rueda de singles contra el colombiano Santiago Giraldo, aunque se mantiene en la competencia de dobles con Paolo Lorenzi.
Cervantes vivió momentos de angustia, aunque sostiene no haber pensado en "arrojar la toalla". Durante aquellos días de mínima movilidad, tenía que hacer todo con ayuda, desde los ejercicios en bicicleta hasta acciones cotidianas de la vida. "Pasé por pensamientos muy negativos, aunque siempre tuve la ilusión de volver a las pistas. Me preguntaba qué habría sido de mi carrera si no me hubiera lesionado, pero no servía para nada. Uno valora las cosas pequeñas de la vida. Ahora, lo único que pido es salud. Que ganar o perder dependa de mi juego, de si meto la bola o no. Cuando uno se ve frente a un espejo en una silla de ruedas piensa qué hace la gente que está por un período largo o por toda la vida", expresa Iñigo, que en noviembre pasado ganó en Brasil el Masters de Challengers.
Si en el tenis hay un ejemplo de progreso pese a los obstáculos, ése es el de Thomas Muster. En 1989, el austríaco fue atropellado en Key Biscayne por un automovilista borracho, pero se entrenó durante mucho tiempo con fiereza – hasta sentado en una silla especial– para no perder la musculatura, soñando con volver. Y lo hizo. Cervantes, durante su calvario, escuchó la historia del ex número 1 y se inspiró en ella. Hasta se dio el gusto de conocerlo en persona. "Cuando hace unos años Muster, ya veterano, trató de volver al circuito, me entrené un par de días con él en un challenger en Italia. No me animé a hablar sobre el tema. Pero veía que ganara o perdiera daba todo, y se entrenaba muchas horas por día, demasiadas para mí. Noté que era una persona de gran espíritu de superación. Y eso me ayudó", narra el tenista vasco.
Nacido en Irún, provincia de Guipúzcoa, Iñigo pertenece a una familia de tradición futbolística. Su padre, Manuel, fue arquero en las primeras divisiones de Real Sociedad, Murcia, Salamanca, Betis y Sevilla. "Soy hincha de Real Sociedad a muerte. Pienso que el derby vasco con Bilbao es uno de los más bonitos que hay. En Betis-Sevilla, Barcelona- Espanyol y Real Madrid-Atlético de Madrid hay mucho pique, pero al vasco se lo vive de forma diferente. Hay un pique mucho más sano", explica el jugador entrenado por Javier Ferrer, hermano de David. El paso de Marcelo Bielsa por Athletic Bilbao no pasó inadvertido en el País Vasco, obviamente. Y Cervantes tiene su mirada: "La gente estaba muy contenta e ilusionada. Bielsa era una persona muy particular, de una personalidad fuera de lo normal. Sé que exigía una barbaridad. Bilbao fue de mayor a menor, se le terminó acabando la gasolina".
st/tb
