Dos argentinos: arrancaron con casi nada y ahora tienen 14 tiendas en Europa
Arrancaron en 2002 vendiendo cinturones en España y ahora son una marca reconocida de indumentaria
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Vale Cuatro es una marca de indumentaria que nació con una inversión inicial de US$1600 del entusiasmo de dos argentinos que se conocieron por intermedio de un amigo en común; ambos estaban en Madrid. Hoy fabrican unas 280.000 prendas anuales, cuentan con 14 tiendas propias (sumarán dos más este año y tienen una en Nueva Jersey), venden a 90 mayoristas multimarcas (están en cuatro locales de El Corte Inglés, cifra a punto de ampliarse) y llegan a clientes de Inglaterra, Guatemala y Kuwait.
Los socios son Rodolfo Marchisio, nacido en Azul y contador público, quien entre 2000 y 2001 iba a España como director financiero de Boomerang, y Juan Rodríguez Villar, de Buenos Aires, a quien habían despedido de su trabajo en 2001. Un miércoles de octubre le propuso a su novia: “Nos casamos y nos vamos a vivir a España”. En enero de 2002 ya estaban instalados en Madrid.
En una charla, Rodríguez Villar le contó a Marchisio la idea de importar cinturones de cuero de la Argentina y decidieron hacerlo juntos. “Por la edad y las obligaciones, no teníamos mucho que perder”, dicen. El momento era bueno por la devaluación del peso en la Argentina. Comenzaron concentrándose en el mercado ecuestre.
“Sabíamos que no podíamos poner un local, así que empezamos alquilando stands en ferias y torneos; con la primera plata compramos una furgoneta y empezamos a recorrer Europa -cuenta Rodríguez Villar-. Recorríamos Portugal, Francia, Italia, Alemania, todo. Nos iba muy bien y vimos que ese nicho funcionaba”.
Coinciden en agradecer a los dueños de la talabartería Arandú, Isabel y Mario: “Confiaron, nos dieron financiación, fueron un pilar importante para nosotros”. Aunque empezaron en el 2002, recién en 2004 registraron la marca. Esos primeros años eran “productos argentinos”. Fueron sumando algunos productos más de cuero y en el 2005 comenzaron con chombas, buzos y camisas.
La primera partida de camisa la produjeron en la Argentina, después lo empezaron a hacer en Portugal, donde no exigían grandes cantidades y tienen buena calidad y, desde fines de 2006, producen en Asia.

Al inicio, el 95% de la ropa era ecuestre, pero con el tiempo la línea rotó y hoy ese segmento ronda el 30% y el resto es clásica. “Se puede entrar a un local desnudo y salir vestido”, grafican los socios a LA NACION. Los problemas para importar desde la Argentina hacen que las compras de cinturones se concentren en dos operaciones al año.
Cuando arrancaron hacían unas 40 ferias al año, ahora se concentran en unos tres eventos, de los cuales los seguros son la final española de los caballos de pura raza y la del torneo de polo de Cadiz.
Un activo que remarcan los fundadores de Vale Cuatro es que tenían “claro” lo que querían. “Decidimos enfocarnos y resolvimos que ‘o lo hacíamos bien o no lo hacíamos’. Al comienzo ganábamos menos con el sueldo nuevo que con lo que veíamos haciendo, pero estábamos convencidos de que había un nicho para el negocio”.
Antes de fabricar vendían indumentaria de otras marcas; la propuesta de una “muy conocida” de convertirse en su máster franquicia en Europa los hizo sentarse a debatir el futuro. “Preferimos no depender de una marca; optamos por no hacer más nada con ellos y comenzar con un par de productos nuestros”, relatan.
Repasan que, a la hora de crear una marca, o se cuenta con recursos o se tiene una estrategia de negocios clara. “De lo primero, no teníamos, así que avanzamos en posicionarnos yendo a todos los concursos buenos y dándonos a conocer”. Apuntaron a prendas “muy diferenciables, con mucho parche y números que entonces no eran tan fáciles de encontrar en el mercado. Buen producto, diseño, calidad y precios accesibles fueron la clave”.

El nombre Vale Cuatro surgió después de estar un tiempo buscando en diccionarios gauchos y de pueblos originarios. Tenían en claro que buscaban un concepto vinculado a lo que los identificaba, el cuero, lo argentino. En Buenos Aires y charlando con el amigo en común que los había conectado, empezaron a jugar con “quiero vale cuatro”.
“Era un chiste, pero buscamos y significa ‘lance con el que se ganan puntos en el juego de cartas’ -describen-. No estaba registrado, así que nos decidimos. El logo es ese cuatro invertido que es asimilable a la marca de la yerra del ganado”, concluyen.
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