Carlos Heller: "El nivel de depósitos en el Credicoop es el más alto de la historia"

Carlos Heller, sobre el aporte solidario extraordinario: "Si a la persona le saco sus participaciones empresarias, te diría que me queda la casa del country. Entonces, ¿qué sentido tiene?"
Carlos Heller, sobre el aporte solidario extraordinario: "Si a la persona le saco sus participaciones empresarias, te diría que me queda la casa del country. Entonces, ¿qué sentido tiene?" Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Esteban Lafuente
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7 de octubre de 2020  • 13:08

Con impulso demorado, timidez oficial y rechazo de sectores empresarios y rurales, el "aporte solidario extraordinario" sobre los contribuyentes con patrimonios mayores a los $200 millones avanza en el Congreso. "Estamos en una situación de emergencia y excepcionalidad y desde ahí se pide un aporte a ese segmento de la sociedad, poniendo que es extraordinario y que es por única vez, que es para atender fines específicos esclarecidos", dijo Carlos Heller, diputado del Frente de Todos y autor de la iniciativa, en diálogo con LA NACION.

Según estimaciones de la AFIP, compartidas por Heller en el debate de comisión, alcanzará a 9298 contribuyentes. "Es difícil pensar cómo hay que actuar frente a una situación de crisis dramática como la que atravesamos acá y en el mundo", planteó Heller.

El presidente del Banco Credicoop defendió el diseño del proyecto, minimizó su impacto sobre los bienes productivos y rechazó que genere un desincentivo a la inversión. "Todo el tiempo dijimos que este proyecto iba a estar dirigido a solicitar o generar un aporte sobre la riqueza personal y no las empresas. Así está referido", analizó.

-Ahora bien, ese patrimonio de cada contribuyente comprende, por ejemplo, participaciones en acciones en empresas. ¿No alcanza a inversiones productivas ahí?

-Si a la persona le saco sus participaciones empresarias, te diría que me queda la casa del country. Entonces, ¿qué sentido tiene? Lo que estamos diciendo es que no tiene nada que ver con el funcionamiento de las empresas, porque hablamos del patrimonio declarado de las personas. Que, además, está hecho sobre la base de los valores fiscales. Si se tomara a valor de mercado, sería mayor. Y no creo que haya 9000 productores agropecuarios que entren en esta categoría. Y de los 9028 contribuyentes alcanzados, 253 aportarían el 50% de lo que se espera recaudar. Estos 253 son el 0,8% de los que presentaron la declaración jurada de Bienes Personales, algo así como el 0,02% de la población argentina, y tienen el 49,1% de todos los bienes declarados por los argentinos. Ese es el sector que estaría alcanzado por el aporte.

-Una de las críticas es la escala. Quien tiene $199 millones no paga, pero quien tiene $200 millones debe pagar $4 millones.

-Hay que poner un punto de partida. No hay otra manera. Yo peleé porque fuera un punto de partida alto. Y lo que habría que decir es al revés: los que tienen menos de $200 millones no van a pagar nada. Pero en algún lugar hay que empezar, y va escalando. Para los que tienen patrimonios de entre $200 y $400 millones, el aporte representa el 5% de lo que se espera recaudar.

Carlos Heller, Alberto Fernández, Martín Guzmán y Máximo Kirchner, en Olivos.
Carlos Heller, Alberto Fernández, Martín Guzmán y Máximo Kirchner, en Olivos.

-El proyecto tuvo rechazo explícito de algunos empresarios y asociaciones de productores rurales. Ayer en un comunicado plantearon que usted "ha demostrado ser un permanente detractor de la producción rural". ¿Cómo toman esa situación?

-Esto no es contra nadie, por eso lo llamamos un aporte solidario extraordinario. No es un impuesto porque no es repetitivo, se lo plantea como excepcional y por única vez, que es solidario porque está destinado a paliar en parte los efectos de la pandemia y es extraordinario porque estamos viviendo esta situación excepcional. Me sorprende que genere ese nivel de incomprensión, pero entiendo que nadie se pone feliz si tiene que hacer un aporte. De todas maneras, me cuesta creer que alguno de los 9000 alcanzados va a modificar sus condiciones de vida o su situación en algo con este aporte, mientras que en la otra punta, quienes reciben los beneficios reciben un alivio importante.

-Pero el aporte se plantea sobre patrimonio, y esto alcanza propiedades, bienes o participaciones en empresas. Para pagar, el contribuyente podría tener que desprenderse de parte de esas inversiones, y ahí sí las afectaría...

-Hablamos de las 9000 personas con mayor patrimonio en la Argentina. Es impensable que esas 9000 personas no tengan la liquidez para que tengan que decidir vender parte de su patrimonio para poder poner un 2% o un 3% de su patrimonio. ¿Se te ocurre pensable seriamente que no tengan en su patrimonio liquidez disponible? ¿Te parece posible? No puedo decir que no haya algún caso particular, porque no tengo los nombres y por lo tanto no puedo puntualizar, y no pretendo personalizar, pero me parece poco probable. Además, con ese patrimonio, no tendrían dificultades en conseguir un crédito eventualmente, e imagino que la AFIP dará un plan de pago como pasa con cualquiera de estas cosas, que no será algo al contado. El objetivo es generar ingresos y seguramente tendrá alguna gradualidad y forma de pagarlo.

-Se planteó como propuesta reemplazar el proyecto por un plan de que los fondos se destinen a créditos o inversión productiva. ¿Se consideró esa alternativa?

-Estaríamos cambiando el aporte por un préstamo. También se habló de que se pueda aplicar a cancelar otros impuestos. Eso desnaturaliza el sentido del aporte. Lo otro es un préstamo, es otra cuestión.

-¿Cuál es su perspectiva sobre el camino del proyecto en el Congreso?

-La comisión tuvo dictamen de mayoría, con 27 votos a favor. Las expresiones que he escuchado, excepto de algunos legisladores de Juntos por el Cambio, son de acompañamiento. Pero yo no estoy en el poroteo. No es mi manera de actuar ni se trata de esto. En todo caso, busco adhesiones y apoyo político. Y hay encuestas que dicen que hay más del 70% de apoyo popular a esta iniciativa. Los diputados y diputadas representan a la gente, y supongo que a la hora de votar cada uno va a interpretar a quien representa. Pero de cualquier manera, esto es una cuestión esencial de la democracia, donde no alcanza con tener razón o creer que tenés razón. Necesitás apoyos suficientes para que un proyecto se pueda convertir en una ley. Si no la conseguís, hasta el mejor proyecto queda en la nada.

-Si el escenario es el que describe, ¿por qué el Gobierno demoró la presentación del proyecto? Los primeros borradores circularon en abril.

-Porque teníamos todos los problemas que había para el funcionamiento remoto de la Cámara. No quisimos avanzar hasta no tener la certeza de que lo virtual era lo suficientemente apto para que no se pudiera cuestionar el debate. Nada más que por eso. Lo fuimos madurando y perfeccionando desde el punto de vista de su contenido y de su alcance. Cuando empezamos a hablar, eran 12.000 contribuyentes alcanzados, con un piso de $200 millones de patrimonio que eran alrededor de US$3 millones. Lo que se plasmó en el proyecto es lo que estuvo planteado desde el primer día. Hubo iniciativas de tener un punto de partida más bajo o de involucrar a más gente y nos mantuvimos. Nos resistimos a todos los cambios.

-En la historia argentina hubo casos de impuestos transitorios o de emergencia y se volvieron permanentes. ¿No es este un nuevo caso?

-Este es imposible, porque lo que decís vos son impuestos a los que se les puso un período de duración y se extendieron. Esto no puede ser más que por única vez porque así se establece en el proyecto, y no tiene ninguna chance de que se repita. Y no tiene nada que ver con que el país tiene pendiente un debate sobre el esquema impositivo. Esto es un aporte extraordinario. Ahora, el debate en el mundo es sobre cuál tiene que ser la estructura impositiva. Hay crecientes opiniones sobre qué impuestos deben aplicarse y cuál debe ser la base imponible, y que deben crecer los que gravan las ganancias y los grandes patrimonios y no los que gravan el consumo. Tienen que ser impuestos verticales y no horizontales, con mínimos no imponibles importantes para no gravar a las mayorías y generar progresividad.

-¿No analizan que impuestos de este tipo puedan generar un efecto desaliento a las inversiones en el corto o mediano plazo?

-Si estamos hablando de las 9000 personas con mayor patrimonio en el país, con un aporte de entre el 2% y el 5,25%. Realmente, suena a excusa, con toda la prudencia del caso. Por otro lado, no sé de cuáles inversiones estamos hablando. Las de los últimos cuatro años fueron todas financieras y especulativas que nos llevaron a un fuerte proceso de endeudamiento. El mayor aliento para que haya inversiones es que haya un poder adquisitivo importante de la población que genere demanda y que los empresarios tengan más actividad. Los empresarios ganan plata cuando hay actividad económica creciente y cuando la gente gana bien. En las etapas de ajuste, solo ganan los especuladores. Si hacemos una revisión de cualquier etapa histórica, es así. Puedo dejar afuera del análisis al sector exportador, que no depende del mercado interno, pero la mayor parte del PBI sí está asociado al mercado interno, que crece cuando crece la demanda. Hoy la Argentina tiene un 50% de ociosidad en el aparato productivo. Antes de inversiones, se necesita ocupar ese espacio vía incentivos a la demanda. Las inversiones se convierten en imprescindibles cuando te empezás a acercar a la plena ocupación de la capacidad instalada.

-En las últimas semanas, comenzaron a verse argentinos que deciden radicarse en el exterior. Recientemente The Economist analizó el tema. ¿Los alerta esa dinámica?

-¿Quiénes son? ¿Cuántos son? Te invito a que leas el conflicto que existe en Europa por las empresas tecnológicas que se radican en Luxemburgo o Irlanda del norte y facturan desde ahí evitando pagar impuestos en países de la Comunidad Europea. Es un problema universal. La búsqueda de menor tributación, sobre todo en empresas que no requieren radicación física como las tecnológicas, los servicios o el sector 4.0 es un tema para la humanidad completa y se debate en el mundo. Si hubiera decisión política de terminar con los países de baja tributación, se podría hacer con holgura, pero son temas de fondo.

-En los últimos días se impulsó un boicot contra el banco Credicoop por parte de algunas asociaciones rurales en rechazo a este proyecto. ¿Cómo analiza la situación?

-Es un acto profundamente antidemocrático, porque intentan sancionarme a mí y a la entidad que yo presido porque estoy participando de una iniciativa con la que no están de acuerdo. Es antidemocrático por donde se lo mire. Yo no soy dueño sino el presidente del consejo de administración. Y las sociedades rurales no se caracterizan por tener un vínculo con la banca cooperativa. Están invitando a sus asociados a cerrar cuentas que nunca abrieron. Lo que tenemos son cuentas de cooperativas, agricultores, campesino y chacareros. 112 de nuestras 274 filiales están en localidades cuya principal actividad económica es la agropecuaria y en 50 de esas 112 estamos nosotros y algún banco público, porque no es negocio para los privados. Con esa práctica, están actuando contra intereses de la gente que dicen defender. Y la campaña de trolls es una vergüenza, terrorismo puro.

-¿Pero hubo impacto en los números del banco?

-El nivel de depósitos en el Credicoop es el más alto de la historia, en septiembre hemos crecido más de $10.000 millones y desde que la semana pasada empezó la campaña de este grupo de asociaciones rurales no tenemos ningún registro de que hayan venido a cerrar las cuentas. Le hablan a gente que no opera con Credicoop. Los que vienen a buscar créditos en el banco lo hacen porque ofrecemos mejores condiciones. Nadie hace maravillas. El posicionamiento político no tiene nada que ver con esta discusión. Esto es prepotencia. Es un gesto antidemocrático grave generar una corrida para intentar criticarme a mí.

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