En la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) sostienen que la mención del capitán de la selección nacional sobre que toma esa bebida con gaseosa tuvo un efecto positivo para la actividad; Fabián Ruggeri y Mario González, el nuevo presidente y el titular saliente, respectivamente, analizaron la situación del sector
5 minutos de lectura'

La vitivinicultura argentina inicia una nueva etapa institucional. El próximo 7 de marzo, en el marco del tradicional Desayuno de la Vendimia, Fabián Ruggeri, actual presidente de Acovi, asumirá la conducción de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar). Ruggeri, ingeniero agrónomo de cuarta generación de viticultores, sucederá al riojano Mario González, marcando el regreso de Mendoza a la presidencia tras diez años y consolidando el peso del sector cooperativo en la estrategia nacional.
El traspaso ocurre en un momento de definiciones profundas. En diálogo con LA NACION, ambos dirigentes coincidieron en que, si bien la calidad del vino atraviesa su mejor momento, la “mochila” de costos internos condiciona el crecimiento. “El vino nunca estuvo cerrado a las importaciones; el desafío real es la asimetría frente a los subsidios de Europa. Competimos contra Estados que invierten para que su gente no se vaya del campo”, definió González. En la cámara, en tanto, celebraron el “efecto Messi”: el capitán de la selección nacional viene de decir que toma vino con una reconocida gaseosa de lima limón, frase que puede impulsar el consumo. Messi dijo: “Me gusta el vino, tomo así vino... si no es la misma de siempre: vino y Sprite para que pegue rápido y pasa bien”.

La Argentina se posiciona hoy como el 7º productor mundial de vino y el 11º exportador, con una industria que genera más de 380.000 empleos en 19 provincias. El sector mostró vitalidad en 2024: las exportaciones totales crecieron un 15,3% en valor (U$S933 millones), impulsadas por un récord histórico en pasas de uva (43.515 toneladas). En tanto, el enoturismo saltó un 144% desde 2013, con 486 bodegas abiertas al público. No obstante ello, en 2025 las ventas externas se redujeron un 5% respecto del año anterior y un 30% en comparación con 2022. Actualmente, el mercado local está amesetado.

Un balance del 2025
A pesar del contexto recesivo, los números del último año arrojan una lectura ambivalente. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el mercado interno mostró una notable capacidad de resistencia, cerrando 2025 con una caída de apenas el 2,3%, un número sensiblemente menor al de otros rubros de consumo masivo. "La industria hizo un esfuerzo enorme por no mover precios al ritmo de la inflación para mantener el consumo, pero fue a costa de la rentabilidad“, explicó Ruggeri.
En el frente externo, mientras el vino fraccionado cayó un 6,3% —facturación en dólares—, surgió una “estrella inesperada”: los derivados de la uva.
"Hoy hay una oportunidad enorme en el mosto y el blanco a granel porque España e Italia no tuvieron buenas cosechas y están pidiendo producto a la Argentina“, agregó Ruggeri, proyectando un 2026 de recuperación exportadora. Vale señalar que el jugo concentrado de uva o mosto creció en 2025 un 3,5%, aunque en facturación bajó 3,6%.

El “ancla” impositiva
Uno de los puntos más ríspidos para la nueva gestión será la relación con la base productiva. Ante las quejas de los viñateros por los bajos precios de la uva (que en muchos casos se mantienen en niveles similares desde hace tres años), las autoridades de Coviar señalan al Estado como el socio más costoso. Un informe de la Universidad Nacional de Cuyo revela que la carga impositiva en la Argentina oscila entre el 58% y el 62% del excedente de una bodega.
"Si nos comparamos con Chile, ellos tienen un 32% o 34%; nosotros los duplicamos y competimos con ellos en las mismas góndolas“, advierte González. A este escenario se suma el costo logístico: trasladar vino desde Cuyo hacia los centros de consumo o puertos es, para el sector, una desventaja estructural que alimenta el fantasma del abandono de vides en variedades menos rentables.

Revitalizar el consumo
La industria ha entendido que el lenguaje solemne alejó a las nuevas generaciones. En el sector celebraron el “efecto Messi”: el comentario del capitán de la selección nacional sobre su gusto por el vino acompañado por una reconocida gaseosa hizo más por la “descontracturación” que años de campañas. “Necesitamos que el vino vuelva a la mesa diaria sin miedo; si el mejor del mundo lo toma con soda, el mensaje es que se disfruta como cada uno quiere”, coincidieron los dirigentes.

Esta búsqueda de nichos incluye inversiones en vinos “light” y versiones 0.0 para mitigar el impacto de la Ley de Alcohol Cero, a la que consideran una “batalla perdida” legislativamente, pero "dañina desde lo estadístico", al castigar el consumo responsable en restaurantes sin atacar el foco real de la siniestralidad vial.

Desregulación
Desde su cargo Ruggeri deberá navegar la ambiciosa agenda de desregulación del Gobierno. Si bien la Corporación Vitivinícola celebra la eliminación de trabas burocráticas y el fin del Sistema de Importaciones de la República Argentina (SIRA), mantiene una postura firme respecto al control del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).

"Estamos a favor de agilizar trámites, pero el consumidor debe seguir confiando en lo que dice la etiqueta“, sostiene. Con el enoturismo y la diversificación hacia blancos como norte, la nueva cúpula asume con el reto de transformar la cultura del vino en un negocio sostenible para el eslabón más débil: el productor.
1Avanza Brasil: la Argentina está al borde de perder el liderazgo mundial en un producto que genera casi US$10.000 millones
2Por primera vez: la Argentina exportó harina de soja certificada a Vietnam
3Vacunos: subas en el Mercado Agroganadero de Cañuelas
4Revés para un intendente K: la Justicia declaró nula una tasa por “servicios esenciales” impuesta al campo





