Los números de Gustavo Alfaro en Boca y qué diferencia les saca a los Mellizos Barros Schelotto

La alegría de todo Boca, después de la goleada sobre Liga, en Quito
La alegría de todo Boca, después de la goleada sobre Liga, en Quito Fuente: AFP
Pablo Lisotto
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22 de agosto de 2019  • 23:59

"Si hubiéramos perdido 3 a 0 volvería a hacer todo de la misma forma", dijo Gustavo Alfaro luego de la contundente victoria de Boca en Quito, por la Copa Libertadores. Allí, justamente en el mensaje detrás de esa frase, radica una de las primeras grandes victorias que el equipo se trajo de Ecuador más allá del marcador favorable. Establecer un rumbo y una planificación a mediano y largo plazo debe trascender a un resultado, que a veces puede ser adverso. Si el plantel y el cuerpo técnico están convencidos del camino elegido, nada debería alterarle la ruta delineada. Porque además, cuando un entrenador planifica cada detalle de un partido y en el desarrollo el jugador nota que eso luego sucede en el campo de juego, el nivel de confianza entre conductor e intérpretes se potencia.

Ese es, justamente, uno de los secretos del éxito en la vereda de enfrente. "¿Qué hubiéramos cambiado si perdíamos en Madrid? Nada. Hubiéramos vuelto al punto de partida para transitar el mismo camino", le reconocían Leonardo Ponzio, Marcelo Gallardo, Enzo Francescoli y Rodolfo D'Onofrio a LA NACION, días después de la coronación de River en el Bernabéu. En Boca, en cambio, se sabía de antemano que una derrota en la capital española derrumbaba el castillo de naipes y sellaba el ciclo de los Barros Schelotto y el de varios integrantes de ese plantel, como sucedió. Imposible edificar algo si los cimientos no están firmes y todo se demuele ante cada contratiempo.

El abrazo de los jugadores de Boca, luego del gol de Reynoso
El abrazo de los jugadores de Boca, luego del gol de Reynoso Fuente: Reuters

Por eso es tan importante lo que dijo Alfaro. Porque más allá del resultado, lo que sobresalió a 2.850 metros del nivel del mar fue la actuación xeneize. Su rendimiento. Su compromiso. Su aplomo. Su juego grupal. Su madurez, esa que el mismo entrenador había reconocido como una deuda pendiente hace apenas días, cuando Almagro lo eliminó en la Copa Argentina. La contundente victoria fue consecuencia de todo aquello. Y aunque en la intimidad sabe que fue la mejor actuación de su ciclo en la Ribera, Gustavo Alfaro también fue sincero en la conferencia de prensa, molesto por algunas críticas previas: "Si Boca perdía me sacrificaban en una plaza pública."

Desde este punto de partida, el objetivo principal será sostener el nivel alcanzado. Que la tarde en Quito no se convierta en un espejismo, en un oasis, sino en una bisagra. En un antes y un después.

Hay más aspectos positivos que le permite ilusionarse. Este Boca de Alfaro es mucho más cerebral que el que conducían los Barros Schelotto. El actual entrenador prioriza la firmeza defensiva y el dominio del medio campo por encima de la explosión y el poder de fuego en ataque que brindaba el de los Mellizos. En sintonía, De Rossi destacó hace unos días: "En la Argentina se corre mucho, pero los jóvenes tienen que aprender a pensar dentro de la cancha".

Las estadísticas, al mismo tiempo, evidencian que la fórmula del actual DT xeneize es mucho más efectiva que la anterior. Desde que asumió Alfaro, Boca ganó 20 partidos igualó 11 y perdió apenas 3. Marcó 55 goles, recibió 19 y sostuvo su valla invicta en 20 ocasiones. Guillermo, en cambio, en ese mismo lapso venció en menos oportunidades (14), perdió casi el triple (8) y anotó casi la misma cantidad de tantos (57), pero al mismo tiempo recibió muchos más (34) y solo mantuvo su valla invicta en 9 encuentros. Otro plus: el Boca de Alfaro ganó 15 de los 20 partidos que mantuvo su arco en cero; el de los Barros Schelotto, 4 de los 9.

Gustavo Alfaro se refirió a la buena actuación del equipo en la altura de Quito
Gustavo Alfaro se refirió a la buena actuación del equipo en la altura de Quito Fuente: AP - Crédito: Dolores Ochoa

El 3 a 0 ante Liga de Quito lo alivia al xeneize, aunque sería un error si se relaja. Es evidente que el pasaje a las semifinales de la Copa está al alcance de la mano, pero todavía faltan 90 minutos para ratificar esa sensación de que el equipo está entre los mejores cuatro de América por cuarta vez en los ocho años de gestión Angelici (antes fue subcampeón en 2012 y 2018, y cayó en las semifinales de 2016).

La holgada victoria en Ecuador también le permite a Boca reprogramar su agenda. El domingo, frente a Banfield, y el próximo miércoles, ante Liga en la Bombonera, Alfaro podría darles descanso a algunos titulares, y comenzar a palpitar el superclásico del 1° de septiembre en Núñez. Pero, ¿quiénes son titulares? Más allá de la columna vertebral, con forma de rombo, en el núcleo defensivo y compuesta por Andrada, Lisandro López, Izquierdoz y Marcone, los otros nombres rotan constantemente, ¿Weigandt o Buffarini?, ¿Mas o Fabra? ¿De Rossi o Capaldo? ¿Reynoso o Mac Allister? ¿Villa o Salvio? ¿Tevez o Zárate? ¿Wanchope o Soldano?

La amplitud de variantes le ofrece al entrenador un abanico de posibilidades que, bien aprovechadas, resultan demoledoras. "Tengo un nivel de recambio que no merma calidad y puedo poner hombres frescos con talento que marcan diferencia en el desgaste del rival", reconoció Alfaro el domingo, luego de superar 2 a 0 a Aldosivi, por la Superliga, sin brillar. Hoy Boca tiene al menos 15 titulares, listos para saltar a la cancha cuando el DT lo disponga. Y eso es algo que comprenden desde los chicos que se sumaron al equipo hace semanas hasta un ídolo de la talla y experiencia de Carlos Tevez, que tal vez pensó que ingresaría ante la lesión de Zárate, y terminó viendo desde el banco el buen trabajo, y el golazo, de Reynoso.

El triunfo, la goleada, los tres tantos en suelo visitante y la valla invicta resultan importantísimos para el camino que Boca está construyendo en la Copa Libertadores. Sin embargo, en la altura de Quito el equipo de la Ribera ganó muchísimo más que un partido de fútbol y el primer chico de una serie de 180 minutos que concluirá el miércoles próximo, en la Bombonera. De todos los involucrados dependerá sostenerlo en el tiempo.

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