Murió Juan Esteban Bianchi, el entrenador que revolucionó el turf y luchó por un lugar para la mujer

Don Juan Esteban Bianchi en el stud con Storm Mayor, su último gran héroe
Don Juan Esteban Bianchi en el stud con Storm Mayor, su último gran héroe Fuente: Archivo - Crédito: Carlos Lares
Carlos Delfino
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7 de mayo de 2020  • 14:32

"Cuidar caballos de carrera es un arte. Hay que sentir el placer por hacerlo y tener vocación y cariño por los animales", aseguraba Juan Esteban Bianchi. Ganó más de 3000 carreras, una buena parte de ellas en tiempos en los que había competencia sólo los fines de semana. El preparador, que casi un tercio de esas pruebas las obtuvo con mujeres en las riendas de sus caballos, murió este jueves, justo el día que el hipódromo de Palermo, donde un sector lleva su nombre, cumple 144 años.

Comenzó en la actividad a los 14 años, como peón, en el haras El Turf. "Al principio, sacaba la basura con una pala. Fue aprendiendo, ascendí a segundo capataz y luego, a capataz. Conocí todo lo que pasa desde que una yegua está en celo en un haras. Era curioso. Y como no existía en esa época un veterinario residente, yo tuve que hacer cosas que veía en los mejores profesionales del momento", recordaba Don Juan.

Sergio Lema, otro ilustre, fue su mentor hasta que murió víctima de un asalto a mano armada cuando iba a elegir potrillos en un remate al que inicialmente irían juntos. Juan se quedó en el stud aquel día. Finalmente, heredó las enseñanzas y los caballos. A la mañana siguiente, recibió la patente de entrenador, que en ese momento la otorgaba Lotería y Casinos. Tenía 40 años. Allí comenzó a escribir su historia como preparador el Mago de Capitán Sarmiento.

Sin perder la humildad, siempre aceptaba que revolucionó la cuida. "Nunca me equivoqué por no preguntar. Tenía el mejor equipo y lo aproveché para cambiar algunas metodologías. Lo que nunca toleré es que un propietario me ordene lo que tenía que hacer con el caballo. El cuidador tiene que hacerse respetar", sentenciaba hace unos años en un imperdible ciclo de entrevistas del hipódromo de San Isidro.

Su revolución no fue solamente en el manejo del entrenamiento. También, le abrió el camino a la mujer en el turf, en 1973. Desde que le hizo un lugar a Marina Lezcano, cuando las jocketas pudieron comenzar a correr, hasta sus últimos tiempos, siempre hubo una a su lado. Con aquélla, que actualmente es profesora de la escuela de aprendices de La Punta, en San Luis, marcaron una época gloriosa. Conseguían triunfos grandes con la misma facilidad que Lionel Messi se saca de encima rivales. Telescópico lo unió en un hecho inédito: el último vencedor de la llamada Cuádruple Corona argentina, en 1978, tuvo una dama en los estribos en sus cuatro pruebas: Polla, Jockey Club, Nacional y Carlos Pellegrini.

"Jamás se pensó que una mujer podía estar en el turf. El propio Irineo Leguisamo cuestionó la decisión, pero luego tuvo la grandeza antes de retirarse de acercarse un día que estábamos trabajando con Marina y nos dijo que venía a disculparse por la gran equivocación que había tenido. A ella le dio un beso; la felicitó porque, además, había logrado algo que nunca él había podido y se fue. A mí me corrieron grandes jockeys, pero a Marina nunca la pude reemplazar", recordaba Juan Esteban, que le confiaba casi todos sus caballos.

Ganó el Pellegrini también con Storm Mayor. A ambos los comparó alguna vez, aunque no en la dimensión. "En abril, Telescópico no podía salir de perdedor y yo ya sabía que tenía un crack. Con Storm Mayor pasó algo similar, porque por una lesión tuve que hacerlo saltar de las carreras de 1400 metros al Nacional, de 2500. Pero todavía le falta, el año que viene va a ser un fenómeno", aseguraba en 2005. Un visionario: el zaino repitió el gran éxito en 2006 y fue el último caballo capaz que conseguir la hazaña dos veces seguidas en la carrera más importante de América del Sur. Algo así, no sucedía desde la década del '40.

El Pellegrini de 2005

También festejó en esa célebre competencia con Coalsack, uno al que lo habían pagado apenas 6000 pesos cuando lo fueron a comprar los dueños, y con Larabee, justo en el año -1987- que decidió dejar de presentar a sus caballos porque lo habían suspendido por un doping y presentó una demanda. Fue su dolor más grande. A partir de allí, casi siempre había un familiar formando parte de su equipo que presentaba los caballos: su hermano Carlos, su yerno Jorge Viego o su hijo Juan Carlos, que heredó el legado, luego se independizó y sigue en actividad. Don Juan volvió a aparecer en los programas a mediados de la primera década de este siglo, para hacer binomio especialmente con otra jocketa, Andrea Marinhas.

Además, el primer caballo argentino ganador del Latinoamericano, estaba en sus manos. En 1989, ocho años después de instaurarse la prueba y ser esquiva, Savage Toss venció en La Plata, montado por Jorge Valdivieso. Bianchi dejó su sello más profundo: fue 1-2 propio, con Octante, otro de los suyos como escolta. "Hubo gente que me copiaba o me pedía opiniones, pero por ahí estaban en las antípodas de mi forma de entrenar. Eso no quiere decir que fui bueno, pero la historia dice que tuve éxito. A veces, ganar muchas carreras seguidas te hace creer que sos el mejor, pero después viene el bajón y todos vamos a parar al mismo lugar", analizaba. A su lado nunca faltó Carmen, su mujer, con quien además tuvieron una hija, Alicia.

El Latinoamericano de 1989

Para los hípicos, hay más nombres asociados que son reconocidos: Fort de France ("el mejor que cuidé, pero era de muy mal genio", se lamentaba), Serxens, Babor, Cipayo, El Gran Capitán, El Asesor, Clorihidratante, Yameverás, Fitzcarraldo ... "Lo mejor que se puede hacer es fomentar las carreras largas. Con ellas se logran caballos aptos para la distancia y hasta los jockeys aprenden", sostenía. El sector del segundo piso de la tribuna Paddock de Palermo que lleva su nombre es por el voto de los aficionados.

En la casa, junto a parte de sus trofeos, conservaba un cuadro pequeño que le habían regalado en sus comienzos. No tenía ningún dibujo. Sólo una frase: "La virtud es perseguida en todo el mundo por la envidia. Morirán los envidiosos, pero la virtud, nunca". Se fue un virtuoso, a los 86 años. Dejó la sabiduría.

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