Roland Garros: Nadia Podoroska, la hija del relojero que creció en el club de Lucha Aymar y tiene a Sabatini como heroína

Gaby Sabatini y Nadia Podoroska: la rosarina pudo conocer a su ídola en febrero pasado
Gaby Sabatini y Nadia Podoroska: la rosarina pudo conocer a su ídola en febrero pasado Crédito: Instagram
Sebastián Torok
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6 de octubre de 2020  • 10:29

Gabriela Sabatini dejó la vara muy alta. Aquellos osados que alguna vez la criticaron por una supuesta falta de espíritu que no le permitía alcanzar la cima del ranking, todavía deben estar arrepintiéndose [o al menos deberían hacerlo]. Desde que Gaby se retiró, en 1996, teniendo 26 años, agotada por la periferia del mundo de las raquetas y sus exigencias, cada tenista argentina que se destacó, al menos un poco, debió tolerar alguna comparación o pregunta sobre la artista de revés de una mano formada en River Plate. Para algunas jugadoras, la figura de Sabatini resultó un peso, claro. Para otras, su legado fue una bendición. Para las chicas argentinas de las nuevas generaciones, que no la vieron jugar a Sabatini, su imagen al principio era como una silueta inalcanzable de otros tiempos. Una vez que la conocieron, Gaby se convirtió en un sostén anímico real y muy valioso, en una referencia siempre presente al margen de su perfil bajo.

Nadia Podoroska nació en Rosario el 10 de febrero de 1997, casi cuatro meses después de que Sabatini anunciara el final de su carrera profesional, durante una rueda de prensa en el Madison Square Garden, en Nueva York. Hoy dio un paso histórico en Roland Garros al clasificarse a las semifinales. Un triunfo, ante la ucraniana Elina Svitolina, la tercera favorita, por 6-2 y 6-4, que la posicionará entre las 50 mejores del mundo.

De abuelos ucranianos, creció en una familia de clase media de Fisherton, barrio impulsado a fines de 1880 por la gente que latía junto al ferrocarril. Hija de Marcelo, un relojero de profesión que con los años se convirtió en farmacéutico, e Irene, también farmacéutica y amante de la filosofía. Marcelo jugaba al pádel y al squash, pero Nadia empuñó una raqueta de tenis a los cinco años, en la escuelita del Club Atlético Fisherton, el mismo donde actuó una leyenda del hockey sobre césped como Luciana Aymar. Con el tiempo, cuando el tenis fue siendo algo mucho más serio que una actividad recreativa en su vida, siguió desarrollándose en una cancha que gestionaba su entrenador de aquel momento, Charly Rampello, sobre la ruta 9, a metros de donde Guillermo Coria tuvo una academia durante algunos años. Hoy, aquel court de tenis donde Podoroska jugaba, no existe: fue reemplazado por una cancha de fútbol 5.

Victoria: Podoroska disfruta en París su mejor actuación en un Grand Slam
Victoria: Podoroska disfruta en París su mejor actuación en un Grand Slam Crédito: Loic Waczia//FFT

La Rusa, como llaman a Podoroska, consiguió ingresar en el ranking profesional a los 14 años y nueve meses, obteniendo una marca de precocidad y siendo la segunda argentina más joven en lograrlo después de Sabatini (14 años y cinco meses). Su avance fue progresivo, superando etapas, lidiando con las limitaciones geográficas y económicas que suelen golpear a los tenistas sudamericanos. En 2016, entre las mejores 230 jugadoras del mundo, superó la clasificación del US Open y jugó, por primera vez, el cuadro principal de un Grand Slam [perdió en la primera ronda con la alemana Annika Beck, por entonces 41°]. Terminó la temporada siendo 191°, con ilusión. Pero llegaron las lesiones. Perturbadoras; alarmantes. Se le dañó la mano derecha. Empezó a sufrir mentalmente. La necesidad de seguir jugando, inclusive, la asfixió. Consultó a diversos médicos. Y hasta temió no poder volver a competir. También padeció problemas de espalda y cadera. Sin embargo, poco a poco fue encontrando el rumbo. Hizo modificaciones en su carrera profesional. Decidió irse a vivir a Alicante, España, para estar "más cerca del circuito".

Entrenada por Emiliano Redondi y Juan Pablo Guzmán, los Juegos Panamericanos de Lima, en agosto de 2019, encumbraron a Nadia hasta el oro. Desde entonces, no dejó de dar pasos firmes, de incorporar conocimiento. En febrero pasado, durante una jornada calurosa del ATP de Buenos Aires, se dio el gusto de conocer personalmente a Sabatini. Quedó deslumbrada de felicidad. Entre enero y marzo jugó varios torneos (ganó los ITF 25.000 de Malibu y Petit Bourg, además de alcanzar las semifinales del 125K de Newport Beach). La cuarentena la encontró en la Argentina, pero pudo viajar a España, donde reside buena parte del año. En agosto, en la reanudación del circuito, compitió en el WTA de Palermo (superó la clasificación y cayó en la primera ronda). Perdió las finales del 125K de Praga e hizo ruido en Saint-Malo, Francia, ganando el trofeo en un Women's de 60.000. El último 14 de septiembre, un día después de obtener el título en Francia, llegó a su mejor ranking histórico: 130°.

Viajó a París para jugar la qualy del otoñal Roland Garros y la superó, sin perder sets. Debutó en el main draw del Bois de Boulogne: venció a la belga Greet Minnen (110°) por 6-2 y 6-1. Con frialdad y inspiración, se enfrentó por segunda vez en su carrera ante una Top 30: la kazaka Yulia Putintseva, 27° del ranking. ¿Qué ocurrió? Podoroska triunfó por 6-3, 1-6 y 6-2, en 2h02m, alcanzado la tercera ronda (logro que una tenista nacional no tenía en singles desde Paula Ormaechea en 2014). Soñado. Pero, advirtió: "Lo que pasó, ya pasó. Voy a enfocarme en el próximo partido, sin pensar en todo lo que vengo viviendo". Su próxima rival fue la eslovaca Anna Schmiedlova (llegaba de vencer a la bielorrusa Victoria Azarenka, 10ª cabeza de serie), Nadia se impuso por 6-3 y 6-2. En los octavos de final, la "víctima" de Podoroska fue la checa Barbora Krejcikova (114°, ex número 1 del mundo en dobles) por 2-6, 6-2 y 6-3. Y, como quedó dicho, ante Svitolina fue la reciente obra maestra de la argentina.

La argentina Mariana Díaz Oliva, 42° de la WTA en 2001, tiene una teoría basada en los números: "Todas las jugadoras argentinas que llegaron al Top 100 ganaron a los 16 años o antes su primer torneo de 10 o 15 mil". ¿Qué ocurrió con Podoroska? En noviembre de 2013, en Santiago de Chile, ganó un ITF de US$ 10.000. "Tiene un guante en la mano, Nadia. Lo dije en el Sudamericano de Valencia Sub 16 en 2012. Llegando a esa madurez que a veces apuramos entre las jugadoras latinas. ¡A la tercera ronda!", celebró, en redes sociales, el ecuatoriano Andrés Gómez, ganador de la Copa de los Mosqueteros de Roland Garros hace tres décadas, en la recordada final frente a Andre Agassi.

Podoroska, que también trabaja en la parte mental con un profesional de las neurociencias, está generando un valioso contagio en las jugadoras jóvenes del país. Ella, a la distancia, lo agradece: "Siento el apoyo desde Argentina. Es necesario y bueno que haya una jugadora del país en este tipo de torneos y ojalá que ayude para que cada vez se haga más conocido el tenis nacional y que a las más jóvenes se les presenten oportunidades. Las mayores diferencias con las europeas o las estadounidenses no son en talento, sino en oportunidades: jugar cerca de nuestras casas, de nuestra región, sería muy bueno. Es mucho el esfuerzo que hacemos las latinas para insertarnos en el circuito".

La rueda de prensa virtual de Podoroska tras su triunfo ante Putintseva tuvo "presencia" de periodistas internacionales. Le preguntaron por Sabatini, claro. "Es nuestra heroína", sonrió Nadia, segura de sí misma. Tiene con qué. Y lo demuestra durante esta quincena histórica en París.

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