Roger Federer, en París: el "Maestro" suizo enamoró de nuevo a Roland Garros

El gran regreso de Federer a París
El gran regreso de Federer a París Fuente: AFP
José Luis Domínguez
(0)
26 de mayo de 2019  • 11:26

PARIS - Todo luce flamante en el Philippe Chatrier, que se ve más grande que antes. De hecho, lo es: si bien tiene una capacidad similar a la del estadio reducido a escombros hace un año, es más alto y más empinado. Los asientos de color crema reemplazaron los añejos de tono verde. Muchas cosas son nuevas en Roland Garros. Otras están de regreso, como si el tiempo no hubiera pasado.

Cuentan que se lo extrañaba por aquí a Roger Federer , ese hombre que es leyenda viva, campeón aquí hace diez años. Había jugado en el Bois de Boulogne por última vez en 2015; después, se llamó a silencio y pasó por alto la gira de canchas lentas. Ahora, cerca de los 38 años, decidió volver. Y tuvo una recepción acorde con su condición de mega estrella del deporte.

A las 14.41 ingresó Lorenzo Sonego, el partenaire. Nacido en Turín, el italiano atraviesa a los 24 años un buen momento; hace un mes tocó su mejor ranking (66°). Eso sí: el sorteo en París le deparó de regalo el estreno contra el suizo. Es el primer encuentro entre ambos. Más allá de la distancia en la clasificación (70 puestos, entre el 73° y el 3°), algunas diferencias son abrumadores: Sonego llegó aquí con 14 triunfos en el circuito ATP en toda su carrera; Federer pisó hace rato las cuatro cifras: 1202. O de los 101 títulos del ex número 1 contra ninguno del italiano. O de los 123 millones de dólares en ganancias oficiales frente a los US$ 723.247 que reunió Sonego desde que se hizo profesional.

Federer entró unos metros después de Sonego, y muchos se pusieron de pie en las tribunas para recibirlo con una ovación, al grito de "Roger, Roger". Una recepción de rock star. Se palpita un ambiente de devoción, de función de gala, de ceremonia. Todo eso es el "Maestro" suizo. Un adjetivo que, en su caso, no suena exagerado: es el que "destaca por su perfección y relevancia dentro de su género porque está hecho con maestría".

La voz del estadio presenta a Sonego en menos de 30 segundos. Y empieza a enumerar los logros del suizo: tarda casi tres minutos hasta que anuncia a "Rogéeeeer Federéeeeer, y regresan los aplausos. Hacia él convergen las miradas, las cámaras, los celulares, toda la atención. Sonego hace lo que puede: entra en el partido a los 15 minutos, cuando queda 1-4 después de sufrir dos quiebres. Cada tanto, algún "aaahhh" de asombro por algún toque mágico, la especialidad de la casa. Acaso no sea la versión arrolladora, pero tampoco hace falta sacar todos los conejos de la galera en la primera función. El final es con victoria por 6-2, 6-4 y 6-4, en una hora y 41 minutos de concierto.

Vuelven los aplausos de pie, la charla con Cedric Pioline, el extenista devenido en entrevistador al pie de la cancha. En la segunda rueda lo espera el alemán Oscar Otte (145°), que entró como 'perdedor afortunado'. El raquetero rojo, el enorme bolso blanco, hasta las medias están inmaculadas, como si no hubiera jugado sobre polvo de ladrillo. Federer está de regreso, como si nunca hubiera faltado. El cariño y la admiración por él son las de siempre. Algunas cosas no cambian jamás.

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.