Ormaechea: "La cabeza es una montaña rusa, pero nunca pensé en dejar de jugar"

Fuente: DyN
La tenista de Sunchales atraviesa una dura etapa de confianza y retrocedió 200 puestos en el ranking
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21 de octubre de 2015  • 23:59

Hace casi dos años, Paula Ormaechea llegó a ser la 59ª jugadora del WTA Tour . En pleno ascenso, se animaba a soñar con ser la número 1. Pero, ahora, la actualidad indica que está en la 264ª posición; dejó de ser la mejor argentina y pasó a ser la tercera, detrás de María Irigoyen y Florencia Molinero. Esta semana perdió con la estadounidense Sophie Chang por 6-4 y 6-1, en su debut en el ITF de Florence, en Estados Unidos. En lo que va de 2015 acumula 25 derrotas, 13 de ellas en primeras ruedas. Su mejor actuación la tuvo en el ITF de Padua, donde se consagró campeona, en junio pasado.

El tenis es tan mental que hace que los vaivenes sean difíciles de sobrellevar. Es la historia que vive Ormaechea, hoy en medio de una muy irregular etapa de transición. Tras una aparición explosiva, la sunchalense, de 23 años sufrió lesiones y altibajos emocionales y deportivos que la hicieron caer por debajo de las 200 primeras jugadoras, con resultados inesperados, como haber perdido en el debut en cinco de sus últimos seis torneos. "Estoy es un tobogán, en las buenas y en las malas. Se te va la confianza y eso es todo en un tenista. Pero no es tan grave. Soy joven y sé que puedo volver a ser la de antes tan rápido como me caí... Necesito paciencia", explica Ormaechea desde Florence.

-Encima, tuviste que lidiar con una lesión rebelde en la espalda…

-Sí, estuve cuatro meses al final del año pasado sin competir. Este año, cuando volví, me costó hacerlo en el alto nivel. Fue una racha difícil y me tuve que ir a torneos más chicos. Ahora ya estoy mejorde la lesión.

-¿Seguís disfrutando del tenis cuando tenés una racha así?

-A mí me encanta, me gusta jugarlo y volvería a elegirlo siempre. Presiones hay, la clave es estar con los pies sobre la tierra porque los tenistas vivimos una vida irreal. Y esa irrealidad a veces te puede confundir. Y el nivel es tan alto que uno a veces pasa por muchos altos y bajos. Hay que aprender en las malas…

-¿Cómo es estar en la mala para una mujer de 23 años, casi sola por el mundo y dentro de un ambiente machista, como vos catalogaste al del tenis?

-Y no es fácil... La cabeza es una montaña rusa. Encima las mujeres somos más inestables que los hombres en la vida cotidiana, imaginate lo que pasa en un partido...

-Uno recuerda lo que le pasó a Gaudio, al mismo Coria y otros casos. Se quemaron. Pero vos no pensaste en dejar de jugar...

-Vaivenes tengo, pero nunca se me cruzó por la cabeza dejar de jugar. Nunca me lo planteé. Me gustan los desafíos y ahora es volver a ser. Lo bueno es que en el tenis competís mucho y cada semana tenés una revancha. Ahora, por caso, no estoy buscando puntos en los torneos sino recuperar mi confianza, mi juego…

-Al menos el bronce panamericano en dobles con María Irigoyen.

-Sí, además fue una gran experiencia, mi primera en los Panamericanos y representando a mi país. Fue algo muy especial. Quedé fascinada, ojalá pudiera repetirlo más seguido. Estar en Río 2016 será un objetivo. No es fácil porque por ranking entran las primeras 60 o 70, pero lo voy a intentar porque es la mejor experiencia que le puede suceder a un deportista. Nosotros los tenistas viajamos solos, competimos solos, vivimos en un ambiente cerrado. Y ahí es lo opuesto.

-Imagino que tenés sueños que tal vez ahora, en la mala, se borronean. ¿O no?

-No, para nada. Yo sigo soñando con ser la número 1 del mundo. Puede sonar algo loco o inalcanzable, pero nadie me lo va a quitar. Yo sigo creyendo que puedo. No parece hoy (se ríe), pero yo sigo teniendo como objetivo ser recordada. Que hoy, como dicen de Gabriela Sabatini, mañana digan "¿te acordás de Paula Ormaechea?". Soy joven. Conozco mi realidad, pero yo sigo con la ilusión.

-Además, pese a este momento, no abandonás tu idea de ayudar en tu ciudad, Sunchales.

-Sí. Amo devolverle a la vida lo que me dio y siento que tengo la responsabilidad de colaborar con la comunidad. Tengo la suerte de integrar el programa La Huella de Weber Saint Gobain, que es mi sponsor y me da la chance de ayudar; la empresa sólo me dice que elija un lugar en mi ciudad y ellos se encargan. Siento que estoy tocada por una varita, aunque en este momento no me vaya bien en una cancha.

jld

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