Mercosur-Unión Europea. Qué es un tratado de libre comercio, para qué sirve y cuáles son los peligros

Reducen o eliminan barreras arancelarias y paraarancelarias del comercio entre dos o más países o bloques
Reducen o eliminan barreras arancelarias y paraarancelarias del comercio entre dos o más países o bloques Crédito: Shutterstock
Sofía Terrile
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28 de junio de 2019  • 13:46

Empobrecedores o impulsores del desarrollo, la historia de los tratados de libre comercio (TLC) se escribe desde veredas opuestas según la ideología de quien los mire. La definición en la que los expertos se ponen de acuerdo es que un convenio de este tipo es un instrumento legal, que puede ser bilateral o de más partes y tiene como objetivo facilitar el intercambio de bienes, servicios e inversiones entre los países o los bloques firmantes a través de la eliminación o rebaja de aranceles y trabas paraarancelarias, como las normas fitosanitarias.

Un TLC profundiza el proceso de integración de dos o más economías y, una vez que las partes suscriben, se convierte en obligatorio. A este instrumento de política comercial lo negocian los gobiernos. Lo que busca (o debería buscar) cada una de las partes es que salgan favorecidos los sectores más fuertes de su economía.

En un artículo de la Web del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo de Perú, el gobierno resume las ventajas que traen los TLC: "Permiten reducir y en muchos casos eliminar las barreras arancelarias y no arancelarias al comercio; contribuyen a mejorar la competitividad de las empresas (dado que es posible disponer de materia prima y maquinaria a menores costos); facilitan el incremento del flujo de inversión extranjera al otorgar certidumbre y estabilidad en el tiempo a los inversionistas", explica.

Según el mismo texto, también "ayudan a competir en igualdad de condiciones con otros países que han logrado ventajas de acceso mediante acuerdos comerciales similares, así como a obtener ventajas por sobre los países que no han negociado acuerdos comerciales preferenciales; y, finalmente, fomentan la creación de empleos derivados de una mayor actividad exportadora".

Para Pablo Furnari, director general del Programa Primera Exportación y especialista en marketing internacional, las ventajas son principalmente para consumidores y algunas empresas. "Una vez firmado un TLC, tienen mayor oportunidad de conseguir productos o insumos que en el mercado local suelen ser más caros", resalta.

Sin embargo, cada TLC suele tener ganadores y perdedores. "El riesgo grande que se corre es la desprotección de las industrias locales, cuya producción es reemplazada por la importación", indica Furnari. Los sectores de menor competitividad de cada país podrían verse afectados por el ingreso de productos de las demás naciones firmantes.

"Lo que suele hacerse en estos casos es que en aquellos sectores más sensibles se aplica un cronograma de desgravación arancelaria mucho más largo para que puedan ir adecuándose a la nueva situación de libre comercio", explica Jorge Lucángeli, director de la maestría en Relaciones Económicas Internacionales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Un acuerdo de libre comercio también podría complicarse si hay mucha diferencia en el desarrollo económico de las partes. El académico recomienda el trabajo del economista Anthony Venables, que demostró en un paper llamado Ganadores y perdedores de un acuerdo de integración que en un tratado entre naciones en estadíos diferentes, la que gana es la que tiene el desarrollo industrial relativo más alto.

Por otro lado, un escenario posible luego de la firma de un TLC es la migración de empresas de un país firmante hacia otro. Eso fue lo que sucedió con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre Canadá, Estados Unidos y México: muchas empresas estadounidenses se mudaron a suelo mexicano porque encontraban allí mano de obra más barata y porque, después del acuerdo, podían seguir accediendo a su mercado de origen sin problemas, dice Furnari.

El caso argentino

Países como Argentina y Brasil tienen índices de participación del comercio internacional en sus economías que equivalen apenas al 60% del promedio mundial, detalla Marcelo Elizondo, de la consultora DNI. Además, la Argentina tiene un stock de inversión extranjera que implica solo 3,5% del total hundido en América Latina, dice.

La Argentina cuenta con "apenas 12 países/mercados socios comerciales en el mundo a los que accede gracias a acuerdos de apertura comercial recíproca", explica. En la región hay países con alto grado de asociación comercial, como Chile (con 56 países socios), México (con 50), Colombia (con 35 socios), Venezuela (con 29) y Perú (con 15). A la vez, hay otros con un nivel menor de asociación internacional como nuestro país (cuenta con 12 socios surgidos de acuerdos de asociación comercial), Brasil (11 socios), Uruguay (11), o Paraguay (9). "Nuestras empresas, así, compiten en desventaja ante vecinas", dice.

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