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En los últimos años se está dando una nueva carrera espacial,ya no entre estados sino entre empresarios para ver quiénes son los primeros en desarrollar un negocio sustentable más allá de los confines de la Tierra. Y ya empiezan a verse algunos ejemplos bastante concretos.
Jeff Bezos , el dueño de Amazon y hombre más rico del mundo con una fortuna de US$160.000 millones, invierte US$1000 millones anuales en Blue Origin, la compañía aeroespacial con la que quiere abaratar el costo de los viajes al espacio. Otra empresa que pretende hacer lo mismo es Spacex, de Elon Musk , el creador de PayPal y Tesla, que es dueño de una fortuna de US$26.000 millones. Tampoco quiso quedarse afuera de esta tendencia Richard Branson, el dueño de Virgin Group, quien creó Virgin Galactic, que trabaja en el desarrollo de vuelos comerciales suborbitales para turistas.
Algunas industrias terrestres también empiezan a mirar a las estrellas. Por ejemplo la minería, que pone los ojos en los asteroides, ricos en minerales como oro y platino. Pero también contienen un elemento más valioso que los metales preciosos: el agua, que puede usarse no solo para sobrevivir sino también para crear combustible que las diversas naves pueden usar para continuar su viaje. Por eso se dice que los asteroides serán las estaciones de servicio del espacio.
Aunque el turismo espacial ya existe hace varios años (un viaje a una estación espacial cuesta entre US$20 y US$40 millones), ahora también llegó la hora de los desarrolladores de servicios de hospitalidad. Por ejemplo, el hotelero estadounidense Robert Bigelow, que empezó a fabricar módulos expansibles para estaciones espaciales capaces de albergar tanto a astronautas como a turistas de lujo.
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