Sin tanto brillo, pero con motivos para celebrar

Lejos de los logros de la Legión, el tenis argentino vive un año muy positivo: la final por la Copa Davis, el regreso exitoso de Del Potro y el dominio en el Challenger Tour
Sebastián Torok
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17 de octubre de 2016  

El festejo de Renzo Olivo, en Saavedra, tras vencer a Leo Mayer en la final y conquistar su segundo challenger del año
El festejo de Renzo Olivo, en Saavedra, tras vencer a Leo Mayer en la final y conquistar su segundo challenger del año Crédito: Santiago Llamera

La situación tiene un gran valor simbólico. Leonardo Mayer , el mismo que hace un mes obtuvo el quinto punto frente a Gran Bretaña con el que la Argentina se clasificó para la final por la Copa Davis, sostiene el plato de subcampeón del ATP Challenger Copa FILA con una furia interna evidente. El Yacaré está frustrado, pero, sobre todo, disgustado con él mismo por haber perdido la final ante Renzo Olivo por 2-6, 7-6 (7-3) y 7-6 (7-3). Sucede que el correntino desaprovechó dos match points y por eso masculla bronca; quiere que la tierra anaranjada lo trague. Pero Olivo toma el micrófono y dice, mirando a los ojos a su rival: "Gracias por todo lo que hacés para el tenis argentino, por tu humildad y por lo que representás. Te admiro. Sos un orgullo". Las palabras actúan como un gancho al mentón de Mayer, que pasa de tener los ojos enrojecidos de rabia a cubrirlos de lágrimas.

Como por arte de magia, el Yacaré cambia el ánimo, valora lo que hizo. Está sensible: tras una irritante lesión en el hombro derecho, su año deportivo, al margen de la Copa Davis, fue muy pobre; además, se prepara para recibir a su primer hijo en enero próximo y está muy pendiente de ello. Olivo descorcha una botella de champagne y salpica hacia todos lados. Mayer se suma. Todos sonríen, todos se agregan al festejo. Con el de Olivo en el club El Abierto, en Saavedra, el tenis nacional sumó su 16º título en challengers en la temporada. En 2016, no hay otro país con esa cantidad de trofeos en la segunda categoría del tour. Si la estadística se suma a la posibilidad de ganar la Ensaladera que tendrá el equipo capitaneado por Daniel Orsanic a fines de noviembre ante Croacia en Zagreb, a la recuperación de Juan Martín del Potro y al registro que indica que sólo dos naciones -Francia, con 12, y España, con 11- tienen más top 100 que la Argentina (9), el tenis albiceleste tiene motivos para celebrar. Sobre todo porque lo hace en tiempos mucho más austeros que en la época de la Legión.

"Cada vez hay mayor distancia entre el tenis del desarrollo y el del subdesarrollo. Sin embargo, todavía nos encargamos creativamente de acortarla", comenta Claudio Menna, destacado formador y uno de los directores del Campo de Entrenamiento de Tenis (CET), ubicado frente al estadio Monumental. Y la mayoría comparte esa idea. "Estas cosas buenas pasan porque el tenis argentino tiene muy buena escuela, muy buenas bases. Tener camadas increíbles, como la Legión, es un poco cíclico; eso va y viene. Pero en la Argentina siempre hay un nivel medio o medio alto. En este momento hay varios jugadores nuevos cerca del top 100 y pronto pueden darnos una sorpresa como en los mejores tiempos. No es poca cosa ser el tercer país con más representantes entre los mejores cien. La Davis, la vuelta de Del Potro, los challengers... todo sirve, porque hay contagio. Y es muy positivo", aportó Francisco Yunis, un entrenador con mucho kilometraje en el circuito, que celebró el valor que tuvo su actual pupilo, Olivo, para ganar su segundo challenger del año.

En 2007, la Argentina logró 20 títulos del Challenger Tour. En 2008 ganó 18. Y en 2011 consiguió la misma cantidad que ya alcanzó en la actualidad, 16. Aunque, todavía con varios torneos por delante -muchos de ellos en América del Sur y sobre polvo de ladrillo-, el número puede seguir creciendo. Es Facundo Bagnis el más ganador, con cinco trofeos, seguido por Guido Andreozzi, Horacio Zeballos y Olivo, con dos cada uno; uno tienen Nicolas Kicker, Carlos Berlocq, Agustín Velotti, Diego Schwartzman y Mayer.

"Los challengers son muy competitivos, porque hay jugadores con ambición de dar el salto al top 100 y son los torneos que dan los puntos para jugar los Grand Slam y los ATP. Nadie regala nada. Por suerte llegaron dos argentinos a la final en Buenos Aires. En la Argentina siempre van a seguir saliendo jugadores; habrá momentos más gloriosos y otros no tanto. Pero el jugador argentino tiene mucho espíritu de sacrificio. Ojalá la temporada termine de la mejor manera, como todos queremos", agrega Mariano Hood, subcapitán del equipo de la Davis y que colabora momentáneamente con Mayer como coach.

El tenis argentino no tiene el brillo de otros momentos, está claro, pero siempre se las arregla para tener razones para festejar.

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