Apoyo, advertencias y un “calvario”: qué hace falta para que despegue la inversión en la Argentina
En un evento organizado por Atlantic Council, se combinaron señales de apoyo externo, cuellos de botella estructurales y un shock internacional que acelera decisiones en energía y minería
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En un mismo escenario se cruzaron tres mensajes que sintetizan el momento económico argentino: el respaldo —condicionado— de Estados Unidos a la gestión de Javier Milei, la descripción cruda de los obstáculos para invertir y una oportunidad que se acelera por factores externos. Fue durante el evento del Atlantic Council en Buenos Aires, titulado “Punto de inflexión Argentina: Acelerando el crecimiento económico”, donde funcionarios, empresarios y banqueros delinearon un diagnóstico común: hay condiciones, pero falta ejecución.
El punto más explícito llegó desde Washington. El presidente del Banco de Exportaciones e Importaciones de Estados Unidos (Ex-Im Bank) —una agencia federal creada para financiar exportaciones, infraestructura y proyectos estratégicos—, John Jovanovic, dejó una advertencia y una promesa en simultáneo.
Estados Unidos, dijo, busca evitar “inversiones extranjeras corrosivas” y fue aún más directo al plantear el trasfondo geopolítico: “No tiene sentido permitir que la influencia maligna crezca en el hemisferio occidental”. Sin mencionarlo de forma explícita, el mensaje apuntó a la competencia global por recursos estratégicos, en especial frente al avance de China.
En ese marco, prometió apoyo si la Argentina avanza con las reformas. “Si hacen la parte difícil, vamos a estar para apoyarlos y evitar la corrupción y el atraso”, afirmó. El respaldo fue explícito hacia la gestión de Javier Milei, con elogios al rumbo económico y a la señal de apertura hacia el capital internacional.

Uno de los instrumentos más valorados por los inversores, según Jovanovic, es el RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones). Destacó que permite proyectar inversiones de largo plazo al reducir incertidumbres regulatorias y facilitar la importación de equipos sin riesgo de litigios. En el mismo sentido, remarcó que las empresas no buscan perfección, sino consistencia y capacidad de atravesar ciclos políticos.
Además, introdujo una comparación que circuló entre los ejecutivos presentes: Chile exporta cerca de US$60.000 millones en metales al año, mientras que la Argentina apenas ronda los US$6000 millones, pese a contar con recursos similares. Para el funcionario, esa brecha resume el desafío pendiente.
Ese optimismo externo convive, sin embargo, con las dificultades que enfrentan quienes ya invierten en el país. El empresario José Luis Manzano lo sintetizó con una frase que resonó entre los presentes: “Yo estoy en toda la cadena, tengo desde sueños hasta producción. Los sueños son hermosos y la producción, también. El medio es un calvario. Es como si lo hubiera escrito el Dante”.
El diagnóstico no fue abstracto. Manzano detalló ese “calvario”: conseguir permisos, estructurar financiamiento, construir la infraestructura y atravesar la volatilidad de los precios internacionales. Aun con los avances macroeconómicos y regulatorios que reconoció —como el RIGI—, el cuello de botella sigue estando en la ejecución concreta de los proyectos.
En esa línea, apuntó también al rol de las provincias y a la falta de infraestructura crítica. Energía en zonas productivas, trenes para transportar minerales y puertos para exportar aparecen como los tres eslabones donde, según el empresario, se juega el salto de escala. Allí es donde, planteó, podría darse una participación más directa de capital estadounidense.
También dejó un mensaje hacia el empresariado local: advirtió que en la Argentina existe capital y talento técnico suficiente para asumir ese riesgo, pero que falta “apetito” para invertir en las etapas más tempranas, donde se concentra la mayor creación de valor.
El diagnóstico fue compartido por otros ejecutivos del sector. Desde Glencore hasta McEwen Copper coincidieron en que la Argentina logró recrear condiciones de confianza, pero todavía enfrenta desafíos logísticos y energéticos para transformar proyectos en producción.
En paralelo, el sector energético aportó otro elemento clave: el contexto internacional empieza a jugar a favor. El presidente de YPF, Horacio Marín, sostuvo que la guerra en Medio Oriente —y el consecuente salto del precio del petróleo— está acelerando decisiones de inversión en Vaca Muerta.
“Es probable que la guerra haya adelantado los tiempos”, afirmó.
Según sus estimaciones, el sector podría movilizar inversiones por hasta US$130.000 millones en los próximos cinco años, con un fuerte foco en infraestructura. Solo este año, YPF prevé destinar US$20.000 millones a obras y US$10.000 millones a producción.
El ejecutivo también remarcó el alineamiento con Estados Unidos como un factor clave para el desarrollo energético y planteó que la Argentina puede convertirse en un proveedor relevante en un mundo que busca diversificar sus fuentes de energía.
El proyecto más ambicioso es Argentina LNG, que busca convertir al país en exportador global de gas natural licuado. Marín lo definió como “el project finance más grande de la historia de América Latina” y remarcó que requerirá una escala inédita de inversiones.
A nivel territorial, el impacto ya empieza a sentirse. El gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, describió un cambio de paradigma impulsado por Vaca Muerta.
“Existe otro escenario. Estamos en una zona de no conflicto. Tenemos inversión privada en infraestructura y antes era solo pública”, señaló.
El crecimiento, sin embargo, trae nuevos desafíos. “En Neuquén nacieron 6000 chicos, pero migraron 21.000 personas. Siempre existe el desafío de generar la infraestructura adecuada”, explicó, al referirse al fuerte flujo migratorio que genera el desarrollo energético.
Para el gobernador, el fenómeno obliga a planificar más allá del boom actual. “Estamos pensando el post Vaca Muerta. Es prioritario nuestro programa de becas. Existe un trabajo público-privado”, agregó, al subrayar la necesidad de capital humano y planificación de largo plazo.

Ese potencial, sin embargo, vuelve a chocar con el mismo límite que describió Manzano: la capacidad de transformar oportunidades en proyectos concretos.
En el cierre del evento, el ministro de Economía, Luis Caputo, insistió en que la estrategia oficial apunta justamente a resolver esos cuellos de botella estructurales. Reiteró los tres ejes del plan —baja de impuestos, desregulación y mejora de la logística— y volvió a descartar la devaluación como herramienta para ganar competitividad.
El embajador de Estados Unidos en la Argentina, Peter Lámelas, reforzó esa visión con un mensaje directo a los inversores. “Este es el momento de entrar a la Argentina. No cuando todos ya estén adentro, sino ahora”, afirmó, y remarcó que el cambio en la percepción externa ya está en marcha. Según planteó, los inversores no esperan condiciones perfectas, sino señales claras: “Los mercados no demandan perfección, demandan dirección”.
En esa línea, insistió en que la oportunidad depende de la capacidad de ejecución. “Un punto de inflexión no se define por anuncios, sino por resultados”, advirtió. Y sintetizó el momento: “Los inversores que ganan son los que se mueven antes de que la oportunidad esté completamente valorizada”.
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