Taxis voladores. Están cada vez más cerca de comenzar a funcionar

En el último tiempo cada vez más empresas avanzan con sus proyectos, aunquela falta de regulaciónes una gran barrera
The Economist
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28 de septiembre de 2019  

En octubre de 1908, en un campo ventoso en Farnborough, al sudoeste de Londres, un exshowman del Far West de nombre Samuel Cody, con un bigote con forma de manubrio, completó el primer vuelo oficial controlado de un aeroplano con motor en Gran Bretaña. Desde entonces muchas otras aeronaves pioneras, desde el Concorde hasta el Airbus A380 gigante, volaron en lo que se convirtió en la muestra aérea bienal de Farnborough. El centro aeroespacial que organiza la muestra ahora se prepara para que otro tipo de aeronave revolucionaria se lance al cielo. Estas nuevas aeronaves se describen diversamente como taxis voladores, drones de pasajeros o, como los llama la industria, vehículos de movilidad aérea urbana (UAM es la sigla en inglés). Hay alrededor de 200 de estas naves en diversas fases de desarrollo en todo el mundo, según expertos de la primera cumbre aérea urbana global reunidos a comienzos de este mes. Algunos prototipos ya realizan vuelos de prueba y los operadores esperan poder comenzar con los servicios comerciales en los próximos años. Uber, con su servicio de llamada de vehículos con una app, apunta a iniciar vuelos de pasajeros en Dallas, Los Ángeles y Melbourne, Australia, para 2023.

Pero queda una cantidad de obstáculos. "Nadie sabe realmente cómo se va a dar", admite François Sillion, jefe del Centro de Tecnologías Avanzadas en París de Uber. Eso se debe a que los obstáculos no son particularmente tecnológicos sino regulatorios. Las autoridades aún están elucubrando cómo certificar que estas nuevas aeronaves son seguras, en particular dado que muchas volarán sin piloto, llevando pasajeros en lo alto, zumbando autónomamente por la ciudad.

Si bien los diseños UAM son muchos y variados, tienen algunos aspectos comunes. Las aeronaves son invariablemente eléctricas, aunque algunas son híbridas con un motor a combustión de respaldo. Por lo general despegan y descienden verticalmente, como un helicóptero, pero a diferencia de un helicóptero usan múltiples rotores pequeños. Las versiones para dos y tres pasajeros pueden volar entre 30 y 160 kilómetros. Dado que los múltiples rotores tienen motores eléctricos individuales, cada rotor puede ser controlado por sistemas de vuelo computarizados. Esto provee un alto nivel de estabilidad, haciendo en teoría que cada aeronave sea más fácil de conducir que un helicóptero y más fácil de automatizar. Cosa tranquilizadora, los múltiples rotores también significan que estas aeronaves pueden compensar rápidamente si uno o más de sus motores falla.

Algunas aeronaves ya están más allá de la fase experimental. El VoloCity de 18 rotores está siendo desarrollado por Volocopter, una firma alemana, basado en un prototipo que ya ha tenido numerosos vuelos de prueba. Uno de ellos fue un vuelo autónomo en Dubai hace menos de un mes. Geely, un fabricante chino de autos, que es también dueño de Volvo, adquirió una participación minoritaria en Volocopter y encabezó una ronda de financiación por US$55,1 millones para ayudar a llevar el VoloCity al mercado. La aeronave puede cargar dos personas (una de las cuales puede o no ser un piloto) más equipaje por 35 km.

Otros tipos de taxis aéreos usan un "ala giratoria". Este tipo tiene múltiples rotores montados en las alas, que giran hacia arriba para el despegue y aterrizaje vertical, pero se mueven hacia adelante para operar como un avión de ala fija con hélices para el vuelo. Esto ahorra energía e incrementa el alcance de la nave.

Pero detrás de todos estos planes acecha un problema más. Es difícil obtener permisos de planos para helipuertos en algunas ciudades, en gran medida debido a objeciones por el ruido. Los taxis voladores, dado que son eléctricos, debieran resultar mucho más silenciosos que los helicópteros, pero aún es probable que anden zumbando por los cielos, igual que los drones. Los líderes de algunas ciudades, tales como Dubai, Guangzou y Singapur, pueden estar dispuestos a aceptar eso como el sonido del progreso. Otros quizás no. Y debe recordarse que el ruido puede hacer que queden en tierra las ambiciones de muchos aviadores. Pese al atractivo del transporte supersónico, al Concorde le cortaron las alas por el estruendo que hacía al atravesar la barrera del sonido.

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