En el contexto de la cosecha récord, la soja sigue estando relegada por la elevada presión impositiva que soporta
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Con frecuencia se lee o se escucha de respetables analistas políticos y económicos nacionales afirmar que el campo es uno de los sectores ganadores del modelo Milei. A trazo grueso se lo pone en el mismo nivel que la minería o la producción de petróleo, en contraposición con lo que estaría sucediendo con la actividad industrial u otros rubros como la construcción.
Hay algunas proyecciones que invitan a suscribir rápidamente esa afirmación. La principal es la que se refiere al volumen récord que se alcanzaría con la actual campaña agrícola 2025/26. Según estimó la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) se alcanzarían los 160 millones de toneladas. La imagen de la larga fila de camiones que se formó en los últimos días en los ingresos de los puertos del Gran Rosario, sobre el Paraná, podría ser la representación más contundente de ese gran volumen. Con una visión menos optimista, alguien podrá decir que todos los años se repite esa postal. En rigor, según explican los que siguen de cerca el movimiento diario de camiones, no solo irrumpió en las terminales el gran volumen de la cosecha de maíz y el comienzo de la de soja sino que sigue llegando trigo y girasol. Ya en noviembre del año pasado, los analistas del mercado de granos advertían sobre la potencial congestión en los puertos para esta época del año por las proyecciones de buenas cosechas de los cereales y el cultivo estrella, el girasol. Otro factor que influyó para que se viera una gran cantidad de camiones en las rutas de los accesos a los puertos es que se reanudó la cosecha tras las tres semanas de fuertes lluvias en gran parte de la zona núcleo agrícola.
En definitiva, es bienvenido el aumento de producción de tres de los cuatro principales cultivos de la agricultura argentina, pero a quienes reparan en el trazo grueso y no en los detalles habría que recordarles que la soja, que todavía sigue aportando el mayor ingreso de dólares por exportación de bienes del país, está estancada. En una metáfora futbolística, podría decirse que es como si Messi, en el Mundial de Qatar, hubiera jugado 45 minutos todos los partidos. Algún gol hubiera metido, pero seguramente la Argentina no hubiera levantado la copa de la FIFA.

Según el último informe mensual de estimaciones agrícolas de la Secretaría de Agricultura, la soja tendría una cosecha de 49 millones de toneladas, un 4,1% menos que en el ciclo agrícola 2024/25. En hectáreas, la superficie implantada cayó un 8,3%, con 16,5 millones de hectáreas, respecto de la campaña pasada. Justamente, la oleaginosa es la que tiene mayor carga impositiva que el resto de los cuatro cultivos principales por efecto de los Derechos de Exportación (DEX). En pleno gobierno libertario, significa que, aproximadamente, el Estado se queda con uno de cada cuatro camiones que salen del campo. Es cierto que la administración Milei bajó de 33% a 24% los DEX para la soja (poroto), derrumbó la brecha cambiaria y redujo la carga impositiva para la importación de insumos clave como los fitosanitarios. A su vez, la corrección del déficit fiscal permitió encaminar la inflación hacia la baja, lo que ayuda a planificar la producción con una previsión más certera que cuando los índices estaban por las nubes.
Pero este escenario todavía no es suficiente para impulsar el verdadero despegue de la soja. Y mientras persistan las retenciones seguirá teniendo un techo productivo.
El impacto de hacer algo diferente lo expuso hace una semana la BCR, que en un trabajo de Tomás Rodríguez Zurro, Franco Ramseyer, Emilce Terré y Julio Calzada, de la Dirección de Información y Estudios Económicos de la institución, sostuvo que “si las retenciones se eliminaran, esas cifras cambiarían de manera significativa: la producción llegaría a 183 millones de toneladas, las exportaciones a 126 millones y el valor exportado treparía a unos 50.000 millones de dólares”. Esto se alcanzaría en 2036 si la baja fuera gradual.
A su vez, habría una compensación de la recaudación fiscal que perdería el Estado por el incremento de la producción.
Tampoco hablan de un boom los cálculos sobre los márgenes del próximo ciclo por el aumento de los insumos, fundamentalmente fertilizantes, a raíz del conflicto en Medio Oriente. En un momento político propenso a la hipérbole y las exageraciones sería aconsejable poner los pies sobre la tierra y pensar en todo lo que falta hacer.
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