Coronavirus. Daniel Artana: "Hay que ser prudente con el gasto: la emisión pasará factura"

Daniel Artana, de FIEL, dice: "Hay que ser prudente con el gasto: la emisión pasará factura"
Daniel Artana, de FIEL, dice: "Hay que ser prudente con el gasto: la emisión pasará factura" Crédito: Diego Spicavo/AFP
Silvia Stang
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26 de abril de 2020  

Daniel Artana, economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), sostiene que desde el Estado se debe contener con ayudas a quienes están sufriendo la imposibilidad de ejercer su ocupación, y procurar también que no quiebren empresas. Pero advierte que debe focalizarse bien la ayuda y que tiene que haber prudencia en lo fiscal, porque si bien ahora no se ven efectos de la emisión, en la pospandemiasí habrá una aceleración de la inflación.

-¿Qué medidas debería haber, ahora y a mediano plazo, para poner en marcha la economía?

-La cuestión es cómo flexibilizar la cuarentena cuidando a la vez la salud y es lo que está tratando de imaginar el Gobierno. Empezar por flexibilizar la cuarentena en los lugares del país donde hay menos riesgos de contagio, pero ahí la cosa es que es en los grandes centros urbanos donde se concentra la actividad económica; es complejo. Hay países que intentan dar flexibilidad apelando a la voluntad de la gente y a los testeos; acá no tenemos muchos y recién ahora comienza a haberlos. Se necesita que esta situación no genere quiebras de empresas y, por eso, en otras partes del mundo se pone énfasis en sostenerlas financieramente, a las grandes, a las medianas y a las chicas. Acá el Gobierno reaccionó lento, tras un sesgo contra empresas grandes, autónomos y monotributistas de categorías más altas; en otros lugares fue más generalizado. Hay que tratar de contener a quienes no pueden facturar normalmente, y hay que tener en cuenta que antes de la salida viene una época de cuarentena más light, en la que muchos sectores necesitarán aún un apoyo importante. En la Argentina hay una inflación muy alta, y la ayuda dada es contra emisión. Eso genera una fragilidad que otros países no tienen.

-¿Qué efectos tendrá esa emisión? ¿Qué puede estimarse con respecto a la inflación, teniendo en cuenta el juego de otras variables, como oferta y demanda?

-Hay que distinguir entre lo inmediato y la pospandemia. Y hay que distinguir entre la emisión prepandemia y la que se tiene que hacer durante la pandemia. Ya había un déficit primario, que este año quedaría en un nivel de entre 4% y 5% según nuestras estimaciones (y puede ser mayor también). La ayuda se va a financiar con emisión y se genera un aumento en la oferta de dinero por arriba de lo normal. Eso, ¿genera necesariamente inflación? En circunstancias anormales la gente está más dispuesta a tener más dinero; el problema será cuando vuelva a la normalidad y se lo va a querer sacar de encima. Y está el problema de dónde aterriza el resultado fiscal primario tras la pandemia: eso dependerá de si hay un mayor gasto que deja compromisos permanentes o si las medidas son transitorias. Supongamos que todo es transitorio y que se hace todo de manera fiscalmente inteligente: lo que queda es una montaña de emisión y hay tres opciones: la primera es que haya superávit primario, pero no va a pasar; la segunda es que se rescate parte de la liquidez con Leliq que tomen los bancos, pero es una montaña enorme de dinero y, en ese caso, los bancos no financiarían al sector privado para la recuperación, por estar financiando al Estado; la tercera es una aceleración de la inflación. Mi impresión es que habrá una combinación de las opciones dos y tres. En el corto plazo no hay un efecto en la inflación; el problema estará luego. Hay que ser prudente.

-¿El Gobierno hoy es prudente?

-Por un lado, toma medidas que efectivamente son transitorias. Por el otro, así como hoy los sindicatos se sientan con empresas a negociar rebajas de sueldos para quienes se quedan en sus casas -y el Gobierno asume parte del pago de esos salarios-, la pregunta es por qué no hace lo mismo el Estado con sus empleados que están en sus casas. La nómina salarial del sector público es de entre $240.000 y $250.000 millones por mes, y mucho de eso no es para quienes hoy están trabajando. La discusión es sobre los empleados que se están quedando en sus casas, de los distintos niveles del sector estatal, y están trabajando a media máquina; si estuvieran en el sector privado por ahí se les estaría pagando un poco menos.

-¿Cómo puede influir en las posibilidades de recuperación de la actividad el resultado que tenga el proceso de reestructuración de deuda?

-Si se entra en default se complica más. En 2002, cuando hubo default abierto porque no se pagó nada (ahora, quizá una parte sí, y entonces el default sería parcial), se afectó el crédito. Hoy hay retracción de exportaciones y esa situación sin crédito complica todo aún más. Además de la liquidez, es uno de los factores que a mi juicio está explicando la brecha cambiaria. Y una brecha cambiaria alta complica el funcionamiento de la economía, porque aparecen incentivos a subfacturar y se empiezan a contaminar precios de la economía. Otra cuestión es que, con default, se vuelve muy difícil para las empresas conseguir créditos para la inversión. O lograr la llegada de capital, porque las empresas que tienen inversiones en diferentes países van decidiendo dónde invertir, y es difícil convencer al board de poner plata en un país que está en default. Y en esa competencia, está además el problema de que tenemos economía que hace ocho años que no crece. Sería una irresponsabilidad caer en default porque, además, hay una parte de la deuda a pagar a los premios, y con un default se activan las cláusulas de cross default y terminan acelerándose bonos que iban a vencer dentro de varios años; se vuelve todo exigible. El daño a la Argentina por la montaña de juicios que en algún momento se terminarían pagando, sería enorme. Hay que tener cuidado y no hacer una irresponsaibilidad.

-¿Qué podría pasar con el nivel de actividad este año y en 2021?

-Nosotros estimamos que en un escenario con arreglo por la deuda habría una caída de 7,5% del PBI este año, con baja de 13% en el segundo trimestre y 8% en el tercero; son datos que está en revisión. Para 2021 preveíamos una recuperación, pero si hay default eso va a ser muy modesto. Podría haber algún registro interanual positivo en el primer semestre, si el mundo encuentra alguna solución para la pandemia en el segundo semestre de este año.

-Para que se dé una recuperación y se sostenga, ¿habría que hacer cambios de fondo? ¿Podría haber replanteos, por ejemplo, en cuanto a la dinámica del mercado laboral?

-Con una mirada de mediano plazo, se podría aprovechar esta disrupción para ver la posibilidad de reformas estructurales, aunque me parece que en las que yo creo, el Gobierno no cree... En lo laboral se dio alguna flexibilización y habrá que ver si queda un espacio de colaboración entre sindicatos y empresas para ir a un sistema más moderno.

-En materia impositiva, ¿qué considera que se podría hacer ahora?

-Yo veo que se está yendo para el lado que no hay que ir, queriendo sacar el ajuste por inflación de los balances, por ejemplo. El problema de hacer una reforma es que estás con déficit fiscal. Se dice que se paga poco impuesto a la propiedad, por ejemplo, y eso es falso, porque acá se paga a nivel de Nación, de provincias y de municipios. Acá, impuesto que ves es impuesto que es alto, porque está financiando algo que está por encima de lo razonable. La verdadera reforma es bajar el peso del Estado en la economía y eso permitiría sacar impuestos malos. En cuanto al impuesto a los ricos, es una idea que parte de una desconfianza generalizada hacia empresarios o hacia gente que ahorró y tiene recursos; se puede tratar de lograr que la gente que tiene plata ayude, pero poniendo no palos sino zanahorias.

-¿Qué se puede hacer para reducir en todo lo posible el efecto en el nivel de pobreza?

-Si la salida termina siendo con aceleración de la inflación, eso afecta más a quienes están en la pobreza. Por eso hay que ser cuidadosos en lo fiscal. Lo que se gasta tiene que estar asociado a sostener ingresos de los que han tenido caídas. Por ejemplo, Santiago Levy [economista mexicano, exvicepresidente de Sectores y Conocimiento del BID] escribió sobre cosas que no se tienen que hacer, y una de ellas es aumentar las jubilaciones, porque ese sector va a seguir teniendo sus ingresos; acá lo primero que hicieron fue la asignación de hasta $3000 para jubilados. Como no hay tantas balas, hay que ser específico y focalizar; por eso digo también lo de los salarios del empleo público. Hoy se emite más y ahora no duele tanto, pero después eso va a pasar la factura.

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