Rafael Nadal siempre está: avanza en Australia y suma 250 triunfos en los Grand Slams

Fuente: Reuters - Crédito: Kim Kyung-Hoo
José Luis Domínguez
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18 de enero de 2019  • 23:59

Su historia, su competitividad a ultranza, dejan una primera enseñanza: jamás hay que dejar de lado a Rafael Nadal en una lista de candidatos de cualquier torneo. Es posible que el zurdo manacorí esté herido, marcado por las cicatrices de cientos de batallas. Pero su espíritu guerrero lo impulsará a salir siempre hacia adelante, en busca de un reto más, aun con la necesidad de reinventarse si es necesario. Así es como llegó a los 250 triunfos en torneos de Grand Slam, una de las mejores marcas históricas.

En este Abierto de Australia , Nadal desembarcó después de cuatro meses sin jugar encuentros oficiales. Cerró la temporada 2018 cuando se retiró de la semifinal del US Open frente a Juan Martín del Potro. Se perdió la última gira de canchas europeas bajo techo y el Masters de Londres, y resignó el número 1 del mundo a manos de Novaj Djokovic, todo por problemas físicos. Primero, la lesión en el tendón rotuliano de la rodilla derecha; luego, una molestia abdominal y un dolencia en el tobillo derecho, por lo que se sometió a una artroscopía. El 29 de diciembre volvió a las canchas, y perdió en las semifinales de la exhibición de Abu Dhabi con Kevin Anderson por 4-6, 6-3 y 6-4. Todavía con molestias, desistió de jugar en Brisbane y llegó como una incógnita a Melbourne.

Es cierto que los torneos sobre canchas duras se convirtieron en situaciones traumáticas para Nadal: sólo pudo completar uno de los últimos 19 en los que se anotó; en varios renunció a jugar por las dolencias. Su único festejo fue en Toronto, el año pasado. Incluso en Melbourne no pudo terminar el año pasado su duelo ante Marin Cilic en los cuartos de final.

Para esta oportunidad, Nadal puso en práctica otra variante. Al igual que otras leyendas, no dudó en salir de su zona de confort para tratar de mejorar su saque. El cambio está en la mecánica del servicio: en la ejecución del swing deja la mano más tiempo por debajo en lugar de levantarla lateralmente; en el lanzamiento de la pelota no flexiona tanto el cuerpo y aguanta mucho más erguido, y después del impacto, entra con más impulso con la pierna derecha. "Buscamos que haga más daño y que la pelota le vaya un poco más rápida. Con un movimiento más fluido, queremos que la pelota no pierda toda esa velocidad después del pique", explicó Carlos Moya, exnúmero 1 y actual entrenador de Rafa, al sitio atptour.com.

En el final de la primera semana en Australia, Nadal consiguió números promisorios. Ganó sus tres partidos en sets corridos –lo cual le evita llegar desgastado a las instancias cruciales–, sólo perdió dos veces el saque en el debut ante James Duckworth, y en la tercera rueda apenas cedió siete games ante Alex de Miñaur, al que superó por 6-1, 6-2 y 6-4. El joven australiano, que venía de ser campeón en Sydney, no pudo capturar ninguna de las cuatro chances de break que tuvo.

Difícilmente se lo vea exultante a Rafa después de un partido, pero sí pareció sentirse satisfecho con su producción. "Jugué un partido sólido, con buen nivel de tenis, pegando muchos golpes buenos, En general, todo fue un paso adelante, lo que son noticias positivas para mí. Estoy muy feliz porque le gané a un jugador que venía de ganar siete partidos seguidos y un torneo. No voy a decir que estoy aquí listo para ganar. Pero gané tres buenos partidos y ahora tengo otro duro rival, que está jugando muy bien y que ha empezado la temporada a un nivel muy alto, así que será un gran test para mí", consideró Nadal de cara al cruce de octavos contra Tomas Berdych . El checo fue el verdugo de Diego Schwartzman, y aunque ocupe el puesto 57° del ranking por estos días, en Melbourne ha rendido por encima de esa posición. El historial está 19-4 para el español.

Algo más: el triunfo sobre De Miñaur le permitió alcanzar una notable marca en Grand Slams. Los 250 triunfos lo afirman en el Top 3 histórico, detrás de Roger Federer (máximo ganador, con 342) y Novak Djokovic (260), y por delante de otras leyendas como Jimmy Connors (233) y Andre Agassi (224). En cuanto a la relación victorias/derrotas en los torneos más grandes, es Nadal quien lleva una ventaja mínima sobre sus otros rivales de esta era: con una marca de 250-36, tiene el 87,41 por ciento de efectividad; Djokovic alcanza un 86,37% con 260-41, y el suizo acumula un 86,36 por ciento (342-54). Distancias pequeñas entre tres gigantes que dominan el tour hace casi quince años. Nadal puede estar maltrecho varias veces, pero en las grandes citas emerge siempre.

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