Fax, VHS y tarjetas telefónicas: los productos que ya no existen, pero que todavía están en la vieja encuesta del IPC
La postergación del nuevo índice mantiene vigente una medición basada en patrones de gasto de hace más de dos décadas, con sustituciones técnicas pero sin una actualización integral de bienes y ponderaciones
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La decisión del Gobierno de Javier Milei de postergar nuevamente la actualización del Índice de Precios al Consumidor (IPC) —prevista originalmente para enero y basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (Engho) 2017/2018— dejó vigente una medición que continúa apoyándose en patrones de consumo relevados hace más de dos décadas.
Aunque el IPC actual incorporó cambios metodológicos en los últimos años, la estructura de la canasta sigue respondiendo, en buena medida, a la Engho 2004/2005. Eso implica que algunos bienes y servicios hoy marginales —o directamente desaparecidos— continúan influyendo en la medición, mientras otros consumos más recientes no fueron plenamente incorporados.
En la canasta asociada a aquella encuesta figuraban rubros hoy prácticamente en desuso, como tarjetas telefónicas, telefonía fija como servicio central, fax y accesorios, contestadores automáticos, disquetes, CD y DVD vírgenes, cintas de video y VHS, alquiler de películas físicas, revelado de rollos fotográficos, telegramas y otros servicios postales tradicionales.
Se trataba de consumos habituales a comienzos de los años 2000, pero que fueron desplazados por la digitalización, el avance de internet, la telefonía móvil y las plataformas de streaming.

Desde el Indec explican que la presencia —o ausencia— de estos bienes en el IPC no responde a una decisión discrecional, sino a una restricción metodológica: no es posible seguir precios de productos que ya no existen en el mercado o que dejaron de tener transacciones observables. “Todos los IPC admiten sustituciones”, señalan en el organismo. Cuando un bien desaparece o cambia sustancialmente, se aplican métodos de ajuste de calidad, que van desde el reemplazo directo por un producto comparable hasta imputaciones indirectas o encadenamientos, según el caso. Si el producto desaparece por completo, su ponderación puede redistribuirse dentro de una agrupación superior hasta que una nueva encuesta de gastos permita redefinir la canasta.
Ese mecanismo explica por qué muchos de los rubros asociados a tecnologías obsoletas dejaron de relevarse en la práctica, aun cuando el esquema general de consumo no se haya actualizado. Al mismo tiempo, otros bienes y servicios que ganaron peso en los hábitos de los hogares —como el streaming, las plataformas digitales o ciertos formatos de consumo— no fueron incorporados plenamente porque no formaban parte de la estructura de gasto de 2004/2005.
El Indec no publica la canasta detallada del IPC por razones de secreto estadístico, dado que podría alterar el comportamiento de precios y comprometer la calidad de la medición.
Según un informe de Martín González-Rozada, director de la Maestría en Econometría de la Universidad Torcuato Di Tella, una canasta construida con la Engho 2017/2018 incluiría bienes y servicios cuyos precios hoy no se relevan -servicios de streaming o cápsulas de café, entre otros-, precisamente porque no estaban presentes en la encuesta anterior. A la inversa, productos como disquetes, CD-ROM o el alquiler de películas dejaron de integrar la canasta porque desaparecieron entre ambos relevamientos. Aun así, con la información pública disponible, ese esquema permitiría actualizar al menos los ponderadores por división y región.

Ese punto es clave: la actualización del IPC no implica solo cambiar productos, sino también modificar el peso relativo de cada rubro en el índice. Un trabajo reciente de la consultora LCG, que recalculó la inflación utilizando los ponderadores de la Engho 2017/2018, muestra cambios significativos en la estructura del gasto: pierden peso los alimentos y la indumentaria, mientras ganan participación vivienda, transporte y comunicación, en línea con la recomposición tarifaria y los cambios en los hábitos de consumo.
“En la ventana de tiempo que va desde diciembre 2023 hasta diciembre 2025, la inflación minorista medida con los ponderadores actualizados sería 14 puntos porcentuales superior: 200% contra 186%”, estimó LCG.
El ministro de Economía, Luis Caputo, defendió este miércoles la decisión oficial de no avanzar con el nuevo índice. “Tanto el Presidente como yo no estábamos de acuerdo técnicamente con cambiar el índice. Hay que comparar peras con peras o manzanas con manzanas”, sostuvo. Según explicó, la encuesta en la que se basa el nuevo IPC “no es de ahora, es de 2017-2018”, y entre ese período y la actualidad “hubo una pandemia y cambiaron muchos patrones de consumo”. En ese marco, afirmó que el Gobierno prefiere completar el proceso de desinflación con la medición vigente y luego avanzar en una nueva encuesta de gastos que refleje los hábitos actuales.
Así, el retraso en la actualización del IPC mantiene vigente una medición que convive con sustituciones y ajustes técnicos, pero sin reflejar plenamente cómo cambiaron los consumos de los hogares argentinos en las últimas dos décadas, un debate que vuelve a ganar centralidad en un contexto de desaceleración inflacionaria y fuerte corrección de precios relativos.
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