Quiénes son y qué hacen los mecenas del Siglo XXI

Alicia de Arteaga
Alicia de Arteaga PARA LA NACION
El Malba es un ejemplo del papel que juegan los nuevos mecenas como Eduardo Costantini
El Malba es un ejemplo del papel que juegan los nuevos mecenas como Eduardo Costantini
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18 de julio de 2020  • 01:20

Cayo Plinio Mecenas fue un noble romano de origen etrusco, consejero de Augusto y benefactor de Virgilio y de Horacio. Pasó a la historia como protector de las artes y dio nombre a un modelo de filantropía que tuvo un desarrollo fenomenal en los Estados Unidos donde los presupuestos culturales son magros y los proyectos ambiciosos. La madre de David Rockefeller fundó el MoMA, en 1929, en su casa de la calle 53, una tarde después de tomar el té con sus amigas. No hace falta decir lo que ha sido y es el MoMA para los artistas y para Nueva York.

En las paredes del MET de la Quinta Avenida están grabados los nombres de los mecenas que "hicieron" el Metropolitan: los Mellon, Havemeyer, Vanderbilt, Wrightsman, Petrie y compañía; millonarios beneficiados también por exenciones impositivas que estimulan la filantropía. Estos ricos norteamericanos son para el museo neoyorquino lo que los borbones al Prado. En los Estados Unidos no hay colecciones reales.

Tampoco en la Argentina. El modelo de mecenazgo tiene entre nosotros un ejemplo cabal en el Museo Nacional de Bellas Artes, fundado en 1896 por el crítico Eduardo Schiaffino, cuyo patrimonio es fruto de donaciones privadas como Guerrico, González Garaño, María Luisa Bemberg y Antonio y Mercedes Santamarina, entre muchos otros.

En el siglo XXI, la ciudad de Buenos Aires recibió las llaves de dos museos privados impulsados por mecenas de celebrada generosidad como Eduardo Costantini y Amalia Fortabat. El Malba fue inaugurado en 2001, meses antes de lo que fue por años la peor de las crisis. La de ahora, Covid-19 mediante, será peor, según pronostican los economistas.

En 2008 Amalia Lacroze de Fortabat, escoltada por Susan Segal y Alfonso Prat Gay, hizo pública su colección privada en un edificio proyectado por el arquitecto uruguayo Rafael Viñoly. en ambos casos, el punto de partida fue la colección personal. Un acervo de arte moderno latinoamericano reunió el developer y financista Eduardo Costantini, con obras icónicas de Frida Kahlo, Tarsila do Amaral y Diego Rivera.

Amalita, como poderosa empresaria de la industria del cemento, formó una colección de arte universal con fuerte acento argentino, centrada en su propio gusto. La piedra de toque será siempre el Turner, Julieta y su niñera, comprado en Sotheby's Nueva York al récord de US$ 7 millones. Noticia que llevó a la "dama de blanco sudamericana" a la tapa de The New York Times.

El modelo de mecenazgo actual ha cambiado de objetivo: ahora no son las obras sino los artistas en plena producción. Fondos destinados al desarrollo, visibilidad y sostén de sus carreras.

La coleccionista Erica Roberts, miembro del board de la Tate Modern de Londres, lleva adelante el programa Flora, en Colombia, con el curador José Roca y en Buenos Aires financia Móvil un espacio de arte no convencional con curaduría de Solana Molina Viamonte y Alejandra Aguado.

El caso más difundido en la actualidad, por el alcance del programa, son la Becas de Viaje instituidas por el empresario Alec Oxenford (OLX, ex presidente de arteBA) creadas para conectar a los artistas locales con el mundo.

Dada la situación actual de cielos cerrados, Oxenford lanzó el programa de Becas Extraordinarias destinadas a artistas golpeados por la crisis. Son 60 becas de 100.000 pesos cada una.

En la misma dirección, la Fundación Alfonso y Luz Castillo (reconocidos mecenas de la fotografía), abrió la convocatoria para 30 becas de 60.000 pesos cada una, destinadas a artistas en estado vulnerable. Los tiempos extraordinarios exigen reacciones extraordinarias.

Haciendo memoria, el último gran aporte privado al Museo Nacional de Bellas Artes fueron los 200.000 dólares donados por la Fundación Antorchas a fines del siglo XX, quedará en la memoria como el último gesto de la fundación creada por el empresario Paul Hirsch, formidable mecenas cuyos fondos parecían eternos, y, de pronto, se esfumaron sin que nunca se supiera bien cómo y por qué.

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