El gasto público: cómo evolucionó en el país y por qué influye en nuestras vidas

Santiago Bulat
Santiago Bulat PARA LA NACION
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9 de febrero de 2020  

1- Definición. El gasto público hace referencia a todas las erogaciones que tiene el Estado. En nuestro país, el gasto consolidado se enmarca en sus tres poderes: nacional, provincial y municipal. El criterio más válido para definir cuál es la incidencia del sector público en la economía de un país es evaluar cuál es el peso del gasto público en términos del producto bruto interno (PBI). La participación del Estado en la economía ha avanzado en el mundo en general a lo largo del siglo XX. Para ponerlo en perspectiva, el tamaño del gasto del Estado pasó de representar 10,8% en 1870 a 45% en 1996.

2- ¿Sirve? . El gasto del Estado no tiene por qué responder a una connotación negativa ni positiva. La determinación de ejecutar gastos se define en base a la decisión de los gobernantes, que surgen de las necesidades de la sociedad, que son quienes eligen a sus representantes. Durante el siglo XIX las funciones del Estado estaban limitadas a la provisión de la defensa, la seguridad, la justicia y ciertas inversiones en infraestructura. Durante el siglo XX, el rol del Estado fue mutando, ampliando la gama de bienes y servicios y extendiendo la cobertura de los servicios sociales. En varios casos incluso los amplió, a través de empresas públicas, a la producción de servicios residenciales, de energía y hasta de bienes industriales. Las erogaciones del Estados pueden categorizarse en cuatro grandes categorías. La primera es el consumo público: los gastos destinados a la compra de bienes y servicios, insumos o gastos en personal. La segunda, la inversión pública, gastos del Estado que aumentan el stock de capital de la economía. Tercero, las transferencias, es decir, los pagos que van directamente a los hogares como jubilaciones, pensiones o programas sociales. Y, por último, se encuentran los pagos de deuda.

3- Por estas tierras. Analizando el gasto consolidado de nuestro país podemos notar que desde 1970 hasta el año 2000 el gasto público estuvo en torno al 28%, lo que parecía ser entonces el gasto estructural del país. Sin embargo, el nivel de erogaciones ascendió en pocos años y alcanzó su máximo en 2015, cuando fue cercano al 43% del PBI. El principal incremento se dio en el ítem de subsidios económicos, cuya participación en el PBI aumentó en 5 puntos. Le siguió el gasto en personal, cuya suba fue de 4,8 puntos del producto. La seguridad social evidenció un avance de 4,7 puntos. En cuarto lugar, las transferencias a las provincias crecieron 2 puntos, seguido de la inversión real, que creció más de 1 punto y, por último, el gasto en bienes y servicios lo hizo en poco más de medio punto. En 2019, el gasto consolidado se ubicó en torno a 41,5%: 21,9% de la Nación, 16,2% de las provincias y 3,4% de los municipios.

4- Los límites. El gasto es parte de la demanda agregada. Es uno de los factores que incrementa el total del PBI cuando crece. Sin embargo, si todo fuese tan sencillo, adjudicar gastos al Estado sería la solución ante las necesidades de crecimiento de todos los países. Pero esto tiene su contrapartida en la presión tributaria, dado que los ingresos estatales se sirven de los aportes de los contribuyentes. Un gasto público elevado implica pagos de impuestos más altos. Es por ello que, de una presión tributaria cercana al 20% del PBI en los años 90, se pasó a una del 32% en el año pico (2015), lo cual ubicó a la Argentina en el podio de los países de América Latina (solo estuvo por debajo de Cuba y de Brasil).

5- Equilibrio. En la economía, cada decisión que se lleva adelante a nivel fiscal e impositivo estará generando un (des)incentivo en algún otro segmento, porque se elige a quien beneficiar. Redefinir el rol del Estado es tan prioritario como definir el peso que en tiene nuestro país para que las expectativas de beneficio que perciben los contribuyentes y los recursos que provee el Estado no convivan en constante conflicto.

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